ENTRE TODOS

Jóvenes y covid-19: Clases a distancia, nervios y un futuro incierto

Cinco estudiantes catalanes de segundo de Bachillerato de diferentes centros educativos inmersos en las medidas anticovid comparten experiencias, reflexiones e inquietudes

Selectividad en el año del covid. ¿Cómo se sienten los jóvenes?

Se lee en minutos
Luis Benavides
Luis Benavides

Periodista

ver +

Relacionarse a través de las pantallas está a la orden del día, sobre todo entre los más jóvenes, más si cabe ahora con la crisis del covid-19. Las clases a distancia se impusieron en los institutos, con una presencialidad casi anecdótica durante el inicio de la segunda ola, con el objetivo de reducir al máximo la posibilidad de contagio. Para saber cómo llevan este curso sin precedentes, el primero totalmente marcado por la pandemia, EL PERIÓDICO ha reunido virtualmente a cinco estudiantes catalanes de segundo de Bachillerato que habían querido compartir sus experiencias a través de cartas enviadas a esta sección.. 

Los cinco convocados frente a la pantalla alternan actualmente clases presenciales y virtuales, y todos llevan con resignación esta nueva -y obligada por las circunstancias- modalidad de aprendizaje. “Prefiero las clases presenciales, pero si hay que parar esto se tiene que poner en marcha un modelo semipresencial cuanto antes”, explica uno de los participantes, Álvaro Cano, estudiante de la escuela Sagrada Família (SAFA) de Gavà, que actualmente va cuatro días a la semana al instituto y el quinto sigue las clases desde casa. 

Cano, de 17 años, echa de menos la metodología de aprendizaje de la llamada ‘vieja normalidad’. Con todo, en muchas aulas se ofrece una suerte de retransmisión en tiempo real de las clases magistrales.  “Prefiero antes la clase ‘on line’ más parecida a la presencial, donde el profesor explica el temario (a cámara), que recibir las tareas a realizar con pocas explicaciones”, subraya este alumno de bachillerato social y futuro estudiante de Humanidades de la Pompeu Fabra.  

"Prefiero la clase 'on line' más parecida a la presencial, donde el profesor explica el temario, que recibir las tareas a realizar con pocas explicaciones"

Álvaro Cano

Sagrada Família de Gavà

En el colegio de una de las participantes, Alda Vila, alumna del Institut de Vic, han colocado cámaras en todas las aulas para poder seguir las clases. En su centro educativo, de titularidad pública, han alternado una semana de clases presenciales y otra, a distancia “Cuesta más ponerse desde casa, como que da más pereza”, confiesa Alda, que estudia el bachillerato científico-tecnológico y quiere hacer la carrera de química o alguna ingeniería. Ella, como sus compañeros, valora el esfuerzo del profesorado para ponerse al día y resolver las dudas que van surgiendo durante el curso. Hay excepciones, claro está.  “Me dan rabia los profes que pasan de ti –asegura Alda-, que también los hay. Se olvidan de los que estamos en casa”.

Eso también desespera a Carla Marcos, estudiante de segundo de bachillerato científico en la Escola Pia Sant Antoni, en el Eixample de Barcelona. “Con media clase confinada y otra media no, algunos profesores solo hacían caso a los que estaban en el aula”, asegura Carla, quien agradece el trabajo extra de algunos de sus profesores para adaptar su temario a la docencia en línea. “Una profesora, desde el primer momento que nos confinaron, hizo unas presentaciones en Power Point para que fuera más visual”, recuerda la joven, que necesita una nota alta este curso y en las pruebas de acceso a la selectividad que tendrán lugar el próximo mes de julio para entrar en los grados de biotecnología o ciencias biomédicas. “Me preocupa bastante este tema, pero estamos en el primer trimestre. Poco a poco”, suelta.

"Me preocupa bastante la selectividad, pero estamos en el primer trimestre. Poco a poco"

Carla Marcos

Escola Pia Sant Antoni de Barcelona

La tensión, con los exámenes finales y las notas de corte sobrevolando sus cabezas, se respira en las aulas. En la misma línea, Alda explica que un día “tres amigas se pusieron a llorar en plena clase”. “Hay muchos ataques de ansiedad y es una cosa que se normaliza, como si fuera lo más normal del mundo, cuando no lo es”, añade la joven, que afirma estar “saturadísima” y con muchas ganas de “ir a la universidad y estudiar solamente lo que quiero”.

"Hay muchos ataques de ansiedad (en las aulas) y es una cosa que se normaliza, como si fuera lo más normal del mundo"

Alda Vila

Institut de Vic

Los cinco quieren que pasar pantalla cuanto antes y pisar, literalmente, la facultad. No quieren empezar el ansiado grado desde casa. “Espero que para cuando vayamos a la universidad todo esto cambie. Tengo esperanza en las vacunas”, explica Daniel Fernández, estudiante del Instituto Fert, en el barrio de Sant Gervasi-La Bonanova. Él intenta hacer “vida normal” pero respetando siempre  “todas las normas que el Gobierno ha impuesto”. Asegura que ha reducido al máximo los encuentros con sus amigos. Carla está de acuerdo. “Tampoco podemos morirnos de asco en casa. Tienes que estudiar, esforzarte, pero es bueno salir un rato y relajarse”, asegura la joven estudiante de bachillerato científico.   

"Espero que para cuando vayamos a la universidad todo esto cambie. Tengo esperanza en las vacunas"

Daniel Fernández

Instituto Fert

Los participantes han aceptado con estoicismo todas las restricciones impuestas por las diferentes administraciones para controlar la expansión del virus. Con todo, estas medidas excepcionales en tiempos excepcionales han abierto los ojos de unos jóvenes a punto de cumplir la mayoría de edad. “Votaré a quién dé más medios para Educación y Sanidad, y no a los partidos que han estado recortando. Me parece totalmente inviable seguirles votando”, afirma con rotundidad Lander Ferraro, alumno del Institut Icària de Sant Boi de Llobregat. Él no ha perdido la esperanza en la clase política. Nada que ver con Álvaro, que cree que no votará porque  los políticos han demostrado «pasarse por el forro sus promesas» , o Alda, que ha perdido su fe en la clase política. Lander, de ideas progresistas y afín al partido socialista, les responde. “Yo iré a votar porque creo que es importante. Si no voy yo, lo harán otros y al final yo quiero que se vean representadas mis ideas”, añade Lander. Carla comparte esta opinión: "Cada uno que vote a quien quiera, pero votar a partidos que han estado recortando en cosas que ahora vemos que son tan importantes no tiene ningún sentido ni futuro", remacha.

Lander se autodefine como “una anomalía” entre sus compañeros, pues devora diarios y escucha informativos en la radio. El resto se informa principalmente a través de las redes sociales. Todos critican la imagen que se ha dado en los medios de la juventud, como insolidaria e irresponsable. Alda niega la mayor: “La responsabilidad no tiene nada que ver con la edad. Hay grupos de jóvenes irresponsables, como también hay grupos de adultos irresponsables”. Carla asiente y pone un ejemplo: “Me da bastante rabia porque hay irresponsables de todas las edades. Vas por la calle y ves parques con muchos niños, cuando los padres podrían procurar ir a sitios con menos gente. Deberían vigilar”.

Noticias relacionadas

"Votaré a quién dé más medios para Educación y Sanidad, y no a los partidos que han estado recortando"

Lander Ferraro

Institut Icària de Sant Boi de Llobregat

Ante una hipotética fiesta ilegal, ninguno acudiría. Saben qué está en juego. Varios conocen a personas que han sido ingresadas en el hospital con el virus. Carla perdió a su abuelo el pasado mes de mayo. Lamentan que algunos compañeros tengan serios problemas para renunciar a una invitación de este tipo. Entienden que la presión social y sobre todo las ganas de disfrutar con la pandilla después de tantos meses pesan mucho. “Es cierto que hay gente de mi edad que hace caso omiso a las restricciones, que se bajan la mascarilla para hablar en clase, reutilizan mascarillas de usar y tirar… Gestos que no parecen importantes pero que hacen que este virus no pare de crecer”, sostiene Álvaro, que asegura que “cuando acabe todo esto” valorará "tener más libertad". El resto asiente con sonrisa cargada de ilusión. Cada día que pasa falta un poco menos para recuperar su vida prepandemia, o algo bastante parecido.