23 oct 2020

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CESE DE ACTIVIDAD FORZOSA

Los restauradores responden al Govern: "Nos están haciendo responsables de la irresponsabilidad de otros"

La prohibición de servir comidas en bares y restaurantes catalanes durante las dos próximas semanas pone en jaque a un sector en apuros desde el inicio del estado de alarma

Luis Benavides

Romina Carrá, encargada del bar restaurante Menáge à Trois, en Ciutat Vella

Romina Carrá, encargada del bar restaurante Menáge à Trois, en Ciutat Vella / MANU MITRU

Los bares y restaurantes de Catalunya vuelven a pagar buena parte de la factura del covid-19. Durante 15 días deberán dejar de servir desayunos, comidas, meriendas y cenas; y este cese de la actividad puede ser la estocada final para muchos negocios que empezaban a ver la luz después del desconfinamiento.  “Nos están haciendo responsables de la irresponsabilidad de otros”, explica a EL PERIÓDICO Romina Carrá, encargada desde hace casi 15 años del restaurante Menáge à Trois, situado en el céntrico pasaje de Magarola, a escasos metros de la Rambla. “Entre mayo y junio estuve en casa, sin trabajar, y fue horrible. No cobré el erte hasta agosto y lo viví con bastante angustia, hasta el punto que me vi obligada a dejar de pagar el alquiler de mi piso”, añade Carrá, que poco a poco estaba consiguiendo rehacerse.

En este encantador restaurante del distrito de Ciutat Vella no bajarán la persiana del todo. Se acogerán a la posibilidad de ofrecer comida para llevar con cita previa para sus clientes habituales. Eso sí, una de las tres empleadas actuales irá (otra vez) directa al erte. “Sin el turismo ya estábamos facturando la mitad, pero si se alarga mucho más de 15 días no sé qué haremos”, se pregunta Carrá, que pese a todo no pierde la sonrisa. La cocinera y ella prepararán un menú del día de urgencia para llevar cuya aceptación está por ver. “No sabemos si funcionará. Me temo que la gente de las tiendas y oficinas de la zona nos pedirán más cafés y bocatas, pero vamos a intentarlo”, añade la encargada.

Pedidos al día

Miles de personas del sector de la restauración son los principales damnificados por el paquete de medidas anunciado este miércoles por el Govern de la Generalitat ante unas cifras de nuevos contagios elevadísimas con un incremento notable de nuevo del riesgo de rebrote.  Los daños colaterales van más allá de la barra y de las mesas del bar. Si no abren los bares y los restaurantes, tampoco habrá pedidos. “Compramos mucho menos productos que antes, vamos al día –continúa Carrá-, y los proveedores también han empezado a cobrarnos al contado en el momento de la entrega para evitar quedarse con muchas facturas pendientes”.

Lara Zaballa, copropietaria de Norte, en el Eixample de Barcelona / manu mitru

Algunos bares y restaurantes catalanes sobrevivieron al estado de alarma por las ayudas estatales, pero también por sus vecinos y habituales. Es el caso de Norte, un restaurante situado en la calle de Diputació de Barcelona, en pleno Eixample. “Uno de nuestros clientes nos propuso ofrecer unos bonos de prepago para gastar en los próximos cinco años y tuvo muy buena acogida. Conseguimos recaudar unos 7.000 euros. Nos sentimos muy respaldados por nuestro vecindario y es la única parte positiva de todo esto”, cuenta una de las copropietarias del establecimiento, Lara Zaballa. Ese globo de oxígeno solidario, así como la exención de la cuota de autónomos, no fue suficiente.  Hicieron un ere que afectó a su único empleado y necesitaron pedir un préstamo ICO (Instituto de Crédito Oficial).

Medidas de seguridad

Zaballa entiende, en parte, esta medida, avalada por expertos sanitarios y que ya se está tomando en muchos países europeos. “En el teatro no socializas, quizá luego al salir. Pero te sientas, puedes mantener distancias. En un bar o un restaurante te quitas la mascarilla para beber y comer”, admite, si bien tiene una queja para las administraciones. “La mayoría hemos seguido todas las recomendaciones, hemos tomado medidas como ofrecer gel hidroalcohólico y reducir el aforo para asegurar cierta distancia de seguridad, pero he visto muchas terrazas con más de seis personas, que es actualmente el máximo permitido. Y nadie hace nada. No se ha vigilado suficientemente el cumplimiento de estas normas”, añade la otra copropietaria de Norte, María González, "dispuesta a arrimar el hombro" para salir de una crisis sanitaria que arranca con un "desmantelamiento de la sanidad pública", asegura. "Estas medidas son parches. Las autoridades deben reforzar algo tan vital como los servicios de salud, mejorar las condiciones de los sanitarios, que no deben actuar como héroes. Sin una Sanidad Pública fuerte no saldreomos de esta", añade González.

Javier Jiménez, propietario de la hamburguesería La Rambleta, de Santa Coloma de Gramenet / MANU MITRU

El propietario de la hamburguesería La Rambleta, en Santa Coloma de Gramenet, tiene una percepción distinta. “Por un descuido se juntaron más personas en una mesa de la terraza y la policía local nos tomó los datos. A los clientes y a mí. No sé si nos llegará una multa o nos la perdonarán por ser la primera, a modo de advertencia”, explica Javier Jiménez, que no esconde su preocupación por este nuevo cese de actividad. “En breve tocaría renovar el contrato de alquiler y no descarto cerrar y buscarme la vida con un trabajo por cuenta ajena. Tengo que hacer números”, asegura el propietario, con tres trabajadores a su cargo, muy molesto con el laberíntico sistema de ayudas.

El Ejecutivo catalán ha anunciado un fondo de 40 millones en ayudas directas y una línea de avales para facilitar la liquidez a corto plazo. “Si nos cierran, el día siguiente, de manera automática, deberían gestionar las ayudas. Tienen todos nuestros datos. No puede ser tan complicado que necesites ir al gestor, que cobres tan tarde…  En mi caso he tenido suerte porque me ha ayudado la familia y he podido paralizar la hipoteca del piso y otros gastos”, explica Jiménez, que echó de menos un ‘trimestre cero’, exento de pagar impuestos. “No puede ser que no te dejen trabajar pero pagues los mismos impuestos. Recibí unos 680 euros durante tres meses –continúa-, pero si luego tengo que pagar impuestos no me queda casi nada”.

Roger González, propietario de la taberna de barrio Bar Torrente, en Sant Andreu / MANU MITRU

El Bar Torrente lleva abierto desde 1969 en la calle de Parellada de Sant Andreu. En julio de 2019 cogió las riendas del establecimiento Roger González, de 34 años, para darle un nuevo impulso. “Era un bar donde la gente jugaba a dominó, familiar, y lo he transformado en un bar de tapas, una taberna con producto de primera”, explica su joven propietario, muy crítico con las nuevas medidas del Ejecutivo catalán. “La sociedad, en general, se ha portado bien. Quizá al final se relajó un poco, sobre todo los más jóvenes, pero en los bares y restaurante no nos hemos relajado nunca y nos sentimos como los cabezas de turco”, añade González, quien explica que las limitaciones de aforo para un local tan pequeño como el suyo, con apenas seis mesas, ha supuesto un revés importante organizativo y sobre todo económico: “Antes no aceptábamos reservas, la gente iba llegando y llenábamos; pero con el covid y tan pocas mesas hemos tenido que organizar dos turnos con reserva”.  González sospecha que los 15 días se multiplicarán: “Han preferido decir dos semanas, pero me temo que serán muchos más días”.

Todos con los bares: la portada de EL PERIÓDICO de este viernes.