30 sep 2020

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CRISIS SANITARIA

Ancianos: coraje y fragilidad ante el coronavirus

Los ancianos constituyen el principal grupo de riesgo del coronavirus: según datos del Ministerio de Sanidad, el 95,7% de los fallecidos tenía más de 60 años

EL PERIÓDICO se acerca a las historias personales de ocho personas mayores de entre 78 y 96 años para conocer cómo son sus vidas durante el confinamiento

Manuel Arenas

Maria Montserrat, Artur, Maria Àngels y Alfonso, ancianos confinados durante el coronavirus.

Maria Montserrat, Artur, Maria Àngels y Alfonso, ancianos confinados durante el coronavirus.

Los ancianos, sobre todo aquellos que sufren patologías, constituyen el principal grupo de riesgo en la pandemia del coronavirus. Según los datos por edad publicados por el Ministerio de Sanidad, el 95,7% de los fallecidos por Covid-19 tenía más de 60 años. En cuanto al grupo de fallecidos de más de 80 años, la tasa de letalidad (22,4%) dobla la tasa total en España (10,09%).

El confinamiento general decretado por el Gobierno busca romper la cadena de contagios, que es un grave riesgo para este colectivo especialmente vulnerable, como el drama vivido en residencias de toda España muestra.

Muchos ancianos escriben cartas a Entre Todos explicando sus historias. Sienten preocupación, incluso miedo. Algunos están solos. Muchos se hacen compañía entre ellos. Con la experiencia de los años, sus historias también son de vida y resistencia cotidiana.

"Me gustaría llegar a ver cómo acaba la pandemia y cómo se habla de ella en el futuro"

Enric Blasi

86 años (Barcelona, 1933)

"Lo que más echo de menos desde que se decretó el confinamiento son los paseos de cada mañana por Montjuïc y el Tibidabo: yo he sido caminador toda la vida, y ahora lo máximo que puedo caminar es hasta la habitación más lejana. En defecto de mis caminatas, me paso las mañanas escribiendo y escuchando música, canciones que un día pensé que nunca volvería a escuchar. En 2003 me quedé viudo y vivo solo, aunque tres días a la semana viene una señora que me hace la compra y me limpia. Estoy algo preocupado por la salud, porque tengo algunos problemas de coagulación de la sangre; estos días, de hecho, he tenido problemas con la asistencia habitual, aunque ya están resueltos. Yo la pandemia me la tomo como unos días para estar en casa: sólo he cogido un taxi dos veces para ir al médico, y porque me lo puedo permitir, pues pienso en quien no puede. A mi edad ya te tomas la vida de otra manera: cada día que vives pasas el cupo. A veces me pregunto qué me queda por hacer en esta vida. Me gustaría mucho llegar a ver cómo acaba la pandemia y cómo se habla de ella en el futuro; me gustaría que después de esto la gente diera un paso al frente: ¿piensan que no volverá a pasar?".

"Me sabe muy mal por los ancianos que necesitan ver a sus familiares y no pueden "

Roser Riera 

84 años (Barcelona, 1935)

"Actualmente vivo en una residencia de ancianos de Barcelona. Aquí todo el mundo tiene mucho miedo, están aterrados, aunque en la residencia nos tratan bien. Sé que ha habido casos de personas contagiadas e ingresadas, pero yo personalmente estoy bien porque me paso el día lavándome las manos y me hice una mascarilla casera con un pañuelo antiguo y unas gomas, y con eso me dejan salir al pasillo. A pesar del confinamiento, yo sigo saliendo al jardín a darle de comer a los gatos; la puerta está cerrada pero yo pido que me la abran. Los primeros días los pasé con un poco de angustia porque en enero me caí y me partí la boca, pero trato de ser positiva porque si no sería muy angustioso. Ahora no podemos hacer nada: nos obligan a guardar dos metros de distancia, aunque algunos ancianos no lo entienden y yo les digo que no se toquen entre ellos; no nos dejan ir a la enfermería ni a saludar; y, sobre todo, me sabe muy mal por los ancianos que necesitan ver a sus familiares y no pueden porque no se permiten las visitas. En mi caso, mi familia vive muy lejos y no puede venir, así que nos vamos llamando por teléfono a diario".

"Me preocupa por mi cuidadora: si a ella le afectara, a mí mucho más"

Artur Esteban

96 años (Castelldefels, 1924)

"¿Que si me preocupa el coronavirus? ¡Yo estoy de vuelta de todo!: a mis 96 años ya he vivido mucho y si me toca, me toca. Me lo tomo con tranquilidad, no diré con frialdad. Ahora bien, sí que me preocupa mi entorno: tengo hijos, nietos, bisnietos... y de momento no hay nadie afectado, lo cual me tranquiliza. También me preocupa por mi cuidadora, que vive conmigo desde hace 19 años y es susceptible de contagio porque aparte de conmigo ella trabaja con colectivos de riesgo; el otro día la llamaron porque una compañera suya se había contagiado y se negó a ir al trabajo para quedarse conmigo. Si a ella le afectara, a mí mucho más porque solo no puedo hacer nada, ya que voy en silla de ruedas y tengo problemas de vista: la necesito para comer, lavarme la ropa... todo. Reconozco que soy bastante pesimista y, cuando escucho que tenemos 'el mejor servicio sanitario del mundo', me da la risa porque no me creo nada de lo que me dicen los políticos".

Artur Esteban (96 años), confinado en su casa durante el coronavirus. / JOAN CORTADELLAS

"Yo sufro mucho y tengo miedo, por eso cumplo a rajatabla las prescripciones sanitarias"

Maria Àngels Garayoa

94 años (Melilla, 1925)

"Estos días lo estoy pasando muy mal; yo sufro mucho y como todo el mundo tengo miedo de que el virus pueda tocarme a mí, por eso cumplo a rajatabla las prescripciones sanitarias. A nivel de salud tengo Parkinson pero en general estoy bien, y por suerte no tengo familiares ni conocidos contagiados. Actualmente me cuidan dos mujeres, una de las cuales vive conmigo, y me tratan muy bien, siempre con el máximo cuidado sanitario. Durante estos días difíciles voy hablando con mis hijos; lo que más nerviosa me pone del confinamiento es estar en casa encerrada, porque habitualmente soy muy activa y acostumbro a salir o ir al cine, pero espero que de aquí a un mes ya haya pasado lo peor".

Maria Àngels Garayoa (94 años), confinada en su casa de Barcelona durante el coronavirus.

"A mi edad, si sigo vivo es gracias a mi mujer"

Martí Nogué

94 años (Sils, Girona, 1925)

"Claro que el coronavirus no me hace ninguna gracia, no, por eso no salgo de casa desde hace 3 semanas: tengo la suerte de que en mi piso toca el sol por delante y por detrás y no echo de menos la calle, pues tengo un carácter que no es demasiado propenso a hacer nuevas amistades que no necesito: yo ahora mismo lo tengo todo. Sobre todo porque vivo con mi mujer desde hace 65 años: si sigo vivo es gracias a ella; si no fuera por ella, la habría palmado a los 90. A los 84 me detectaron una alteración en el funcionamiento del corazón y a los 60 empecé con temas de próstata, pero pienso que a mi edad tengo que aceptar todo esto como normal; cuando voy al médico y me pregunta cómo estoy, le digo: 'Normal' [ríe]. ¿Mi día a día durante la cuarentena? Leer y escribir, a veces cartas en EL PERIÓDICO. Y voy viendo a mis hijos, de 62 y 58 años".

"En la Guerra hubo mucha destrucción personal: esto se parece más bien a la ciencia ficción"

Maria Montserrat Barenys

89 años (Barcelona, 1930)

"Yo soy de las personas que se saben adaptar a las circunstancias, así que estos días de confinamiento los aprovecho para escribir la biografía de mi padre, a quien la represión franquista anuló totalmente, y lo llevo relativamente bien. Aun así, es cierto que llevo muchos años sola, y por eso agradezco a los voluntarios de Cruz Roja su acompañamiento. ¿Qué me preocupa? La falta de mascarillas, pues pronto debo ir a la oncóloga y temo el riesgo al contagio. En cuanto a comparar el escenario actual con la Guerra... no lo puedo hacer de ninguna manera: en la Guerra hubo mucha destrucción personal, mucho odio y venganza, pero esto se parece más bien a una película de ciencia ficción. ¿Habrá una gran crac económico? Seguramente sí, pero todavía nadie conoce su envergadura".

Maria Montserrat Barenys, en su casa durante el coronavirus. / JORDI RIBOT

"A mis 84 años cuido de mi prima de 95, con quien estoy confinada"

Mercè Ferrando 

84 años (Barcelona, 1935)

"Mi marido murió hace ocho años, y ahora cuido de mi prima de 95 años, con quien vivo y estoy confinada estos días. A pesar de estar entre las edades del principal grupo de riesgo, no estoy muy preocupada porque me encuentro bien, no tengo síntomas y me voy tomando la temperatura a mí y a mi prima, pero sí que estoy alerta y voy preguntando a una doctora amiga. El coronavirus ha cambiado mi vida radicalmente porque normalmente yo tengo una vida muy activa: he mantenido las inquietudes de cuando era catedrática de Lengua y Literatura y voy a sesiones de inglés y francés, voy a conciertos, al gimnasio... pero todo esto ahora lo tengo anulado y procuro adaptarme haciendo gimnasia, leyendo, escribiendo y escuchando música en casa. Es cierto que ahora estás más aislado socialmente, pero de momento no es un gran drama porque voy hablando con amigas por teléfono".

"En el 87 cayó la bolsa y en dos días se recuperó, pero esto se alargará como una peste de la Edad Media"

Alfonso Pons

78 años (Caracas, 1941)

"Ahora llevo unos 9 días sin poner un pie en la calle. ¿Que como lo llevo? Bien, en el sentido de que siempre he sido muy casero y tengo mis cosas que hacer: no tengo ni un minuto para aburrirme. A pesar de la gravedad de la situación, trato de ser optimista y tener sentido del humor, pero confieso que estoy muy preocupado porque preveo que desde el punto de vista económico vamos a estar mal durante mucho tiempo. Yo el crac del 29 no lo llegué a vivir, pero el del 87 lo viví en carne propia [es economista] y creo que de largo esto va a ser mucho peor; esto no es comparable a aquello porque permea a todo el mundo, afecta a millones y millones de personas de todos los países. En el 87 la bolsa cayó y prácticamente dos días después ya se había recuperado: fue una situación mala pero en forma de 'V'. Pero el coronavirus de 'V' no tiene nada: es una 'U' que se alarga, como una peste de la Edad Media".

Alfonso Pons (78 años), confinado en su casa de Barcelona durante el coronavirus. / JORDI COTRINA

"Aprovecho para llamar a amigas que están solas, sin familia"

Mª Antonia García 

89 años (Barcelona, 1930)

"Antes del coronavirus sólo bajaba a la calle para ir a misa, y ahora ni eso. Desde el viernes anterior al estado de alarma no salgo de casa: tengo a mi marido con 97 años y mis dos hijos en casa, y aprovecho para rezar, coser, leer y escribir mucho; tengo muchas inquietudes. Estos días aprovecho para llamar a amigas, una de ellas en una residencia, que sé que están solas, sin familia, y nos distraemos. Así pasamos el tiempo: yo tuve un infarto hace 10 años y aquello fue el primer aviso, ahora estoy en la prórroga. Como mi marido no tiene movilidad, antes venía una chica a cuidarle, pero con el confinamiento ha tenido que dejar de venir y ahora se encargan mis hijos. Si hacemos bondad, confío en que a finales de mayo estemos más tranquilos".