30 sep 2020

Ir a contenido

PERIODISMO CON EL CIUDADANO

Otilia Agustina, 94 años: "Rezo cada día para que todos se curen como yo"

La anciana de Santa Coloma de Gramenet reposa en casa tras una dura batalla contra el coronavirus

La familia temió lo peor, pero la bisabuela salió adelante tras 11 días ingresada en el hospital Esperit Sant

Raúl Paniagua

Otilia Augusta saluda con el signo de victoria desde su domicilio en el barrio de Singuerlín en Santa Coloma de Gramenet.

Otilia Augusta saluda con el signo de victoria desde su domicilio en el barrio de Singuerlín en Santa Coloma de Gramenet. / ELISENDA PONS

No vivió la terrible pandemia de gripe que causó más de 50 millones de muertos en todo el mundo entre 1918 y 1920. Le fue de poco. Cinco años después, en 1925, nació Otilia Agustina. Lo hizo en Vallat, un pueblecito de Castellón. En 1950 se casó con Julio, ya fallecido, y puso rumbo a Santa Coloma de Gramenet, donde aún sigue, en el barrio de Singuerlín, en el mismo terreno donde levantaron su primer hogar.

Apasionada del deporte, quién le iba a decir a Otilia que después de vivir 23 Juegos Olímpicos y 21 Mundiales de fútbol (todos los de la historia) le tocaría afrontar el partido más duro de su larga vida. A los 94 años, le llegó la batalla contra un virus que ya acumula demasiados fallecidos en España. El maléfico bicho, en cambio, no pudo con el ánimo y el coraje de nuestra protagonista.

Solo con el pijama

El virus picó a la puerta de Otilia la noche del sábado 14 de marzo, poco después de decretarse el estado de alarma. La fiebre no bajaba y la familia empezó a preocuparse. El domingo ya tuvo que ir al Hospital de l’Esperit Sant. "Mi madre la llevó a urgencias. Iba solo con el pijama. Nada más. Estaba muy malita. La metieron en un box durante ocho horas, le hicieron todo tipo de pruebas. Tuvimos cero contacto con ella los primeros días. Estaba completamente aislada. Solo hablábamos con la doctora del hospital", explica su nieta Noemí Rodríguez.

Otilia Agustina saluda desde el balcón de casa junto a Ignacio, su hijo pequeño, en Santa Coloma. / Elisenda pons

Los síntomas no eran halagüeños, con fiebre y mucha mucosidad. El martes 17 de marzo les confirmaron el positivo por covid-19. Su edad y sus patologías previas (asmas y bronquitis crónica) no presagiaban nada bueno. "Pensamos en lo peor. Veíamos por la tele las muertes de Italia y de China. Ella estaba muy débil, chafada, casi por los suelos. Las expectativas eran muy malas, necesitaba oxígeno todo el día. Pero no llegó a entrar en la UCI. Fue muy fuerte". Todos los suyos se volcaron con Otilia. Tres hijos, cuatro nietos, tres bisnietos… Todos empujaron.

Un móvil con instrucciones

Un taxista amigo de la familia acercó al hospital una bolsa para la anciana. En ella había ropa, un audífono, sus gafas, galletas, zumos, crucigramas (una de sus pasiones) y un móvil con tres folios de instrucciones escritas por su nieta para aprender a coger videollamadas. El plan funcionó. Tres días después del ingreso empezó a mejorar y pudo comunicarse, al fin, con sus seres queridos gracias a ese teléfono. "La alegría fue inmensa al verla mejor", apunta Noemí, que agradece al hospital "la magnífica atención" que recibió su abuela.

Otilia, acompañada de sus enfermeras en el hospital Esperit Sant

"¿Mi consejo? Nunca pierdan el ánimo, por favor. Es duro, pero se sale con calma y buen humor"

Tras 11 días ingresada, el miércoles 25 de marzo recibió el alta. El panorama en el hospital era totalmente distinto. Cuando entró en urgencias apenas había gente. Al salir era un caos, una locura. La anciana se emociona al recordar las carreras de los enfermeros, el drama que percibía en esas últimas horas. Aún así el trato fue exquisito, como rememora ella misma. "Me decían 'señora Otilia, lo que haga falta, lo que haga falta'", repite compungida desde su domicilio, donde guarda la cuarentena pertinente.

Pizzas y tartas de manzana

En pocos días volverá a ser la mujer activa y dinámica de siempre. A sus 94 años, se vale por sí misma. Sale a comprar, a la peluquería, cocina pizzas y nunca faltan sus tartas de manzana para toda la familia. Tampoco se olvida de los que siguen peleando contra la enfermedad. "Nunca pierdan el ánimo, por favor. Es duro, muere gente, pero también se sale con calma, fe y buen humor", apunta la anciana, al tiempo que lanza su último consejo: "No salgáis de casa, cuidaros mucho, rezo cada día para que esto se acabe y todos se curen como yo".