30 sep 2020

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PERIODISMO CON EL CIUDADANO

Vicky Huerta: "Las enfermeras me dejaban mensajes de ánimo en la comida: '¡Vamos, saldrás de esta!'"

Esta jubilada, en tratamiento por cáncer de mama, superó el coronavirus tras once días de ingreso hospitalario en el Hospital de Bellvitge

"Creo que gracias a los profesionales que me cuidaron ahora no necesito psicólogo", explica desde su aislamiento en la cuarentena posthospitalaria

Manuel Arenas

Vicky Huerta, tras recibir el alta hospitalaria por el coronavirus.

Vicky Huerta, tras recibir el alta hospitalaria por el coronavirus.

De todas las situaciones como enferma de coronavirus que cuenta Vicky Huerta (Barcelona, 1951), ahora aislada en casa de su hijo tras su alta hospitalaria, hay una que oscila entre la anécdota y el ataque a su dignidad. Ocurrió después de que el pasado 14 de marzo a las 6:00 h de la madrugada le comunicaran su positivo por covid-19.

Fue entonces cuando la iban a trasladar a la unidad de Oncología del Hospital de Bellvitge -está en tratamiento de cáncer de mama, lo que reforzaba su riesgo ante el virus-, y justo antes de subir a la ambulancia, sentada en la silla de ruedas, dijo que tenía mucho frío, pero su interlocutor sería un enfermero más helado que ella. “Fue denigrante: el enfermero no se atrevía a tocarme y ponerme la manta por si se contagiaba y casi me caigo de la silla. Se palpaba su miedo”.

El 5 de marzo llovió, Huerta se mojó y por la noche notó que había cogido frío. Tuvo la misma sensación los cinco días siguientes hasta que la fiebre le subió a casi 38º. “No tenía tos, pero me dolía el cuello; no era como unas anginas, sino que me escocía, y luego me empezó a doler el pecho y perdí gusto y olfato”.

Como el 13 de marzo seguían los síntomas, llamó al 061, que paró primero en su casa y luego en el Hospital de Bellvitge, ya con ella en la ambulancia. “Al ser paciente de riesgo lo vieron muy claro”, recuerda Huerta, que no guarda buen recuerdo del baile de boxes a su llegada al hospital: “Acabé en uno que era un zulo; allí lo pasé muy mal porque escuchaba cómo los médicos hablaban de ‘probable’ con respecto a que cada paciente pudiera estar infectado”.

Vicky Huerta, durante su cuarentena tras superar el coronavirus. / FERRAN NADEU

Agradecimiento a las enfermeras

El mismo día 13, dos doctoras le comentaron a Vicky Huerta que no creían que fuera coronavirus: “Tiene pinta de ser algo vírico, me dijeron”. El día siguiente de madrugada un médico le confirmaría el positivo y le ofrecería un tratamiento experimental que su cuerpo acabó asimilando bien.

Aparte del mal trago de su ingreso, Huerta sólo tiene palabras de agradecimiento para la atención que recibió en la unidad de Oncología, donde no percibió falta de recursos ni colapso “porque fui de las primeras y todavía estaban preparados”.

Por ejemplo, recuerda con cariño el trato de las enfermeras, a las que no reconocería por su aspecto porque iban tapadas hasta las cejas pero sí por su voz. “En las comidas que me traían me dejaban notas con mensajes de ánimo: ‘¡Vamos, campeona, vas a salir de esta!’. Creo que gracias a ellas ahora no necesito psicólogo”.

"Diría a otros enfermos que mucho ánimo, que de todo se sale"

A Vicky Huerta le dieron el alta hospitalaria el 24 de marzo: estaba previsto que saliera un día después, pero, dado que ya estaba recuperada, el médico le propuso a ella y su familia dejar su cama libre un día antes porque el colapso ya sí empezaba a ser una realidad.

Estos quince días de cuarentena posthospitalaria Huerta los pasa en la casa de la familia de su hijo en Gavà, donde ya sin síntomas recibe a diario en una habitación aislada una llamada del hospital para conocer su estado de salud. “Mi hijo me deja el plato de comida en la puerta y yo salgo a recogerlo para comer en mi habitación”, explica Huerta.

¿Qué le diría a los enfermos que puedan leer su experiencia? “Que mucho ánimo, que de todo se sale”. Ya fuera del hospital y “con muchas ganas de hacer cosas”, Vicky Huerta se encuentra bien pero no se quita de la cabeza a su marido, a quien lleva dos semanas sin ver. “Quiero que me vuelvan a hacer la prueba para asegurarme del negativo, pero me dicen que no saben si podrán porque no tienen medios”. A su marido le dio un ictus hace un tiempo y está operado del corazón. Ella vive ahora con el miedo de poder contagiarle.