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GENTE CORRIENTE

Fermín Pérez: "Los clientes ,y el pulpo, me lo han dado todo en la vida"

Llegó a BCN hace 40 años con lo puesto y casi se ha convertido en embajador del cefalópodo. El año pasado sirvió 126.000 kilos en sus restaurantes.

Patricia Castán

Fermín Pérez: "Los clientes ,y el pulpo, me lo han dado todo en la vida"

ÁLVARO MONGE

Fermín Pérez Méndez salió de la aldea de Moya (Lugo) hace más de cuatro décadas con lo puesto y sin imaginar que viviría algo así como el sueño americano, pero a la catalana. Durante años hizo un poco de todo hasta crear en familia un pequeño imperio con sabor gallego -O’Retorno- en una Barcelona en la que tantos restauradores se estrellan. Ni procede aquí publicitar los siete restaurantes, ni lo precisan, porque siempre llenan por más mesas que gane. Pero otro de sus méritos como anónimo emprendedor ha sido erigirse sin pretenderlo en gurú del pulpo, su plato estrella, mucho antes de que estuviera tan de moda.

-¿Me puede decir cuántos kilos sirvió el año pasado?
-Entre todos los locales 126.000. Es muchísimo, pero en los años de vacas gordas antes de la crisis ya había llegado a preparar más de 60.000 teniendo solo dos restaurantes. Se vendía aún más porque no se había encarecido.

-¿Cómo se convierte en uno de los principales prescriptores (si no el que más) de este octópodo?
-¡Hace unos años aquí no lo pedía casi nadie! Pero en nuestra cocina ha sido siempre fundamental. Lo limpiamos, preparamos y cocemos cada día. Nunca hemos hecho publicidad, pero el boca a boca trajo gente primero del Eixample, luego de otros barrios, y ahora vienen hasta chinos porque nos sacan en el Facebook, jaja.

-Nadie se lo puso fácil. Sacó sus propios tentáculos. 
-Soy hijo de agricultores, vine en 1978 a buscarme la vida. Trabajé de carpintero, tuve un colmado, hice de repartidor... Hasta que en el 92 con un hermano cocinero y uno camarero y mi mujer montamos el primer restaurante  (en Urgell, 168) que en realidad era un bar y fuimos introduciendo platos gallegos caseros que gustaban mucho. Luego abrimos en la Zona Franca. 

-En el Eixample se abrió paso con grandes raciones. ¿Fue su clave en una ciudad con tanto restaurante de diseño?
-Siempre ha habido gallegos en Barcelona, pero nosotros apostamos siempre por cantidad, calidad y precio. Y por trabajar mucho.

-Su propio ‘retorno’ a la aldea cada agosto no varía ni con el éxito...

-Yo hago lo mismo de siempre, no he cambiado. Vuelvo a cargar pilas, hago el camino de Santiago, pero enseguida tengo ganas de retomar la rutina y ver a mis clientes, que me lo han dado todo en esta vida. Como el pulpo (ríe). Necesito el contacto de la gente, forma parte de mi historia aquí. Y sigo viviendo en L’Hospitalet.

-Sé que le cuesta decir no a un cliente...
-Me sabe mal. Muchos vienen de lejos. Por eso hace menos de dos años me asocié con otros empresarios de la zona (Urgell, Mallorca, Borrell...) y creamos tres locales más con el mismo producto, porque a la gente no la puedes enviar lejos. Y muchos días  hacemos corto entre todos, pese a dar de comer (o cenar) a mil personas a la vez.

-¿Qué trae de Galicia?
-Una parte del pescado y marisco es de allí, pero a través de Mercabarna, aunque mucho producto es local. Y el pulpo gallego ya no da abasto porque allí el mar es muy bravo y tarda más en crecer. Buena parte viene ahora de aguas marroquís. Pero se exporta tanto que cada vez hay  menos y cuesta más. 

-¿Cómo no morir de éxito?
-No engañando a nadie, haciendo que la gente disfrute y amando el trabajo.

Y se queda cortando jamón, saludando sin parar.