25 oct 2020

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GENTE CORRIENTE

Víctor Ferrer: "Hay que mantener el terror a la cueva"

Espeleólogo y especialista en fotografía subterránea, lleva 20 años documentando las cuevas mediterráneas

Mauricio Bernal

Víctor Ferrer: "Hay que mantener el terror a la cueva"

VÍCTOR FERRER

Más elocuente que la larga lista de simas que ha descubierto y explorado desde que empezó a hacer espeleología en serio –como aficionado se inició a los 13 años– es la pequeña cueva que Víctor Ferrer ha excavado con sus propias manos en su propiedad, una casa en las afueras de Corbera de Llobregat. Eso es amor por lo subterráneo. Después de 40 años, Ferrer (Quesa, València, 1954) dejó hace 10 su trabajo en publicidad y ahora se dedica en exclusiva a explorar cuevas, fotografiarlas y publicar los resultados en libros que edita él mismo. Es una autoridad. Su lista de cuevas es ingente, y la de premios de fotografía ganados, también.

-La primera pregunta es obligada. ¿De dónde este amor por lo subterráneo?

-Verá, yo creo que hay unos miedos ancestrales que hay que vencer en la vida. Uno de ellos es la claustrofobia. La gente tiene un miedo ancestral a la claustrofobia. Yo maté el miedo a la claustrofobia con lo subterráneo.

-¿Se acuerda de su primera, digamos, experiencia espeleológica?

-Pues… Yo era un poco sinvergüenza de pequeño, hacía campana y para que no me viera nadie me metía con una linterna en una riera que había en el pueblo. Era una riera de un kilómetro, tapada, con muchas ratas, y yo la atravesaba toda. Me gustaba.

-¿Y más en serio?

-Empecé en un club de La Llagosta, el Centro Excursionista La Llagosta. Con 14 o 15 años ya estaba yendo al Atlas marroquí. En casa mi madre preguntaba: "¿Dónde vais?" Y yo: "De excursión". No tenía ni idea de que me colgaba en todas partes ni de los peligros que pasábamos. Luego me tocó hacer la mili.

-¿Y?

-Pues que ahí era el encargado de dirigir un grupo que bajaba a las simas y a las cuevas y elaboraba informes. Yo ya había empezado a trabajar en publicidad y sabía dibujar técnicamente, maquetar, hacer informes.

-¿Qué tipo de informes?

-Bueno, documentos para el Ejército sobre las cuevas. Por ejemplo, una mina: yo tenía que decir si era apta para almacenar un carro de combate, armamento, munición. Y al volver del Ejército empecé una etapa más dura.

-¿Qué quiere decir?

-Empecé a explorar pozos muy grandes. El más grande que exploré fue la Gouffre d’Aphanice, en Francia, de 328 metros. Ese tardaron en explorarlo otros españoles como 30 años.

-¿Hay cuevas gratas y cuevas ingratas?

-Hay cuevas a las que no te apetece volver, en mi caso fue Aven de Hures, en Francia, una sima de 300 metros; porque fuimos cuatro y volvimos tres. Murió un amigo allí dentro y fue muy traumático. Estuve un año sin hacer nada, prácticamente el único año que he dejado la espeleología. Y al volver cambié totalmente mi filosofía.

-¿En qué sentido?

-Hasta entonces había sido un reto deportivo, pero a partir de ahí me dediqué solo a las cuevas bonitas. Busqué la estética y pensé que debía hacer un libro de cuevas del Mediterráneo. En publicidad había hecho algunos libros, y en ese momento quería hacer libros sobre las cuevas.

-Que es cuando se convierte en fotógrafo subterráneo, ¿no?

-Sí, sí. He hecho 18 libros desde entonces, más o menos desde el año 2000. Procuro hacer libros científicos a la vez que fotográficos. Hace un año que no publico ninguno, creo que es mi récord de no hacer nada. Lo que no quiere decir que no esté trabajando en ninguno.

-Tiene 65 años y sigue activo. ¿Cuántas cuevas visita al año?

-Buf, no se me ha ocurrido pensar, no sé, por lo menos 100, quizás más, 150, 200.

-En la cueva, ¿mejor solo o acompañado?

-No voy a recomendarle a nadie que lo haga solo, porque está prácticamente prohibido, pero a mí me gusta porque al estar solo te acostumbras a valorar los peligros. En grupo hay una alegría especial y no se presta tanta atención a los peligros. Hay que mantener una cierta tensión, y un cierto terror a la cueva.