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David López Roca: "A los 17 años aún pedía que me regalaran 'playmobils'"

Elisenda Pons

David López Roca: "A los 17 años aún pedía que me regalaran 'playmobils'"

Núria Navarro

Al parecer, estamos diseñados para jugar toda la vida. Pero pocos perseveramos. David López Roca (Barcelona, 1970), ingeniero de telecomunicaciones que ejerce de profesor de matemáticas en la escuela Sant Ferran de Nou Barris, tiene un local a reventar de 'clicks' de Playmobil. Él sigue jugando.

–¿Un Peter Pan?
–Mi infancia no se detuvo gracias a la ilusión por los juguetes. Yo tengo tres pasiones: la familia, la enseñanza y los playmobils.

–¿Recuerda el primero?
–¡Ya lo creo! Tenía 8 años. Después de la Misa del Gallo, mi padre nos entregaba sobres con tarjetas de los regalos que teníamos que ir a buscar a su habitación. A mí me tocó el barco pirata.

–¿Ilusión sin precedentes?
–Construía mundos. Montaba mis batallas en la mesa del comedor hasta que mi madre ponía la cena. El juego me introducía en el territorio de la fantasía, que a veces podía durar cinco horas.

–¿Jugaba solo?
–Sí. Mi madre tenía una parada de frutas en la Boquería –a veces, mi hermana y yo íbamos a ayudar– y trabajaba los sábados, así que yo estaba bastante solo y me refugiaba en los playmobils. De hecho, a los 17 años seguía pidiéndolos como regalo y jugando con ellos.

–¿No le tiraban de las orejas en casa?
–Mi padre, nunca. Tuvo una infancia complicada. En una habitación muy pequeña del barrio de Navas vivían los padres y cuatro hermanos. No había dinero ni espacio para jugar.

"Tengo más de mil y menos de 3.000 y los he asegurado contra incendios"

–Del barco pirata a un local lleno hasta el lavabo. ¿Cuántos tiene?
–Más de mil y menos de 3.000. Primero los tenía repartidos por mi casa y la de mis padres, hasta que compré el local. Y tengo unas 50 cajas por abrir. 

–Y no escatima en complementos. Castillos, coches, vegetación...
–Hay seis castillos y unos 30 coches –el Porsche radiodirigido es una de las últimas adquisiciones–. Y están la casa de muñecas, el zoo, el circo de las fieras, cuatro fuertes, el poblado del Oeste, la granja, la selva, la mina, dos campos de fútbol y uno de hockey, obras con tractores, un hábitat de la prehistoria, un pesebre de 150 piezas... Comparto la afición con mis hijos, Nerea y Óscar, y mis sobrinos. Hoy es una diversión familiar.

–¿Cómo rastrea lo que le falta?
–Ahora me fijo más en las ofertas que en lo que me gustaría tener. Busco material con el 40%, el 50% y hasta el 70%. En el 'outlet' del Abacus ya me conocen. El viernes es mi día oficial de caza.

–¿Qué se habrá gastado?
–Uff. No sabría decirle. 7.000, 8.000, 10.000 euros. Pero poco a poco. 

–Mire que si entra un caco y arrambla con los 'clicks'...
–Los he asegurado, pero por un caso de incendio. Aunque el sentimiento no tiene precio.

–¿Qué codicia aún?
–Me gustaría acabar consiguiendo todo lo relativo a los bomberos. Y quizá algún castillo más.

–Poca fémina hay en este universo, veo.
–Están las hadas, las reinas, las deportistas... Las primeras no tenían pecho, ahora ya sí.

–Como ingeniero, ¿qué opina del diseño alemán de las piezas?
–El material es de primera. Tengo piezas de hace 30 años y el plástico aguanta bien. En cuanto al diseño... Es simple y tiene el tamaño ideal para crear historias. ¡Que no lo toquen! 

"Si los chavales desarrollaran la mente con el juego simbólico, tendrían menos ansiedad y estrés"

–Francamente, son estáticos y poco agraciados.
–A mí me parecen muy chulos. Y me provoca una inmensa satisfacción verlos montados. 

–Menos satisfacción le provocará limpiarlos. 
–Es posible. En una mañana puedo hacer una zona, pasando el pincel y con mascarilla, porque soy alérgico a los ácaros.

–¿Se mueven de noche, como los de 'Toy Story'?
–No, no. Pero me doy cuenta si alguien los ha movido. Hasta sé cuántas pistolitas hay.

–Oiga, los jóvenes que usted educa no están por los muñecos.
–Si hubieran desarrollado la mente con el juego simbólico tendrían menos ansiedad y estrés. Requiere paciencia, habilidad, imaginación, comprensión de las instrucciones. Al acabar de jugar estás muy relajado.