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Jaume Amiel: "Cuando salgo a competir no noto mis 75 años"

Anna Mas

Jaume Amiel: "Cuando salgo a competir no noto mis 75 años"

Núria Navarro

El sabadellense Jaume Amiel es el ejemplo de que cuando la voluntad está lista, los pies son livianos. A los 75 años, participará el próximo sábado en la Marató dels Cims, una de las cinco pruebas de la Andorra Ultra Trail Vallnord. Lleva tanto kilómetro encima, que algunos fondistas le llaman 'El Mestre'.

–Un fiera de la montaña.
–Hasta los 64 años no había hecho deporte.

–Cuesta creer.
–Hasta que me jubilé, trabajé de jefe de turno en una multinacional química en Martorell y no era posible. Sin embargo, siempre estuve vinculado al deporte como directivo de clubes. Desde 1992, del Joventut Atlètica Sabadell.

–¿Qué le puso las pilas?
–Pesaba 106 kilos y tenía altos el colesterol, la glucosa, las transaminasas y el ácido úrico. En agosto del 2007, estaba con la familia en Tavascan, en el Pallars Sobirà, y en la subida a un lago, al kilómetro tuve que volver atrás. "Esto no puede ser", me dije.

–Suele ser.
–Empecé a salir a caminar media horita cada día, y a primeros de septiembre anuncié a mi familia: "Me he apuntado a la Travessa Matagalls-Montserrat". "¡Estás zumbado!", dijeron. Hice 31 kilómetros hasta el Coll de Poses y paré, porque ya no sabía ni dónde estaba. Pero comencé a entrenar y, asesorado por la mayor de mis cuatro hijas, que es nutricionista, en pocos meses bajé a 85 kilos.

Jaume Amiel, calentando, en Sabadell. /ANNA MAS

–¿La analítica impecable?
–Todos los valores estaban dentro de la normalidad. Así que en el 2008 me apunté a la Copa Catalana de Caminades de Resistència y pude hacer la Matagalls-Montserrat en 17 horas y 2 minutos. Y en el 2010 me animé con la Marathon Des Sables.

–En el Sáhara. Durísima.
–La he hecho cuatro veces. Tengo la medalla de finisher del 2010, 2011, 2013 y 2014. Entre tanto, hice la Serra de Tramontana en Mallorca, la Castelló-Penyagolosa, el Gran Trail Peñalara, el Gran Trail del Aneto, el Grand Raid des Pyrénées, la 6666 Occitane, dos veces el Tor des Géants en Aosta...

–¿Hay alguna explicación de tanta resistencia?
–Cuando paro, me recupero un 80% más rápido que la media. Dicen que es porque tengo pocas pulsaciones: 45 en reposo. Pero también porque, en una posguerra dura, aprendí qué era no darse por vencido. 

–¿Nunca ha tenido una alerta roja?
–A finales del 2015, ya con 70 años, empecé a notar problemillas. Cada vez me hacían más daño los glúteos, el piramidal y los isquiotibiales. Acabé muy curvado. No podía hacer ni 200 metros para ir a buscar el pan. Los médicos determinaron que tenía una estenosis de la columna lumbar y señalaron que la última vértebra estaba desplazada un centímetro.

–¿Por correr?
–Quizá no ayudó. La operación era complicada y podía quedarme en una silla de ruedas, pero ya estaba mal. El 4 de julio del 2017 me hicieron una laminectomía y el posicionamiento de tres vértebras. Estuve siete horas en quirófano y el 4 de noviembre acabé una caminata por el Garraf de 21 kilómetros.

–¿La familia no le dice "para el carro"?
–Saben que me motiva para seguir adelante, para superar la muerte de una de mis hijas, Natàlia, en el 2013, a causa de una tromboembolia pulmonar doble. Cuando estoy en la montaña pienso en ella.

–La gente de su edad suele tirar toallas.
–Cuando salgo a competir no noto los 75 años. Me ilusiona ser ejemplo de superación para otros. Yo les animo a probar.