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Gente corriente

Cristina Ribes: "Disfrutad de vuestros abuelos, porque no son eternos"

Trabaja con tanto entusiasmo con las personas mayores que se ha tatuado su pasión en el brazo y ha editado un libro infantil para acercar el mundo de las residencias a los niños y niñas.

Gemma Tramullas

Cristina Ribes con su libro, junto al paso de barca de Flix.

Cristina Ribes con su libro, junto al paso de barca de Flix. / JOAN REVILLAS

Educadora social en el ámbito de las personas mayores en las Terres de l'Ebre, Cristina Ribes Julià (Flix, 1989) lleva su pasión a flor de piel. Literalmente. Se tatuó en el brazo una cita extraída de la cuenta de Instagram @Estimuladultos: Se levantaba cada día pensando que era la reina, ¿qué hacía él? Él le ponía la corona. El alzhéimer es una enfermedad incurable, no incuidable.

¿Qué recuerda de sus abuelos?

Cuando a mi abuela materna le diagnosticaron una demencia, mis padres decidieron irse a vivir a su casa. Mi madre tenía clarísimo que la quería cuidar en el domicilio y así fue hasta el final. La recuerdo en el sofá, recogiendo cosas del suelo.

¿Cosas invisibles?

Para nosotros sí, para ella no lo sabemos. Los comportamientos repetitivos son normales en un proceso de demencia avanzada: fregar la ropa, hacer y deshacer nudos, doblar y desdoblar ropa…

Conoció a una mujer que acunaba el aire.

Hacía este gesto todo el día, durante horas y horas, con una expresión desolada. Observándola y hablando con la familia descubrí que había perdido un hijo. Donde la mayoría de gente ve comportamientos inexplicables, yo veo el reflejo de una vida.

Pasa muchas horas observando.

Parte de mi trabajo consiste en estar seis horas ininterrumpidamente observando y anotando cada cinco minutos unos valores sobre el comportamiento y el estado de ánimo de personas que no nos pueden expresar lo que sienten.

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¿Cuando ya no hay palabras sigue habiendo comunicación?

No soporto las frases tipo “ya no es lo que era”. Tengo la convicción de que las personas sienten hasta el último aliento. Que no te puedan contestar no quiere decir que no se enteren o que no te entiendan. Su mirada o cogerles la mano te pueden transmitir un montón de cosas. 

Trabaja en residencias y también hace terapia a domicilio.

En ningún lugar se está mejor que en casa, aunque eso no siempre es posible, y la gente que está en su domicilio tiene derecho a recibir una estimulación profesional. Tener una persona impoluta y bien alimentada sin ofrecerle ninguna estimulación me parece una crueldad. Mi trabajo consiste en preservar sus capacidades e intentar ralentizar el debilitamiento cognitivo y para ello utilizo mucho objetos personales, música y el contacto físico.

Lo suyo es vocacional.

No todo el mundo sirve para esto y los que trabajamos en este ámbito cobramos una miseria. El instinto de cuidar siempre lo he tenido. Con 8 años iba a jugar al dominó con las personas mayores del hospital de Móra d’Ebre y quería ser auxiliar de enfermería. Soy muy de tocar, muy sensitiva, y me encantan las arrugas; son una acumulación de vida. ¡Estoy deseando que me salgan patas de gallo!

Acaba de publicar un cuento: La casa nova de l’àvia.

Es el primer libro infantil que explica qué es una residencia. El objetivo es visibilizar a las personas mayores, poner en valor la relación entre niños y abuelos y normalizar las residencias.

Es partidaria de fomentar las actividades intergeneracionales.

El vínculo que se crea es mágico. A los niños siempre les digo: “Disfrutad de los abuelos, porque no son eternos”. Te lo dan todo a cambio de nada y tenemos mucho que aprender de ellos.