Ir a contenido
Marcelo Ortega: "Saco kilos de plástico en la costa de Sri Lanka"

GENTE CORRIENTE

Marcelo Ortega: "Saco kilos de plástico en la costa de Sri Lanka"

Aprobó la Selectividad, viajó a la India y alrededores y todavía no ha vuelto. Reside en Negombo (Sri Lanka) y ni los atentados del pasado abril lo arrugaron

Núria Navarro

El año pasado, por estas fechas, Marcelo Ortega acabó el bachillerato. Se matriculó en Telecomunicaciones, pero antes de empezar la carrera quiso hacer una escapada por el sureste asiático. No ha vuelto. Se ha quedado en la costa oeste de Sri Lanka [la entrevista es por teléfono], enrolado en un testarudo combate contra los plásticos. 

–Impulsivo usted.
–La idea inicial era volver a Barcelona para empezar la carrera, pero en Sri Lanka vi cómo el plástico se había apoderado del paisaje ante la indiferencia de sus habitantes. Es el quinto país del mundo que peor recicla. La tristeza que me provocó fue lo que me decidió a quedarme.

–¿Por dónde empezó?
–Junto a un chico italiano que había conocido en la India, viajé a Delft Island, la más remota del archipiélago del norte, en zona tamil, devastada por la guerra civil que, entre 1983 y 2009, liquidó a la población de entre 25 y 35 años.

–A esa zona no va ningún turista.
–Cierto. Alquilamos un 'tuk-tuk' y, a una velocidad de 50 kilómetros por hora, llegamos sin que nadie nos lo impidiera. Las playas, paradisiacas, estaban a rebosar de plásticos, la mayoría provenientes de la India. Y nos pusimos a limpiar la playa, sin guantes, unas cuatro horas al día.

Marcelo Ortega, en Negombo. / Archivo

–Y los locales, ¿pasmados?
–Los pescadores nos contaron que hace solo 10 años sacaban como mínimo 50 kilos de pescado y que hoy no llegan a los cinco kilos. Organizamos unas brigadas de limpieza, pero las abuelitas nos traían trozos de madera y cocos. No entendían la diferencia entre qué era plástico y qué no. 

–Descorazonador.
–Ellos tienen elefantes a dos kilómetros de las ciudades, y palmeras alrededor. No ven la posibilidad de que todo eso pueda acabar. Entonces se nos ocurrió desarrollar 'workshops' en las escuelas. Los niños siempre son muy receptivos.

–¿Qué tal respondieron?
–Recuerdo a tres niñas que comían helados y tiraban los envoltorios al suelo, y a las tres semanas traían envases. Logramos involucrar a 200 personas para limpiar dos kilómetros de costa, e instalamos 10 contenedores en la playa. Después de probar en el norte la hipótesis de cómo teníamos que funcionar, formalizamos la asociación.

–La Clean Community Association.
–Sí. Continuamos limpiando la zona costera de Browns Beach, en colaboración con los hoteles, y La Laguna, la zona pesquera, con voluntarios.

–En abril, un atentado causó 290 muertos y más de 500 heridos.
–¡Una de las bombas estalló a un kilómetro de mi casa, en Negombo! Todo el mundo estaba consternado. Hacía 10 años que no había habido conflicto. Muchos no salieron de casa en una semana, por miedo. El ambiente se enrareció. Hubo acciones en contra de la comunidad musulmana. Mi amigo decidió regresar a Italia.

Destrozos en la iglesia de San Sebastián de Negombo, tras el atentado de abril. / AP

–Usted apechó.
–Estaba comprometido. Tengo planes para reducir el impacto del plástico. Pedimos a los fieles de una iglesia que lleven sus residuos, para venderlos a empresas de reciclaje y distribuir los ingresos entre el centro de culto y los colegios con dificultades. Y trabajamos junto a un estudio de ingeniería ambiental para restaurar la biodiversidad en el canal de Hamilton. Y también en un proyecto para reducir la contaminación por consumo de agua embotellada, que oscila entre 6 y 10 millones de botellas anuales. Consiste en vender sistemas portátiles de filtración de agua a 15 dólares, que irán destinados a financiar otros proyectos.

–A todo esto, ¿de qué vive?
–Mis padres me han ido mandando 350 euros al mes, pero este verano vuelvo a Barcelona para trabajar y hacer acopio de dinero.

–Ay, sus padres...
–Están acostumbrados. Siempre he sido muy inquieto. Entre los 12 y los 15 me centré en el maquetismo y las miniaturas. Entre los 15 y los 17 empecé un proyecto para construir un cohete, que nunca despegó. Y entre los 17 y los 18 trabajé con un amigo en una 'start-up' centrada en el patrón virtual de una llave, de manera que siempre la puedas duplicar.  

–¿Dónde se ve en el futuro?
–Me gustaría estudiar relaciones internacionales y crear oportunidades de negocio destinadas a la caridad.