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Karin Konkle: "Si alguien te alarma: afloja el cuerpo, respira, nota los pies"

Joan Mateu

Karin Konkle: "Si alguien te alarma: afloja el cuerpo, respira, nota los pies"

Esta norteamericana lleva 20 años enseñando autodefensa feminista

Núria Navarro

Autodefensa feminista. Eso enseña en Ca la Dona y en centros cívicos Karin Konkle, una norteamericana de Indianápolis que vino a la Barcelona de los JJOO para pasar un año sabático y se quedó. Y el trabajo va en aumento. Al principios del 2000 daba dos o tres cursos al año y ahora imparte siete por semana. Ella explica así el 'boom' de sus talleres: "Como el sistema legal les ha fallado y ha habido un cambio de conciencia, muchas mujeres han tomado una decisión: 'Ya me defiendo yo'".

–Autodefensa... ¿feminista?
–Es 'feminista' porque la imparto con una perspectiva de género. Tengo el compromiso de ayudar a las mujeres a empoderarse, a tener más seguridad física y a recuperarse de experiencias de violencia.

–¿Usted las ha vivido?
–Durante el primer año de carrera en Nueva York  –empezó Psicología y acabó haciendo Estudios de Género– salí un par de semanas con un chico, vi que era muy posesivo y lo intenté dejar. Comenzó a asediarme y me violó.

–[...]
–En el entorno familiar ya había vivido situaciones problemáticas. Mi padre es una persona que calificaría de 'abusiva'. Procede de una familia en la que el alcoholismo y la violencia estuvieron presentes. Su madre fue una mujer que llegó a vivir en un gallinero para salir de una situación de maltrato; así que mi padre, que no ponía la mano encima, actuaba verbalmente como había crecido.

–El Nueva York de los 80 tampoco era una balsa de aceite.
–En aquella época, los piropos en las calles eran del tipo: "Ponte de rodillas y chúpame la polla, tía". También me robaron a punta de pistola, y una vez un tío me tiró al suelo de una hostia, así, sin más.

–¿De ahí la autodefensa?
–No. Yo había practicado artes marciales –en Indianápolis había hecho taekwondo y en Nueva York, aikido– y estaba comprometida con la lucha feminista. Acabé los Estudios de Género y me puse a trabajar en una fundación. Pero nombraron a un director ejecutivo, me aburría y vine a Barcelona para pensar qué quería hacer.

–¿Y?
–Di clases de inglés, me apunté a aikido y aprendí terapias alternativas. Y en el último curso de acupuntura conocí al padre de mi hijo [16 años] y de mi hija, que murió de cáncer con meses.

–Lo siento mucho.
–Ya no pude dedicarme más a las terapias. Quise explorar la vía de la autodefensa.

  

–Una primera lección, si es tan amable.
–Tres o cuatro de cada cinco agresiones vienen del entorno próximo. En las relaciones más problemáticas, tú sabes que hay algo que te incomoda, pero tardas en identificar qué es. Lo primero es entrenar para mantener la calma.

–¿Cómo hacerlo?
–Hay que aflojar el cuerpo lo posible, notar la respiración y el contacto de los pies en el suelo. Cuando percibes algo que esté a punto de pasar, o cuando algo no te gusta, si entrenas, automáticamente sale: "Afloja el cuerpo, respira, nota los pies". Y luego hay que reaccionar según el lugar, la hora del día, la velocidad con la que viene hacia ti, el estado en el que esté... Hay tres opciones: irse, entrar en contacto físico o hablar. La estadística dice que las personas que salen mejor paradas son las que oponen resistencia a nivel verbal.

–¿De qué hablar en un momento así?
–Ahí van unos datos sobre comunicación. Cuando hablas con alguien, solo el 7% de lo que capta es lo que dices, un 55% es cómo te ve, y un 38%, el tono de voz. Por tanto, el 93% de lo que percibe el otro no es lo que dices, sino cómo lo dices. En una situación de conflicto, o gritas un buen método contra la ansiedad–, o la manera más segura para gestionarlo es hablar. 

–¿Y si eso falla?
–Hay algunas reglas: 1/ es mejor que tú gestiones el espacio y sepas cómo y cuándo entrar en contacto físico, 2/ el mejor punto de contacto es el antebrazo; eso significa tener las manos delante del cuerpo y de cintura para arriba. Y 3/ si estás sentada, levántate. 

–Luego, ¿patada en los genitales?
–En dos oportunidades he pegado un rodillazo en los genitales y en ambas ha ido al suelo.

–¿Por qué hay violencia de género?
–Existe una estructura (patriarcal) en la que todos tienen un papel, y el de los hombres –heterosexuales– es proteger a las mujeres. Pero hay una especie de estado de excepción, en el que a los hombres les está permitido agredir a las mujeres: las de color, o de clase baja, o las que no conocen.

–Con usted se deben andar con cuidadito.
–Antes a muchos hombres les daba reparo conversar conmigo sobre autodefensa. Ahora les hace gracia, pero dicen: "Ah, y ya les enseñas esto o lo otro". Hacen 'mansplaining'. Les cuesta renunciar al mito de la superioridad física.