22 feb 2020

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Gente corriente

Carles Cervantes: "El archivo es un homenaje a los trabajadores anónimos"

Este veterano trabajador de la Damm impulsa el impresionante archivo histórico de la cervecera.

Gemma Tramullas

Carlos Cervantes, trabajador de la Damm durante 40 años que ha impulsado el archivo de la cervecera.

Carlos Cervantes, trabajador de la Damm durante 40 años que ha impulsado el archivo de la cervecera. / ELISENDA PONS

No hay un solo palmo de los 35.000 metros cuadrados de la antigua fábrica Damm que Carles Cervantes (Barcelona, 1955) no haya rastreado en busca de algún cachivache que llevarse al archivo histórico de la empresa. El fondo ocupa una nave del emblemático edificio de la calle de Rosselló de Barcelona y recorre los 143 años de historia de la cervecera a través de 23.000 objetos y documentos catalogados, 64.000 fotografías y filmaciones equivalentes a más de dos años medio de visionado. Un legado impresionante que supera a otros grandes archivos comerciales que se conservan en el Arxiu Nacional de Catalunya, como el de la Compañía General de Tabacos de Filipinas (13.920 unidades de catalogación y 10.000 fotografías) o el de la Maquinista Terrestre y Marítima (4.819 unidades y 109.000 imágenes). Y todo ello impulsado por trabajadores.

Su relación con la empresa viene de lejos.

Cuando era niño ya venía a la fábrica a buscar los regalos de Reyes porque mi padre era el encargado general y trabajó aquí 40 años. Yo llevo 45 ya. Hay Cervantes en esta empresa desde los años 20 del siglo pasado y eso hace que le tengas una estima y una pasión. El coleccionismo es una afición que se ha convertido en gran parte de mi trabajo.

¿De quién parte la iniciativa del archivo?

De tres trabajadores románticos que empezamos a guardar material en nuestro tiempo libre: Pedro Peiró, Manuel Peribáñez y yo. En 1992 paró la producción en la fábrica y teníamos mucho espacio. Yo era administrativo, trabajaba de ocho a tres, salía a comer y después  volvía para rebuscar en todos los rincones.

En el archivo hay barriles, envases, neveras, máquinas de todas las épocas, documentos de todo tipo, pero también material de oficina ¡y hasta una vieja centralita telefónica!

A través del archivo se puede hacer un recorrido por 143 años de historia de la empresa y de la ciudad pero también de la tecnología. Esto es el alma de la empresa, que ha contratado a tres documentalistas para catalogar todo el material. Yo no he aportado nada, solo recupero una memoria que ha estado durmiendo para que en el futuro se pueda consultar y exponer al público.

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Tienen mucho material del tiempo de la República.

Se ha conservado la ficha de Durruti [el mítico anarquista], que trabajó varios meses en la fábrica, carteles de artistas republicanos como Artel y libros de la biblioteca que José Damm puso a disposición de los trabajadores y que llevan el sello Cervezas Damm Cultura y Propaganda. La semana pasada vino una señora a traernos fotos de las mujeres que trabajaban lavando envases en unas condiciones muy duras.

No todo el mundo lo valoraría.

Para mí el archivo es un orgullo y un homenaje a los trabajadores anónimos. Me emociona ver los libros contables de los años 40 en los que trabajadores que iban a cobrar a fin de mes firmaban con la huella dactilar. Eran analfabetos pero no tontos. Los carreteros, por ejemplo, sabían cuando los caballos estaban nerviosos y antes de ponerles los aperos les daban una vuelta para que se calmaran.

Es usted el disco duro de la Damm.

Cuando se trata de hablar de los valores de la compañía quizá sea yo el que más cosas sabe, sí. ¿Usted conoce la leyenda que hay detrás del nombre Xibeca?

Pues no.

A mí no me cuadraba que la botella más grande de Damm llevara el nombre de una lechuza pequeña [xibeca, en catalán]. Investigando encontré una obra de Josep Pous i Pagès sobre el bandolero Rocabruna que hablaba de una mujer que recibió poderes de una lechuza y se convirtió en una bruja alta y esbelta, la bruja Xibeca. 

¿Y qué tiene que ver con la litrona?

Cuando la gente veía una silueta estilizada la asociaba con la bruja. Encontré unas facturas de los años 30 en las que ya aparecía el término “formato Xibeca”. Cuando, en 1968, la empresa quiso sacar al mercado una cerveza de litro con un envase de cuello largo le puso ese nombre que ya era popular.