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GENTE CORRIENTE

Jeremías Mateo: «Siempre digo que ahora vivo por dos, no sólo por mí»

La natación cambió su vida tras sufrir haciendo alpinismo un accidente en el que perdió a un amigo

Manuel Arenas

Jeremías Mateo, nadador que sufrió un accidente de montaña que le cambió la vida.

Jeremías Mateo, nadador que sufrió un accidente de montaña que le cambió la vida. / JULIO CARBÓ

El 14 de abril del 2015, los mossos d'esquadra Jeremías Mateo (Barcelona, 1982) y su amigo Salvi -de Salvador- cayeron mientras hacían alpinismo en los Alpes. El primero sobrevivió, el segundo no. Tras un mes en coma, una lesión cerebral y once costillas, cinco vértebras y los dos fémures rotos, lo que le supondría la incapacidad absoluta, Jeremías despertó. Fue entonces cuando el deporte en general y la natación en particular entraron en su vida para quedarse y, de paso, cambiársela. 

-¿Recuerda algo de aquel día?

-Sí. Habíamos pasado mala noche y, tomando café, Salvi y yo hablamos del espíritu montañero, de lo inmaterial, de lo bonito de la vida. Después fui a orinar y saludé a dos personas. Serían justamente los gendarmes que verían cómo caíamos y me salvaron.

-¿Cómo fue el accidente?

-Sabemos que íbamos encordados, pero no quién estaba arriba, a 200 metros, y tiró del otro, a 150. Ni tampoco si el anclaje falló. 

-Estuvo un mes en coma.

-Sí; mi familia fue a verme a Francia pensando que yo también había fallecido. Mientras estaba en coma, recuerdo estar en una sala, toda mi familia llorando y yo decirles: "No me puedo ir ahora". Tal cual.

-¿Cómo fue despertar?

-Al principio no tenía ganas de vivir; emocionalmente estás muy reventado. Porque el sentimiento de culpabilidad de ser quien sobrevive... en cada experiencia positiva que vivo, parte de mí tiene tristeza. He intentado darle sentido a mi vida, y siempre digo que ahora vivo por dos, no sólo por mí: llegué a la conclusión de que podía hacerme tirar hacia adelante el pensar que no sólo estaba viviendo mi vida; que en parte estaba aprovechando el tiempo que él no iba a poder disfrutar.

-Qué frase tan brutal.

-Sí, sufrí mucho, pero luego ves a tu familia y dices: "Venga, va, aunque sea por ellos". Una de las primeras cosas que quise al despertar fue tener un hijo, algo que he cumplido hace unos meses.

-Y por todo lo que cuenta halló en el deporte una salida.

-Exacto, ocupó mi tiempo. Cuando estuve rehabilitándome en el Institut Guttman empecé a entrenar con María, de la cooperativa B-Swim de natación adaptada, en Mataró. Gracias a ella estoy física y emocionalmente como estoy: le debo mucho porque en un momento vital me dio algo muy importante. 

-¿Qué hace exactamente en natación adaptada?

-Aunque no cobro, mi dedicación ahora es ser nadador: entreno 5-6 veces por semana en Mataró, cuido mi alimentación... soy S7, siendo la S10 la categoría de menor afectación. Más allá de una secuela en la movilidad [lleva una prótesis en el fémur y una placa en la rodilla], no voy en silla de ruedas, lo que me permite nadar: suelo ser bueno en los 50, 100, 200 y 400 metros libres, en crol básicamente. He ganado algún campeonato de Catalunya y me he clasificado para alguno de España.

-¿Le ha cambiado su visión sobre la discapacidad?

-Antes de entrar en este mundo, pensaba: "Que hagan algo los pobrecitos, que naden un poquito". Pero cuando estás dentro, te das cuenta de que hay gente que está muy fuerte y que es muy, muy buena.

-También da charlas en escuelas.

-Sí: por un lado intento explicar la importancia de la natación y el deporte para el desarrollo personal; por otro, intento acercar la discapacidad para que los chicos no la vivan como una rareza, sino con normalidad. Que mi experiencia y la de Salvi, a pesar de todo lo que hemos pasado, pueda ayudar a alguien, le da un sentido a mi vida.

-Para acabar, ¿algún proyecto a corto plazo?

-Mi proyecto ahora es vivir. Disfrutar de este bonus track.