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GENTE CORRIENTE

Iago Mediano: «Hay muchísima vida fuera del sistema»

Nómada total, vive de casa en casa y agradece sus estancias tocando el violín y haciendo masajes a los anfitriones

Manuel Arenas

Iago Mediano, quien ha hecho del nomadismo su estilo de vida, toca el violín en Can Batlló.

Iago Mediano, quien ha hecho del nomadismo su estilo de vida, toca el violín en Can Batlló. / ANGEL GARCIA

Quién no ha querido ser alguna vez como Iago Mediano (Barcelona, 1993), que cambió el sistema por la vida. En el último curso de Traducción e Interpretación en la Universitat Pompeu Fabra ya empezó a hacer escapadas en solitario. Y hace unos cuatro años convirtió esas escapadas en su día a día; en su 'Hacia rutas salvajes' particular: recorre mundo de casa en casa, de voluntariado en voluntariado, siempre con su violín a cuestas.

-¿Por qué esta nueva vida de nómada?

-Porque me di cuenta de que no me satisfacía lo que me ofrecía esta sociedad. Aunque pueda parecer temerario, hace muchísimo tiempo que cambié el miedo por la curiosidad.

-¿Qué cambió en su cabeza?

-Durante la carrera me di cuenta de que no aprendía nada y la situación doméstica tampoco era... Conocí a gente que me mostró que fuera del sistema hay muchísima vida; hay muchísimo por descubrir. Eso me motivó a escapar.

-¿Hubo un punto de inflexión?

-Cuando una compañera me habló de la plataforma'Workaway' para hacer voluntariados: pensé que no me desagradaría moverme de voluntariado en voluntariado. Hace poco descubrí la permacultura, y desde entonces tengo la certeza de que mi hábitat son los parajes naturales: yo ya no puedo vivir en una ciudad. Me gano la vida haciendo masajes tailandeses, tocando en la calle y como modelo en clases de dibujo; también me gusta el acroyoga.

-¿Y dónde vive ahora?

-Vivo en un barrio apartado: Albaicín, Granada, sacándome el carnet de conducir porque es lo más barato de España. Cuando vuelvo a Barcelona me pongo malo porque no puedo vivir aquí: es todo por la imagen, hay poca honestidad y todo es: yo, yo, yo.

-¿En qué lugares ha vivido?

-Hace dos meses hice mi primera inmersión fuera de Europa: un mes en Marruecos. Antes he vivido en España, Reino Unido, Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Suecia, Hungría, Italia, Polonia y Alemania; este último país es el que más he recorrido.

-¿Cuál fue el primer sitio al que fue en su nueva vida?

-Fue un ‘Rainbow gathering’, encuentro naturista en un valle donde confluyen Cuenca, Guadalajara y Teruel; un mes sin tecnología ni dinero ni leyes. Fue la primera experiencia en que le cogí gusto a vivir en la intemperie. Desde entonces estoy reconectado con la tierra.

-¿Cómo consigue que le acojan tantos desconocidos?

-Viajo a través de 'Couchsourfing' o 'Workaway', haciendo voluntariados. En mi perfil pongo que "puedo compartir" con quien me acoja mis masaje y canciones que toco con el violín, actividades que me encantan como muestra de agradecimiento con los anfitriones. Se trata de fluir: por estadística, antes de acabar un voluntariado, por ejemplo, ya tengo varias oportunidades de moverme. Va desde gente que me contacta en mis perfiles, donde me llamo Eneas, hasta gente que me invita a su hogar mientras toco en la calle.

-¿Alguna anécdota curiosa?

-En el voluntariado de un festival, la gente me empezó a conocer como 'el tío de los masajes tailandeses' y me acabé forrando. Conseguí muchísima pasta, muchísima bebida y muchísimos psicodélicos.

-¡Qué experiencia!

-Fue flipante, literalmente (ríe).

-¿Qué opinan de su vida su familia y amigos?

-Hay de todo, pero me hace gracia quien me dice que deje de consumir drogas: justo cuando empecé esta vida alternativa y bohemia dejé el alcohol y algunas drogas y pasé a ser más sano; me di cuenta de que no podía viajar en bici y con mi mochila, donde llevo mi casa, borracho, porque lo perdería todo. Eso era cosa de mi 'yo' de antes, cuando bebía para no ser consciente de lo que no me gustaba. El movimiento es mi única adicción a día de hoy.

-¿Tiene pensado dejarlo algún día?

-No, pero sé que nada es para siempre.