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Margalida Bover: "La primera vez que me dijeron que era anarquista tenía 9 años"

Esta mallorquina de alma libertaria enamoró a Salvador Puig Antich meses antes de su brutal ejecución.

Margalida Bover: "La primera vez que me dijeron que era anarquista tenía 9 años"
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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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La angustia se apodera de Margalida Bover (Felanitx, 1953) ante el nicho de Salvador Puig Antich en el cementerio de Montjuïc. Esta mallorquina espontánea, extrovertida y pasional fue pareja del reconocido activista anticapitalista y prefiere recordarle en espacios libres, así que enfila rápidamente hacia el barrio de Gràcia, que sí forma parte del paisaje emocional que compartieron. Bover, que inspiró la canción-himno A Margalida de Joan Isaac, se desplazó este pasado fin de semana desde Mallorca para participar en los actos de memoria y en la presentación del libro Salvador Puig Antich. 45 anys després, una obra colectiva coordinada por Ricard de Vargas que incluye documentos inéditos y las tres cartas que Puig Antich le envió a su compañera desde la cárcel Modelo.

¿Cómo era su familia?

Muy reaccionaria. Yo era la segunda de ocho hermanas y cuatro hermanos y le dije a mi madre que no era justo que tuviera que ser la criada de mis hermanos, que no les haría las camas y no pondría ni recogería la mesa hasta que ellos lo hicieran. Me castigaron un año sin salir de casa y mis amigos me pasaban libros por la ventana a escondidas porque no tenía derecho ni a leer.

Las injusticias la sublevaban.

Soy muy apasionada y no me gustaba hacer las cosas porque había que hacerlas. Era un impulso libertario instintivo, una forma de vida. La primera vez que me dijeron que era anarquista tenía 9 años.

Lo ha seguido siendo toda la vida.

No me gustan los jefes, ni el trabajo asalariado, no creo en la propiedad privada y he renunciado a una herencia en la que estaba nombrada. No tengo ningún apego por lo material, solo aspiro a ser yo sin tener miedo.

Antes de cumplir los 17 años se fue de casa.

Cogí un vestido, unas sandalias y unas braguitas y nunca más volví. Acabé en una comuna en Ibiza, donde descubrí la libertad, el amor, la música, la naturaleza, la marihuana…  

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Al cabo de un tiempo se instaló en Mataró, donde conoció a Puig Antich.

Estaba en casa de unos amigos y un día abrí la puerta y allí estaba él. Me encantaban sus ojos verdes. Eran inteligentes, dulces y libres.

En las cartas que le mandó desde la cárcel, él lo describió como "un flechazo".

Era como si hubiéramos estado esperando a encontrarnos y ya no nos separamos. Fue la segunda persona en mi vida que me dijo que yo era anarquista. Una cosa que me gustó mucho de él es que me trataba como a una igual. La mayoría de hombres, por muy revolucionarios que sean, no nos ven a las mujeres como iguales y esta lucha queda siempre postergada o en el olvido. Para él era una prioridad.

¿Sabía que militaba en el Movimiento Ibérico de Liberación?

Sabía que estaba en busca y captura, pero estábamos en 1973, en plena clandestinidad, y nadie preguntaba mucho para evitar que, si caía uno, cayeran los demás. Yo intuía cosas y él también las iba dejando caer. Cuando le tocaba la espalda, notaba la pistola por debajo de la americana. Me dijo que la llevaba por protección.

Se conocieron a principios de 1973 y lo ejecutaron en marzo de 1974.

Tuvimos solo siete meses para construir toda una vida que después se destruyó en un momento. Hablábamos de la vida, de cambiar el mundo y teníamos planes de vivir en la Cerdanya, en una casa abierta a todo el mundo. No ha pasado un solo día de mi vida que no le recuerde. Tenía 20 años y se me rompió la vida, la esperanza.

Sufrió muchísimo.

Tras su detención, sentía que no podía controlar mi vida; me llevaban de un lado a otro, siempre escondiéndome. En 1976 nació mi hija y le puse Llibertat en homenaje a Salvador. Ella vino a salvarme. Yo me quería morir y, de hecho, me intentaba morir. Ella me dio fuerzas para vivir. Al cabo de 18 años nació mi segundo hijo, Martí.

Con la pequeña Llibertat volvió a instalarse en Mallorca.

He encontrado mi lugar en Capdepera. Mi casa está abierta a todo el mundo y desde allí sigo intentando cambiar las cosas, pero con pequeños gestos dentro de mi entorno. Por ejemplo, siempre que salgo a caminar llevo una bolsa de basura y unos guantes y voy recogiendo la basura que encuentro.

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¿Qué tenía Puig Antich que le ha convertido en un referente?

Humanidad. No tenía ego, lo compartía todo y su objetivo era hacer las cosas bien. Era muy carismático y te enganchaba. Los místicos dirían que tenía un aura muy fuerte.