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María Lorente: "Indagué hasta poner en peligro mi mente"

Albert Bertran

María Lorente: "Indagué hasta poner en peligro mi mente"

Se 'emancipó' del bienestar y se ha convertido en una poeta apasionada

Núria Navarro

Imaginen nacer en casa de un creativo publicitario –como Joaquín Lorente, el de 'trinaranjus sin burbujas') y de una escritora –pongamos Ángela Becerra, Premio Azorín–. Suena realmente bien, ¿eh? A menos que seas su hija y aspires a desplegar tu espíritu tanto como sea posible. María Lorente, 26 años, se fue de casa a los 17, exploró a fondo en la oscuridad y en la luz, y se ha convertido en poeta ('Es magia lo que ves').

–A los 16 años dejé los estudios y trabajé en la productora Ovideo. Con el dinero que gané hice un corto –nunca he parado de rodar–, pero conocí a una chica cubana que me habló de filosofía.

–Y a la universidad que se fue.
–Volví a estudiar, pero al ser mayor que el resto de alumnos, me sentí desconectada y empecé a escribir mucha poesía en las horas de patio. Fue un momento de búsqueda. Indagué de muchas formas hasta llegar a poner en peligro mi propia mente, hasta caer en la despersonalización. Escribía desde la angustia. Tomé la decisión de escribir desde otra parte, más serena, hace dos años.

–Una tarea sin límites.
–La tarea del poeta es aprender a escuchar con los ojos.

–Sus poemas hablan del tiempo, del olvido...
–... de lo frágil que es nuestra percepción de la realidad, del amor y el desamor... 'Es magia lo que ves', mi primer poemario, surgió tras una ruptura y una bajada a los infiernos.

–Es extraño. Nació entre algodones.
–Durante muchísimo tiempo quise romper con eso. No me sentía –sonará fuerte– respetada por los demás al nivel que yo quería. Mentía mucho de pequeña. A los 6 años mi madre me regaló un polo de Tommy Hilfiger y me cosí la marca para que nadie se diera cuenta y poder ser aceptada.

–¿Por eso se fue pronto de casa?
–Ahora veo el contexto familiar como una oportunidad, pero entonces quería descubrir quién era yo realmente. He dado un paso más y vivo en Buenos Aires, para bucear sin compromiso en mi espíritu. Esta vez con los pies en la tierra. Estoy escribiendo desde la contemplación, con una mirada más atenta que antes. Sé que el poeta vive en lo eterno porque valora lo que está en juego en el instante.

–¿A quién reconoce como maestros?
–A mi profesor de cábala, Mario Sabán, que tiene una escuela en Barcelona, la Tarbut Sefarad. Y antes estuve en la India con un maestro de raja yoga y me inicié en le chamanismo, pero frené porque soy imaginativa y me iba para muchos lados.

–¿Cómo de muchos?
–En las islas Andamán, en la India, tuve una experiencia muy mística. Me puse a meditar, sola, sin esperar nada de nada. Pasaron tres horas y, después de visualizar a muchas 'marías', sentí una luz muy fuerte que venía de todas partes. Era algo que me pertenecía totalmente a mí y que, a la vez, era parte de algo muchísimo mayor. Entendí lo que era la divinidad, que es luz y amor.

Uno de los tatuajes de María Lorente. / albert bertran

–La espiritualidad se lleva mal con las redes sociales. ¿Por eso las critica tan abiertamente?
–La vida es cada vez menos interior. El arte, la poesía, es trabajar el espíritu para sacarlo a flote. No puedes estar expuesto todo el tiempo, convertirte en un producto. Pienso que la creación verdadera no puede surgir de una exposición constante.

–¿Va a contracorriente o su generación empieza a pensar así?
–Aparte de Rosa Berbel, que ha ganado el Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal con 'Las niñas siempre dicen la verdad', y alguno más, en mi generación hay más 'instapoetas' y amantes de los 'slams' de poesía que la defienden a gritos.

–¿No tiene usted redes?
–Las tengo para formular críticas desde dentro. Tal vez me retire más adelante.