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Nuria López: "Hay niños mexicanos que sueñan con ser chulos de mayores"

Fotógrafa documentalista, expone en Barcelona el resultado de su inmersión en el mundo del tráfico de mujeres mexicanas con fines de explotación sexual

Mauricio Bernal

Nuria López, en Barcelona.

Nuria López, en Barcelona. / FERRAN NADEU

Dice Nuria López que cuando le piden que se defina a sí misma, que defina lo que hace, suele, resumiendo, responder lo siguiente: "Digo que soy una fotógrafa documentalista que hace proyectos vinculados con el tema de la mujer y las identidades". Profesional con un amplio currículum y premios nacionales e internacionales, López expone desde esta semana en el centro cívico de Can Basté, en Barcelona, el resultado del trabajo que llevó a cabo entre el 2014 y el 2015 en México, centrado en el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual. 'Hijas de ningún dios': una gráfica denuncia de un incomprensible horror de nuestros tiempos.

-Cuénteme, ¿cómo llega a este tema?

-Llego porque… Bueno, estaba en México para hacer un trabajo sobre las muxes, que son hombres que se visten de mujer y asumen roles femeninos, muy integrados en la sociedad, que viven en el istmo de Tehuantepec, en Oaxaca. Dado que iba a estar un tiempo en el DF, decidí hacer un trabajo sobre prostitución.

-O sea… No específicamente sobre tráfico de mujeres.

-No, al principio no. Al principio era un reportaje más liviano. Pero como me encontré lo que me encontré…

-¿Qué se encontró?

-Bueno, pues que aparte de las mujeres que se prostituyen de forma libre hay un negocio bestial que tiene que ver con todo el tema de las mujeres desaparecidas en México. Lo que aquí la gente identifica con las mujeres desaparecidas de Ciudad Juárez. Pero lo de Ciudad Juárez es solo la punta del iceberg.

-¿Quiere abundar sobre ello?

-Claro. Hay toda una ruta en México, un corredor por donde desaparecen las mujeres. El estado de México, en el centro del país, donde está el DF, es de hecho uno de los que tiene el índice más alto de mujeres desaparecidas.

-Estuvo allí, habló con ellas…

-… y con sus familias. Una parte muy importante del proyecto son las entrevistas a los familiares de las desaparecidas.

-Entiendo. Le iba a preguntar, usted que estuvo allí, ¿cómo explica que esto pueda ocurrir?

-Es muy complicado de entender. Hay muchos factores. México lleva años con una política de impunidad hacia los derechos humanos. Es un país que ha normalizado el concepto de violencia y que sufre un problema de corrupción endémica que atraviesa todos los estamentos de la sociedad. Hay cosas muy difíciles de entender.

-¿Se refiere a algo en concreto?

-A mí personalmente me choca mucho la veneración que hay hacia la figura de la madre, que convive con esa violencia desmesurada sobre la mujer.

-¿Diría que hay algo cultural en todo esto?

-No sé… Hay cosas que hacen pensar. Cerca del DF hay un pueblo, Tenancingo, donde se estima que entre el 30% y el 40% de la población vive de la explotación sexual. Me habría gustado ir, pero era peligroso.

-¿Explotar mujeres es una salida laboral en México?

-Pues sí. Hay niños que sueñan con ser padrotes de mayores… Chulos. Que quieren ser padrotes de grandes y tener a no sé cuántas mujeres a su servicio.

-Hábleme de un caso con el que se haya encontrado.

-Rebeca. Rebeca es la menor de 16 hermanos de una familia de Toluca. Como su padrastro abusaba de ella, la abuela la mandó con su padre a EEUU, pero resultó que el padre era traficante de personas y se dedicó a explotarla. A los 17 años se escapó, viajó al DF y acudió a una cita por un anuncio que ofrecía trabajo en labores domésticas.

-Que no eran…

-No. Cuando llegó la subieron en una camioneta llena de mujercitas jóvenes. Eran dos camionetas llenas de jovencitas. Las llevaron a un hotel, el Hotel Liverpool, y allí estuvo encerrada tres años ejerciendo la prostitución. Sin salir, sin ver la luz del sol. Allí vio cómo mataban a dos compañeras que se rebelaban.

-¿Cómo se enfrenta una mujer a esa situación? ¿Cómo se asume algo semejante?

-Lo increíble es que tienen una fortaleza… Cuanto más abajo estás, más fuerte tienes que estar, decía ella.