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Lluís Feliu: "Las mujeres sumerias cobraban la mitad que los hombres"

Josep García

Lluís Feliu: "Las mujeres sumerias cobraban la mitad que los hombres"

Discípulo del recientemente fallecido Miguel Civil, es el único sumeriólogo de Barcelona

Núria Navarro

En el sótano de la Universitat de Barcelona, donde reside el Institut del Pròxim Orient Antic, Lluís Feliu (Barcelona, 1965) lee la primera lengua escrita documentada, el sumerio –¡y en cuneiforme!–, como si tal cosa. Discípulo del recientemente fallecido Miguel Civil es el único sumeriólogo de la ciudad.

–Por tablet no entiende lo que los demás.
–[Sonríe] Trabajo con las de arcilla, pero a través de Facebook he tenido alguna alegría.

–Cuente, cuente.
–Trabajé con dos textos de la tercera dinastía de Ur –una especie de excels de lo que cobraban los miembros de una empresa: tejedoras, trabajadores del cuero, aguaderos, policías– en los que aparecían los mismos nombres. Publiqué primero uno, y un chico que trabaja en el Museo de Bagdad se puso en contacto conmigo y me dijo que había encontrado una tablilla en la que salían los mismos.

–¿Los mismos? ¿Cómo puede ser?
–Mis textos y el suyo provenían de excavaciones ilegales de finales de los 90 en Irak. Me contó que había más cajas procedentes del lote expropiado del mercado negro. Miró en ellas y ya llevamos 16 textos con los mismos nombres propios que abarcan 13 años de la evolución de la empresa.

–¿Había brecha salarial?
–Me temo que sí. Una tejedora cobraba 30 litros de cereal al mes, mientras que un hombre de categoría similar cobraba 60. Y según especialización y rango, podían cobrar 120, 180 y 200 litros.

–¿Tan poco hemos cambiado en 5.300 años?
–Era gente como nosotros.

–¿Algún rasgo propio de ellos?
–Si acaso, los textos mesopotámicos transpiran un sentido trágico de la existencia. Hay que aceptar las cosas como vienen. Pero tenían problemas semejantes a los nuestros.

–¿Tenían juicios por secesión?
–[Ríe] No, pero está registrado el caso de dos padres que se habían puesto de acuerdo en casar a dos hijos, el hijo se casa con otra y su padre tiene que pagar una compensación a la hija que se ha quedado soltera.

–Apasionante.
–Los primeros documentos son registros de ganado, cereales y otros bienes que circulaban. Tenían problemas similares a nosotros.

–Hay textos menos prosaicos.
–Hay himnos dedicados a reyes de la tercera dinastía de Ur –entre el 2.100 y el 2.000 a. de C.–, que encontramos en copias de 200 años después. Solían servir a los escribas, que hablaban acadio, para aprender a escribir en sumerio, la lengua culta.

–¿Algún best-seller?
–Por ejemplo, un texto sapiencial del tercer milenio,  las Instrucciones de Shurupak, en las que un padre aconseja a su hijo sobre cómo debe comportarse.

–¿Qué aconseja un mesopotamico a su hijo?
–Ser buena persona, básicamente. 

–¿Y cómo es que le dio por el sumerio?
–En quinto de Historia Antigua en la UB, apareció el ugaritólogo Joaquín Sanmartín, que impartió por primera vez clases de acadio. Nos apuntamos una decena, que son los que hemos llegado a las universidades. También fue clave Miguel Civit, que tocaba todos los palos del flamenco sumerio, y que era un maestro en lexicografía. En los años 60 explicó con precisión el ciclo agrícola sumerio.

–Oiga, ¿qué cara ponen cuando dice que es un especialista en sumerio?
–[Sonríe] Suelo tener que explicar qué es. Cuando les hablo de Babilonia y de la escritura cuneiforme, empiezan a atar cabos.

–¿Y cuántos alumnos dice que tiene?
–Dos. Los mismos que cursan acadio.