20 sep 2020

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Gente corriente

Toni Cachadiña: "La chaqueta del ego hay que dejarla en el vestuario"

El festival Li Chang premia la trayectoria de este alto ejecutivo que llegó a la cima del ilusionismo.

Gemma Tramullas

Toni Cachadiña: "La chaqueta del ego hay que dejarla en el vestuario"

Son las once y pico de la mañana y sobre la mesa del comedor de Toni Cachadiña (Barcelona, 1943) hay un tapete de mago y un par de barajas de cartas. Este alto ejecutivo jubilado lleva 60 años practicando magia de cerca, es una de las pocas personas que ha ganado dos premios mundiales sin ser profesional (en 1973 y 1976) y sigue entrenando cuatro horas al día. El Festival Internacional de Màgia Memorial Li Chang le entregará un premio honorífico durante la gala del próximo viernes día 22.

¿Usó alguna vez la magia para hacer negocios?
Sí, es muy útil. Todo aquel que, sin ser mago profesional, es bueno haciendo magia también es mejor en su trabajo. Los valores de la magia sirven mucho para la vida cotidiana en general.

¿Por ejemplo?
Se trata de ampliar los puntos de visión. Cuando sales al escenario tienes que hacerte amigo del cliente-espectador y mirar y hablar para todo el mundo, incluida la señora de 80 años que se sienta al final. Si no mantienes estos hilos de comunicación, el público se te escapa. En la vida, a veces solo vemos nuestro ombligo, cuando los objetivos son mucho más grandes.

Es curioso este binomio negocios-magia.
Intento que la gente comprenda la magia para que pueda disfrutar más de la vida. Es fundamental tener una actitud mental positiva, salir de tu zona de confort y tener una mente creativa.

Parece sacado de un manual para emprendedores.
Ser mago hoy en día es tan difícil como ser periodista o ingeniero. Los magos de alto nivel trabajan los idiomas, la cultura general, la expresión corporal… La magia no es solo hacer un jueguecito, es un conjunto de cosas, y hay que ser muy crítico con uno mismo porque si no te crees el rey del mambo. Cuando se sale a actuar, la chaqueta del ego hay que dejarla en el vestuario; si sales con ella puesta, estás perdido. Esto en la vida también es muy útil.

¿Cuál es su primer recuerdo haciendo magia?
Tendría unos 14 o 15 años cuando hice de ayudante de un mago y enseguida me aficioné. En 1956 mi padre me regaló mi primer libro de magia, Juegos de manos, del profesor Boscar. Le leo la dedicatoria: “De ilusión también se vive. Este modesto libro que por allá el año 56 echaron los Reyes Magos a mi hijo José Antonio habría de despertar en él la más grande ilusión de su vida”.

Ha sido presidente de la Sociedad Española de Ilusionismo en Barcelona, director de la revista Ilusionismo, da clases, charlas, participa como jurado en congresos… Pero nunca se ha dedicado profesionalmente. ¿Por qué?
Como profesional tienes que tener una visión muy amplia de lo que es un mago y, además, antes la farándula era un sector muy inestable. Hoy, sin embargo, es igual de inestable que cualquier profesión.

Habrá conocido a grandes magos…
Fred Kaps, Cardini, Blackstone, Ascanio... En los años 70 también conocí a Li Chang y a Hausson y a Selvin me los llevaba en coche a las reuniones que hacíamos en Madrid cuando ellos aún eran unos críos. Con Juan Tamariz, entre otros, fundamos la Escuela Mágica de Madrid.

¿Cuál es el mejor elogio que le han hecho?
“Parece que no hagas nada”. Yo casi no intervengo, la magia la hacen las cartas gracias a la influencia del espectador y de esta manera, además de ilusión, se genera emoción. Me interesa que haya un contacto real con el espectador y que este disfrute como si estuviera viendo una película. Yo he visto a volar a David Copperfield y lo he disfrutado porque me lo he creído.