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Gerardo Garrido: "La fama no trae casi nada bueno"

Gerardo Romera

Gerardo Garrido: "La fama no trae casi nada bueno"

Ha fotografiado la Estación Espacial Internacional y, por la dificultad de la empresa, siente un gozo que no experimentó cuando era Quique de 'Verano azul'

Núria Navarro

Sí, es el archiconocido el Quique de 'Verano azul', la serie que lo petó en los 80. Pero no está aquí por eso. Gerardo Garrido (Madrid, 1964) acaba de conseguir algo fuera de lo común: fotografiar la Estación Espacial Internacional (ISS) desde un pueblito de Valladolid de 27 habitantes. La emoción del logro, asegura, no tiene punto de comparación con el brilli brilli de la fama.

–Desde la Tierra, de noche, usted solo.
–Cuatro amigos del colectivo Photofobia habíamos obtenido una primera foto a su paso por Venus. Pero quería más. La nave iba a cruzar la Luna y solo sería perceptible durante 58 centésimas de segundo desde una línea muy estrecha situada en Almenara de Adaja, a más de 200 kilómetros de Madrid. Puse un anuncio animando a que se apuntaran astrofotógrafos –que tienen más medios que yo–, pero nadie tuvo fe en mí.

–Vaya.
–Conduje hasta allí, paré, huí de unos perros que ladraban, coloqué en el techo del coche la montura para el teleobjetivo que había fabricado y grabé un vídeo a 60 fotos por segundo. Por el visor vi una especie de parpadeo. Podía ser una mota en el ojo, un pájaro, mi pestañeo... Regresé a Madrid sin saberlo.

–¿Y?
–Entré en la cocina, revisé imagen por imagen y al ver la ISS se me llenaron los ojos de lágrimas. La Nasa lo había conseguido con unos medios increíbles, pero era la primera vez que la captaba un tipo humilde como yo. Entonces, pensé en mi padre, que fabricaba telescopios con un berbiquí y una sierra sin dientes, que me inoculó la pasión por la fotografía y la astronomía.

–Un padre de nueve hijos. Nueve.
–¡El único hombre absolutamente incorruptible que he conocido! Era comisario jefe de policía y durante 25 años trabajó en dos posiciones, 16 horas diarias, hasta que el médico le detectó un principio de tuberculosis. Le obligó a parar un año. ¿Cómo mantendrían a ocho hijos –Daniel tenía meses y el mayor, Fernando, 17 años; yo aún no había nacido– si dejaba uno de los dos empleos?

–¿Cómo?
–Mi madre, que escribía poesías y era muy creativa, vio un anuncio en ABC que pedía niños de todas las edades para hacer una película. Cruzó a pie Madrid con la ristra de niños, y fue el de año y medio, Alfredo, el elegido para ser Chencho, el protagonista de La gran familia. ¡A mamá se le abrió el cielo! Los nueve trabajamos en el mundo artístico. Yo a los ocho meses ya hice un anuncio de Renault 4.

 

–Esa 'solución familia' hoy tendría una lectura distinta.
–¿Cómo llamaríamos a tener a un niño activo entre 15 y 16 horas diarias? Una hora de maquillaje, ocho de rodaje, entre tres y seis más de estudio. Y ojo, que TVE nos trató estupendamente. Yo, que venía de comer lentejas y garbanzos, pasé a poder elegir entre tres primeros platos. Así me puse de gordo.

–¿Sus padres le acompañaron a Nerja, donde rodaron la serie?
–Se instalaron mi padre, que se jubiló cuando yo tenía 12 años, mi madre y mi hermano Daniel.

–Luego hizo teatro con Fernan Gómez. ¿Por qué lo dejó todo?
–Primero, porque no es lo mismo elegir el camino a que lo elijan por ti. Hice anuncios, novelas y pases de modelo por necesidad. Nunca fui amigo de la fama, que es una ladrona de la intimidad. No trae casi nada bueno, porque hasta el dinero suele estar envenenado. La fama transforma, acomoda, te hace creer realidades que no son, te acerca a un tipo de gente que tiene una cara B. Es una herramienta muy peligrosa, más en manos de niños. Genera muñecos rotos. 

–Hoy es un objetivo codiciado.
–Nosotros vivimos una experiencia muy intensa a una edad muy temprana. Solo había una cadena potente y te veían 12 millones de personas los domingos. Eso, unido a que éramos famosos entre quinceañeras subiditas de hormonas... No podíamos salir de casa sin que una nube de niñas nos silbaran la musiquita de la serie hasta llegar al colegio.

–¿Para enloquecer?
–Sí. Necesitas un psicólogo y un guardaespaldas, pero nuestro sueldo no era el de una estrella infantil de EEUU. Así que lo prudente era tratar de llevar una vida normal –seis meses al año soy guía turístico en Reino Unido, y otros seis, fotógrafo–. Aun así, viajando por el mundo, me reconocían hasta los indios bribri de Costa Rica. 

–¿Qué saldría en una fotografía de 'Verano azul'?
–Sería el vídeo de una montaña rusa. A veces aburrida, a veces vertiginosa. Y luego el protagonismo en la serie eclipsaba cualquir trabajo posterior. Piense que 'Verano azul' se vendió a decenas de países. Me reconocieron hasta los indios bribri de Costa Rica. El otro día mismo, de la oscuridad del garage salió una señora y me dijo: "Usted es el de la serie, ¿verdad?".