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Gente corriente

Isabel Crehuet: «Me preocupa que no se valore que los niños jueguen»

En la histórica entidad que preside, que ahora muere, descansa la infancia del barrio de Singuerlín, en Santa Coloma

Manuel Arenas

Isabel Crehuet, presidenta de la entidad Grup de Joves Singuerlín, de Santa Coloma de Gramenet.

Isabel Crehuet, presidenta de la entidad Grup de Joves Singuerlín, de Santa Coloma de Gramenet. / LAURA GUERRERO

Hace 36 años, en el barrio de Singuerlín de Santa Coloma de Gramenet nacía la asociación educativa Grup de Joves de Singuerlín, presidida por Isabel Crehuet (Barcelona, 1948), maestra toda su vida. Ahora, como signo de los tiempos, esta entidad de utilidad pública, último reducto del asociacionismo en el barrio, muere y en su historia siempre descansará la infancia de cientos de niños que hallaron en ella una forma alternativa de aprender, convivir y sentirse parte de una colectividad.

-¿Por qué echan el cierre?

-Las causas son varias. Ahora, las empresas de servicios son más cómodas para las familias; la gente no quiere subir hasta aquí arriba y ya no hay niños cerca: el barrio ha envejecido. Hace tres años teníamos unos 30 críos y ahora venían unos siete.

-Menudo cambio.

-Sí. Desde 1982, cuando empezamos, hemos tenido fácilmente unos 900 niños y niñas. Han sido años maravillosos en que, además del esplai, nuestra actividad principal, hemos hecho de todo: convivencias, teatro, senderismo, clases de castellano para mujeres marroquís...

-Qué heterogeneidad.

-Exacto, eso es lo que nos ha diferenciado de las extraescolares: aquí los niños no venían a hacer algo concreto como patinaje o fútbol, sino a formar parte de una asociación donde, a lo largo de seis horas semanales, un día se leía un cuento, otro día se cantaba y tocaba la guitarra y otro día se pintaba. 

-Pero ese asociacionismo se ha perdido.

-Desgraciadamente sí. Ahora los padres nos consideraban una empresa de servicios más; no se sentían identificados con nuestro colectivo. Decían: "Si necesitáis algo...", pero eso no es ser socio de una entidad.

-Y eso le sabe mal.

-A mí lo que me sabe mal y me preocupa es que los padres no valoren la importancia esencialísima de que los niños jueguen. Ahora todo es o extraescolares o 'cosas de provecho' como inglés, informática, deberes... cosas, cosas y más cosas. ¡Los deberes son lo más absurdo del mundo! Después de cinco horas en la escuela, ¿por qué narices tienen que seguir trabajando?

-¿Cómo era en la entidad?

-Aquí explicábamos lo que no explican en la escuela: la importancia del Día Internacional de la Mujer y de los Derechos de los Niño... aquí los chavales alucinaban descubriendo juegos que desconocían y todo lo que se puede disfrutar con muy poco.

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-¿Cómo han incidido en el barrio?

-En la buena convivencia: nunca ha habido problemas con las familias de procedencia marroquí, se han hecho parejas mixtas... hay muy buen rollo. También en el sentimiento de colectividad: somos como un pueblo (ríe), y en las luchas sociales aquí ha venido todo el barrio. También hemos trabajado muy bien con Servicios Sociales.

-¿En qué casos?

-Cuando hemos detectado chavales con problemas como la higiene, familias que vivían en casas 'okupadas', con padres en prisión... siempre han venido y nos han ayudado a poner solución.

-Y la asociación los ha integrado.

-Sí: lo bonito es que aquí podías incluirlos en una normalidad, mezclados con niños muy diferentes. En mi opinión, con este modelo se trabaja mejor que en centros donde solo hay críos con problemas.

-¿Se plantean otra entidad?

-Quizá, pero mucho más sencilla, para canalizar las actividades que, al margen del esplai que cerramos, siguen, como el teatro o el senderismo. Por el momento, remarcar que han sido años muy chulos en que hemos recibido el calor de la gente.