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GENTE CORRIENTE

Roser Riera: «Nada es imposible: ahora tengo todo el tiempo del mundo»

Esta jubilada de 83 años estudia la carrera de Humanidades desde la residencia de ancianos barcelonesa donde vive

Manuel Arenas

Roser Riera, lectora de EL PERIÓDICO y estudiante de Humanidades a sus 83 años.

Roser Riera, lectora de EL PERIÓDICO y estudiante de Humanidades a sus 83 años. / JUAN CAMILO MORENO

Estas Navidades llegó a la redacción de EL PERIÓDICO un mail de Roser Riera (Barcelona, 1935), una de las lectoras que escriben en 'Entre todos'. En él deseaba felices fiestas a los trabajadores del diario, a quienes agradecía haber contestado de buenas maneras a sus correos. Quisimos saber más: ¿quién hay detrás de las cartas de los lectores? Pues gente corriente, claro. En este caso, una anciana apasionada por la escritura y trabajadora insaciable que, a sus 83 años, cursa en la Universitat Ramon Llull la carrera de Humanidades, para la cual estudia desde la Residència per a Gent Gran la Nativitat de Nostra Senyora, donde vive.

-¿Por qué decidió escribirnos?

-Por lo mismo que les escribí la primera vez; porque pensé: "Seguro que nadie se acuerda de quienes trabajan allí". Me preocupa que nos olvidemos de quienes no vemos.

-¿Desde cuándo publica cartas?

-Empecé al entrar en la residencia, hace 8 años, y en vuestro diario desde el 2014. Siempre eran cartas de queja: sobre la soledad en la vejez, sobre la movilidad en Barcelona...hacía tiempo que no escribía porque hace unos meses me dio un ictus.

-¿Siempre le ha gustado escribir?

-Escribir y leer, sí: es una manera de expresar los sentimientos que tengo. ¡Mi padre decía que aprendí antes a leer que a caminar! 

-¿Y trabajó en algo relacionado con ello?

-Mi ilusión siempre fue ser mecanógrafa, porque mis padres, cuando trabajaban, nos dejaban a mí y a mi hermano con unos vecinos que tenían una Remington. Con 7 años me hacía gracia teclear, y mi vecino me reñía: "¡No toques, que la estropearás!" (ríe).

-¿Lo consiguió?

-Sí, empecé a los 16 años de mecanógrafa y luego siempre he trabajado de administrativa. Empezar joven me abrió los ojos porque pensé: "Yo puedo trabajar toda la vida". Trabajar es lo que me gusta. ¡Ni ahora paro de hacer cosas!

-¡Incluso estudia Humanidades!

-¡Sí! (ríe). Este es mi tercer año de carrera: empecé porque leí en una revista un artículo de un profesor que me gustó, y fui a la universidad sin tener ni idea de nada; empecé las clases sin saber ni qué carrera era.

-¿En serio? ¿Y cómo acabó en Humanidades?

-Pues porque me apuntaron, me dijeron que me quedara a escuchar una clase de Psicología y me gustó mucho. Luego supe que aquello era Humanidades (ríe). 

-¿Saca buenas notas?

-Antropología es lo que se me da peor y me ponen ochos. En Psicología, Arte...tengo nueves y dieces: no soy ninguna espabilada, pero me preocupo de hacer las cosas bien. Yo no lo hago por hacer.

-¿Qué le dicen sus compañeros?

-Que si soy una fuera de serie, que cómo lo hago...pero no, mira, no soy nada de eso. Simplemente tengo mucha experiencia: he trabajado, he sido profesora, catequista...y ahora, en la residencia, tengo todo el tiempo del mundo. Además, pienso que en la vida no hay nada imposible. Si es imposible, ya lo veré yo, ¿no?

-Y estudia en la residencia, claro.

-Sí, estudio y hago deberes habitualmente después de comer, porque si duermo pierdo mucho tiempo. Mi asignatura preferida es Psicología.

-¿Qué más hace en la residencia?

-Soy voluntaria con las señoras mayores que van con andador. Las llevo al gimnasio y cada día las saludo una por una. Ellas me lo agradecen mucho, pero yo les digo: "Ay, ¡si vosotras sois mis amigas! Yo no tengo a nadie, sois mi familia".

-Gracias por su amabilidad y escríbanos siempre que quiera, Roser.