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Gente corriente

Clara Fons: "Mi casa fue mi primer modelo de inclusión"

La convivencia intensa en una masía aislada orientó su carrera hacia la promoción del diálogo.

Gemma Tramullas

Clara Fons: "Mi casa fue mi primer modelo de inclusión"

No hay vecinos en varios kilómetros a la redonda y solo se escuchan los cencerros del ganado. La masía milenaria de Biosca se yergue sobre la sierra de Castelltallat (Bages), en un paisaje que se extiende a través de campos, bosques y montañas hasta topar con el skyline de Montserrat . Clara Fons i Duocastella (Castelltallat, 1984) nació bajo esta presencia abrumadora de la naturaleza que lo atraviesa todo, incluso su trabajo en la Asociación Unesco para el Diálogo Interreligioso e Interconviccional (Audir) y en la revista Dialogal.

¿Desde cuándo vive aquí su familia?
Desde hace 1.060 años. Ahora mismo compartimos el mismo techo cuatro generaciones. Aquí el peso de la historia se nota, sientes claramente que solo eres el eslabón de una cadena y eso te hace concebir la vida de otra manera.

¿Eso le influyó a la hora de dedicarse al entendimiento entre las distintas religiones?
Creo sinceramente que tengo el trabajo que tengo y lo hago como lo hago porque he tenido la suerte de poder vivir intensamente con muchas personas distintas bajo el mismo techo.

¿Quién, aparte de su familia?
He convivido con musulmanes y testigos de Jehová. En 1992 llegó a trabajar a casa Fidel, que era musulmán. Entonces no estábamos familiarizados con el Islam y su primer trabajo fue limpiar las pocilgas. ¡Qué inconsciencia!

En el Corán el cerdo se considera un animal impuro y se prohíbe su consumo.
Pero Fidel nunca se quejó. Las comidas las hacíamos juntos y pronto mi abuela dejó de poner cerdo en la escudella para que pudiéramos comer todos de la misma olla. Todo era supernatural. Mi casa fue mi primer modelo de inclusión porque todo el mundo se respetaba.

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Su familia es católica.
Sí, pero mi abuela paterna decía que lo más importante en la vida es ser buena persona y trabajador. Y ser buena persona no quería decir no hacer el mal, sino hacer el bien. Yo estoy en esta línea de búsqueda personal. De mis otros abuelos he aprendido a avanzar desde el agradecimiento y el amor y a no tirar nunca la toalla.

Desde el 2006 elabora el mapa religioso de Catalunya.
El mapa se ha hecho palmo a palmo. Sobre todo al principio descubría centros de culto en lugares impensables, como edificios destartalados y garajes. He ido a una iglesia pentecostal y he gritado a todo pulmón: "¡Gloria a Dios!". Y en un templo zen aislado me encerraron en una habitación muy estrecha y me preguntaron: "¿Qué hubiera pasado si no hubieras nacido?".

Lleva años preguntando a la gente sobre sus creencias religiosas. ¿Cuáles son las suyas?
Yo creo en la trascendencia, en que hay algo más allá de lo que podemos ver y tocar, y sobre todo creo en las personas. Pienso que todos los seres humanos estamos vinculados y la espiritualidad la entiendo desde el compromiso con el otro, sobre todo con el que es distinto a ti.

Es el mensaje que se desprende de la lectura de Dialogal, la revista que dirige.
Exponemos y reflexionamos sobre experiencias vitales de personas muy distintas. Algunas se identifican con una tradición religiosa y otras no, pero la palabra religión tiene una connotación tan negativa que en Dialogal preferimos usar el término convicciones, que es más inclusivo.

¿Qué objetivo tienen los grupos de diálogo de Audir?
Hacer posible un encuentro sincero entre las personas, incluso en contextos como la cárcel. No se trata de promover un diálogo intelectual, sino un diálogo del alma en el que tú intentas aproximarte al otro y dejas que el otro se aproxime a ti, sin intentar convencer, siempre desde el respeto y sin miedo. La cuestión es: sabiendo que somos diferentes, ¿dónde nos encontramos?