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Gente corriente

Cristian Leiva: "Más pobre o más rico, todo el mundo puede hacer música"

De familia humilde, ha podido estudiar música gracias al proyecto Vozes. Y a su madre.

Gemma Tramullas

Cristian Leiva: "Más pobre o más rico, todo el mundo puede hacer música"

Si la rata-chef de la película Ratatouille popularizó la frase "todo el mundo puede cocinar", en el proyecto Vozes demuestran que cualquiera puede hacer música, si se le da la oportunidad. Cristian Leiva Carrillo (Quito, 1997) es uno de los 500 niños y jóvenes con pocos recursos que han podido acceder a la música gracias al proyecto fundado por el violonchelista y director Pablo González, que se inspiró en el sistema nacional de orquestas y coros de su país, Venezuela. Cristian ensaya con la orquesta Amadeus y la sinfónica de Vozes en el Institut Tecnològic de Barcelona, situado en Nou Barris.

-¿Cuál fue su primer contacto con la música?
-Nací en Ecuador y tocaba el tambor en una banda de guerra, que es un grupo que toca en fiestas y desfiles.

-Emigró a Barcelona y se trajo su pasión por la música.
-Mi madre vino a trabajar antes, cuando yo tenía 4 años, y nos dejó a mí, a mi hermano y a mi hermana con unos tíos en Quito. Yo tenía 9 años cuando pudo volver a Ecuador para vernos. No le miento si le digo que hasta que llegó no me acordaba de su cara.

-Es una situación durísima.
-Tenía muchas ganas de estar con mi madre y en 2009 pudo traernos a mí y a mi hermano con ella al barrio de La Prosperitat. A pesar de la situación económica tan difícil, siempre nos ha llevado al teatro, al circo, a museos y a participar en las actividades del barrio. Para ella era importante que conociéramos de todo, que no nos encerráramos en nuestro mundo.

-Bravo por su madre.
-Ella siempre me ha apoyado con la música. Hice clases de acordeón y luego un taller de batería, pero al segundo año tuve que dejarlo porque no podíamos pagarlo.

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-La música sale cara.
-Fue mi madre quien se enteró de que podía aprender de forma gratuita en Vozes. Yo era un poco reticente al principio, porque era algo clásico, pero conocí el proyecto y me enamoré.

-¿Por qué?
-Como todos los que empiezan, entré en el coro y después Pablo [el director] me entregó una flauta travesera. Desde la primera clase supe que ese era mi instrumento. Recuerdo que una chica me dijo que me iba a enseñar. Aquí el que sabe un poco más ayuda al que está empezando y eso me impactó. Yo era muy tímido y nunca me habían ayudado de esa manera tan… entre iguales.

-Es una escuela de vida.
-Vozes lo pone todo, el instrumento, la orquesta, las charlas de motivación… tú solo tienes que poner de tu parte. Además de la posibilidad de hacer música, me ha dado herramientas para relacionarme y poder ir por el mundo. Antes tenía mucho miedo a que me escucharan, a hacerlo mal, y temblaba de puro estrés. Poco a poco he ganado confianza, he aprendido a entender la música y ahora disfruto y trato de lucirme todo lo que puedo. Pero no solo evolucionamos cada uno; toda la orquesta suena cada vez mejor.

-¿Esta es su flauta?
-Sí, he tenido que pedir un préstamo para comprarla pero vale la pena. Mi sueño es ser músico profesional y estoy estudiando la carrera en el conservatorio con una beca de la Fundació Nous Cims. Pero Vozes sigue siendo mi proyecto principal, mi orquesta, mi casa.

-No olvida de dónde viene.
-Ahora yo también enseño a los que empiezan y además creo que esto va a ser muy grande. Se está formando una orquesta profesional con la Fundació Pau Casals donde estarán los mejores músicos.

-Pau Casals decía que todos somos músicos en potencia.
-Con él compartimos la manera de hacer llegar la música a la gente, para que no sea algo elitista. Más pobre o más rico, todo el mundo puede hacer música. Yo siento que la música me ha cambiado la vida. Ahora tengo una dirección y quiero ir a por ello.