28 oct 2020

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Ana María Lajusticia: "Tenemos que imitar a Shakira"

Jordi Cotrina

Ana María Lajusticia: "Tenemos que imitar a Shakira"

Esta química de 94 años ha defendido los beneficios del magnesio (y de "echar un bailecito")

Núria Navarro

Ana María Lajusticia, la deficiente alimentación de la posguerra le pasó pronto una factura muy cara: diabetes, artrosis y forúnculos en la cara. Licenciada en Químicas, cayó en sus manos un librito, 'Virtudes curativas del magnesio' (1958), del jesuíta Ignacio Puig, y decidió experimentar en sus carnes. Se le fueron, dice. Luego publicó el 'best seller' 'El magnesio, clave para la salud' (1977), y se hizo famosa. Sigue activa, a los 94 años, y hasta protagoniza un tierno espot publicitario que se emite en 'prime time'.

  

–Providencial la lectura de aquel librito, ¿no?
–El padre Puig hizo que viviera mejor, que supiera el porqué y lo pudiera comunicar con una base científica.

–Asegura que la mala alimentación causó su infortunio, pero era una chica bien de Bilbao.
–Mi padre era un ingeniero que sabía de cementos: hizo 15 kilómetros de la traída de aguas a Bilbao y el pantano de Ordunte. Pero la República mató a tres ingenieros –uno, el padre de Marcelino Oreja, vecino nuestro–; nos mudamos a Canarias y él murió en 1937 (yo tenía 13 años). Mi madre no cobró viudedad y las hijas fuimos internas al Colegio de Huérfanos de Hacienda de Madrid. Comíamos nabos cocidos como los que dan al ganado sobre manteles de hilo.

–Aun así, estudió una carrera.
–Becada. Y al acabar Químicas, un colega alemán de mi padre me colocó en una empresa minera. En 1948 me salió trabajo en Osor (Girona), donde conocí a mi marido. A medida que iba teniendo hijos –6–, los forúnculos empeoraban. A los treinta y tantos, tenía el rostro lleno y ningún médico me daba solución. Me quemaron la cara con rayos ultravioleta y nada. Así que empecé a tomar magnesio y, al cabo de un mes y medio, desaparecieron. Noté, además, que no estaba tan cansada, no tenía calambres y los ojos no me bailaban. Y a los 52 años había mejorado de la artrosis y me quité un corsé que llevaba desde los 33.

–¿De dónde sacaba el magnesio?
–Lo compraba en una tienda de productos químicos y en una droguería, donde lo vendían para los animales.

–¡Qué atrevida!
–Compré dos 'biblias' de bioquímica –el Carson y el Lehninger–y no fue hasta la edición del 74 cuando incluyeron que el magnesio intervenía en la relajación muscular. Yo he estudiado su papel en el organismo a lo largo de 44 años.

"Un médico
famoso
 dijo que
yo era una 'indocumentada',
pero pensé: 'El tiempo me dará la razón'"

–Usted firme, pese a lloverle 'fuego amigo'.
–Sí. Un médico muy famoso dijo que yo era una "indocumentada" y una "irresponsable", y sus colegas se pusieron de su parte. Pero yo había mejorado, la gente que trataba, también, y pensé: "El tiempo me dará la razón". Durante 15 años estudié bioquímica como si me fuera la vida. Ahora se sabe que las personas que tienen los antígenos leucocitarios humanos (HLA) Bw35 tienen déficit de magnesio.

–Los opositores no han desaparecido.
–Las multinacionales farmacéuticas mandan más que los gobiernos, y el magnesio es demasiado barato para resolver problemas que se creen insolubles, como la artrosis. Pero laboratorios como Roche, Esteve y Ferrer me 'copian'.

–Las aflicciones intelectuales se le juntaron con las personales.
–Me separé de común acuerdo y me instalé en Barcelona con los niños y María, la chica que teníamos en el pueblo. Gracias a un dinero que ella me prestó, monté una herboristería, escribí libros que se vendieron muy bien y busqué el modo de fabricar el magnesio.

–Segura estaba. Puso su cara en las cajas.
–¡No por egocéntrica! Me acordé que María se curó de unos cortes en los pies con las hierbas del Abate Hamon, que tenían su cara estampada en la caja. Como los médicos me llevaban la contraria, decidí: "Haré como él".

–¿Cuántas tabletas aconseja tomar?
–Solas no sirven. Hay que tomarlas junto a proteínas y alimentos ricos en vitamina C en las tres comidas principales. ¿Por qué? Porque los aminoácidos que tenemos en la digestión de las proteínas solo están cinco horas en la sangre. 

–¿Qué come usted?
–Desayuno un huevo, 50 gramos de jamón york, medio vaso de zumo de naranja, pan integral y la leche o el té. A media mañana, unas avellanas. Para comer, por ejemplo, ternera guisada o con pimientos verdes fritos o setas. Y en la cena siempre pescado, fresco, congelado o en lata.

–¿Ese es su secreto de la longevidad?
–El secreto es que cuanto menos pienses en lo que te duele, molesta o no puedes resolver, mejor. Luego están la alimentación, no beber ni fumar, y echar un bailecito. Tenemos que imitar a Shakira; con su movimiento llega la sangre a la cintura y a la columna.