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Juan F. Beamonte Isern: "A los 42 años supe que me 'compraron' por 150.000 pesetas"

Este transportista de Banyoles creyó que lo habían adoptado tras ser abandonado. Aún pelea por la verdad

Núria Navarro

Juan Francisco Beamonte, uno de los niños robados en España.

Juan Francisco Beamonte, uno de los niños robados en España. / JORDI RIBOT PUNTÍ / ICONNA

Después de un laberíntico proceso judicial, hace un mes recuperó su identidad: Juan Francisco Beamonte Isern (Barcelona, 14 de septiembre de 1966). A los 6 años fue "comprado", sostiene, por un matrimonio de Banyoles en un hospicio de Barcelona. Es uno de los 700.000 niños robados en España.

–"Siempre pensé que me habían abandonado. Ahora sé que fui comprado por 150.000 pesetas [lo que costaba más o menos un Seat 124 en la época]. Hasta los 43 años viví una vida que no me tocaba."

¿Qué recuerda de sus seis primeros años?
Vivía con mi padre y mi abuela paterna. Él enfermó –tenía cáncer de huesos– y el médico, viendo que estaba muy avanzado, aconsejó a mi abuela que me dejara en un colegio que conocía para que pudiera centrarse en atender a mi padre. Allí me dejó y venían a visitarme los fines de semana.

¿Un buen sitio?
En la parte alta de Barcelona. Un día fueron a visitarme y les dijeron que yo ni estaba ni había estado nunca allí. Mientras, me habían llevado a la Congregación del Bon Pastor y no pasaron dos semanas, en junio de 1973, cuando un matrimonio de Banyoles –los Coll Corominola– vinieron a buscarme en taxi. Me dijeron que me habían abandonado y que, a partir de entonces, serían mis padres. 

¿No opuso usted resistencia?
Si llego a estar un mes más en el hospicio me muero. Era como una prisión. El matrimonio ya tenía en acogida a un niño del Bon Pastor de Girona. A los dos o tres meses de llegar yo, la madre biológica de aquel niño aceptó darlo en adopción. Entonces intentaron, sin éxito, devolverme a mí. ¡Imagínese! Me volví cohibido. Me hice pis hasta los 14 años. Salí de aquella casa a los 19, cuando me casé.

¿Entonces supo la verdad?
No. Pero recuerdo que cuando me portaba mal, ellos me decían: "¡Con el dinero que nos llegaste a costar! ¡Más de 150.000 pesetas!". No le daba importancia. Mis papeles certificaban que yo era Joan Coll Corominola.

¿Entonces?
En el 2003 murió mi abuela paterna y me sentí muy solo. Puse mi nombre en una página de internet de búsquedas y en el 2009 una prima me encontró. ¡Me llenó de vida! Me contó mi historia y me regaló fotos. Conocí a mis tíos y a otros primos... Y contacté con SOS Bebés Robats, donde me recomendaron buscar mi partida de nacimiento original. En el registro de Sant Adrià de Besòs descubrí que no había sido adoptado. La documenación había sido falsificada.

¿El matrimonio de Banyoles, vive?
Sí.

¿Ha podido pedir explicaciones?
Lo intenté. La última vez llamé, me atendió ella y le dije: "He encontrado estos papeles...". Y me respondió: «¿Mira que eres hijo de puta? Sabes el daño que harás a mucha gente». Y me colgó. No les quiero ningún mal. Solo quiero justicia.

¿Sabe quién fue el origen de la injusticia?
Fue un caso de tráfico. Tengo sospechas, pero no pruebas. 

¿Y su madre biológica? ¿La conoció?
Ella, que ya se desentendió de dos hijas de un anterior matrimonio, me abandonó. En la reconstrucción de mi identidad, recordé que de niño había ido a casa de la abuela materna en Òdena. Me presenté, la nueva dueña de la vivienda me dio una dirección de Castelldefels y allí encontré a una cuñada de mi madre. La localicé por internet en Jaén. Me vino a conocer. Murió el año pasado.

Un trago largo y muy amargo, todo.
He sentido rabia e impotencia. Pero soy psicológicamente muy fuerte. No bebo, en mi vida he fumado un porro, siempre he trabajado mucho –llevo más de 30 años como transportista–, tengo una familia. Y esto no ha hecho más que empezar. Quiero justicia y reparación.