Ir a contenido

Joan Ribas: "Ante mis ojos han hecho pis más de 60 futbolistas"

Este traumatólogo se ocupó del control antidopaje en el Barça y el Espanyol

Núria Navarro

Durante años el doctor Joan Ribas (Barcelona, 1957), traumatólogo del CAP Numància y del Sagrat Cor, fue un 'vampiro' de Primera División. Tranquilos, no hacía extracciones de sangre con los colmillos. En deportes, el 'vampiro' es el médico que, sin preaviso, se presenta en el vestuario en la media parte, hace un sorteo y, al acabar el partido, pide 100 mililitros de orina a dos jugadores del equipo local y a dos del visitante.

¿Y hacían pis delante suyo?

La ley dice que el médico tiene que ver cómo sale la orina del meato urinario.

O sea, ha visto la 'dotación' de varios 'cracks'.

Me tocó hacer el antidopaje a Guardiola, Koeman, Romário... Ante mis ojos pasaron unas 60 o 70 'cigales' de futbolistas.

¿Y?

Solo le diré que el mito de los jugadores negros tiene fundamento.

Uno para nota, va.

Winston Bogarde, el neozelandés que jugó en el Barça entre 1998 y el 2000. 

¿No les daba pudor esas micciones?

¡Era el médico! Con algunos llegué incluso a bromear. Ahora se emplea un juego de espejos, para que no resulte tan violento. 

"El empleo me permitía ir al palco, ver los partidos como un señor, y me pagaban 50.000 pesetas [300 euros]"

¿Y a usted, no le resultaba violento?

A mí me gustaba el deporte, el empleo me permitía ir al palco, como un señor, y me pagaban 50.000 pesetas [300 euros].

¿Cómo se accede al 'birdwatching'?

Hice un curso en Madrid. Todo empezó cuando trabajaba como traumatólogo en L’Aliança de Pare Claret y los jefes de servicio me ofrecieron atender por las tardes en la Mutualidad de Futbolistas. Hice de ayudante en los entrenamientos del Espanyol y, en la época de Xabier Azkargorta, fui médico de campo, que es el que atiende al público.

¿Infartos y ese tipo de cosas?

Sí. En Sarrià viví dos momentos que me marcaron. Uno fue el 15 de junio de 1984. El Espanyol montó 'La venganza de Don Mendo' interpretada por los jugadores en el Teatro Paco Martínez Soria. A Lauridsen lo llamaron de la selección danesa y le sustituí en el rol de abad. Como era con una función con fines benéficos, Azkargorta invitó a Maradona y fue el único del Barça que hizo un papelito [el Moro Alí]. Diego quiso entrarle a mi novieta, le paré los pies y acabamos yendo de juerga hasta las seis de la mañana.

Antes de ir al Nápoles. ¿Y el otro momento?
Fue trágico. Atendí al niño de 11 años herido por el impacto de una bengala antes de empezar un Espanyol-Cádiz, el 15 de marzo de 1992. En la ambulancia vi que tenía un enorme agujero en el pecho. No hubo forma de reanimarlo. Murió en mis brazos. Al llegar a casa, mis hijas me dijeron: "Mira, papá, sales en la tele". Y ahí estaba yo, en la ambulancia... Tardé mucho en poder dormir.

"Atendí al niño herido por una bengala antes de empezar el Espanyol-Cádiz. No lo pude reanimar. Murió en mis brazos"

Comprensible. Suerte que hubo alegrías.
Siempre tuve claro que me gustaba la medicina, pero también que quería vivir. Mientras estudiaba la carrera, jugué a baloncesto en el Sant Medir, cantaba en la coral y hacía teatro. Por eso tardé ocho años en acabar Medicina, para disgusto de mi padre.

¿Le gustaba la farándula?
Mucho. Fui comparsa del Liceu durante tres temporadas. Como era de los altos –mido 1,85–, en una 'Salomé' me tocaba 'matar' a Montserrat Caballé. Ella tenía que desplomarse y, en un ensayo general, viéndome delgadito, la diva dijo: "Stop, non è possibile". Hicieron ver que la liquidábamos cuando caía el telón.

Oiga, ¿le queda algo pendiente?
El macramé. Me pondré en ello cuando me jubile.

¿No le gustaría volver a los vestuarios y hacer el antidopaje a Leo Messi, a Marc Roca...?
Ahora prefiero ver el fútbol desde el sofá de casa, tomando una cervecita.

0 Comentarios
cargando