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GENTE CORRIENTE

Patrick Chinedu Ike: «Mi padre lloró cuando conté la historia del pan con leche»

Este atleta llegó a España sin recursos y este año ha conseguido la mejor marca estatal en los 100 metros lisos

Manuel Arenas

El atleta Patrick Chinedu Ike, en el parque fluvial del río Besòs.

El atleta Patrick Chinedu Ike, en el parque fluvial del río Besòs. / LAURA GUERRERO

Unas zapatillas, un tejano, tres camisetas de calle y otro par para entrenar. Ese fue el equipaje con el que Patrick Chinedu Ike (Benin City, Nigeria, 1984) llegó a España el año 2006. Pensaba estar un mes y lleva ahora 12 años. En aquel momento su vida cambió radicalmente: pasó de haber acabado la carrera de Economía en su país a buscar monedas de un céntimo por la calle para comprarse un paquete de galletas que le durase toda la semana. Este año, el velocista ha conseguido la mejor marca española (10,16 s) en los 100 metros lisos masculino -compartida con otro atleta- según el ranking de la Real Federación Española de Atletismo.

-¿Qué ocurrió en el 2006?

-Me habían hablado muy bien de España y, al acabar la carrera, vine un mes. Llegué a Valencia, donde conocí y entrené con atletas como Rafa Blanquer y Gloria Alozie, que me cuidaron mucho. Pasado el mes, me salió la posibilidad de llevar a Nigeria un documento para pedir el permiso de residencia y volver a España. El documento tardó un mes, dos, tres...hasta que mi visado caducó, me dio miedo volver y decidí quedarme.

-Y ahí cambió todo.

-Sí. No tenía comida, mis padres me dejaron de hablar durante un año y tuve que buscarme la vida. Aprendí a valorarlo todo: si ahora tengo un poco de dinero es porque para mí un céntimo eran dos millones.

-¿Y cómo sobrevivía? 

-Iba a casa de los atletas que entrenaban conmigo y les acababa preguntando si tenían un poco de pan. Mi dieta era: por la mañana, pan con leche; al mediodía, pan con leche; y por la noche, pan con leche. Mi objetivo era entrenar y buscar maneras de ser legal. Porque era ilegal, tenía miedo y me molestaba la situación, pues vengo de una familia preocupada por que las cosas se hagan bien.

-¿Cuándo acabó ese miedo?

-En el 2010, cuando tuve mi primera residencia. Aquellos 4 años fueron los peores, pero el deporte me salvó muchas veces: cuando decía que era deportista, la gente confiaba en mí.

-¿Y en todo ese tiempo no vio a su familia?

-Estuve 6 años sin verles: volví a Nigeria en el 2012. Cuando vuelve, la gente suele comprar muchos regalos. ¿Pero sabes qué hice yo? Llevé pan, leche y galletas. Mi padre al principio no comía: se había dado cuenta de algo. Al rato me dijo: "Oye, Patrick, estas cosas son muy baratas como para ser regalos". Yo le pregunté: "¿Quieres escuchar?". Cuando conté la historia del pan con leche, mi padre, que es un exmilitar muy recto y duro, empezó a llorar.

-Aquel momento fue especial.

-Sí, porque mis padres me pidieron perdón y me entendieron. Yo les dije que todo lo que me había pasado me había hecho más fuerte.

-Hábleme de su trayectoria deportiva.

-A Barcelona llegué el año 2009 muy lesionado, no podía ni andar. Solo hubo un entrenador que quiso estar a mi lado: Luís Sevillano, que es como mi hermano mayor. Hasta el 2012 no empecé a competir a primer nivel. Ahí rompí la barrera de los 10,30 s y empecé a cobrar un fijo, pues hasta entonces mi sueldo había sido de unos 150 euros al mes.

-El año 2012 estuvo a punto de ir a las Olimpiadas.

-Sí, conseguí la marca mínima pero finalmente no pude ir por problemas burocráticos. Pero ahora soy muy feliz y me siento libre como un pájaro: el año pasado nació mi hija y al poco tiempo me dieron la nacionalidad española. Y hace dos fines de semana, después de que mi hija cumpliera un año, pude competir por primera vez con la selección española.

-¿Qué proyectos tiene en mente?

-En lo personal, centrarme en mi familia y ayudar a jóvenes atletas que están en la situación en que yo estuve y acuden a mí: cuando les miro, veo mi pasado. En cuanto a lo profesional, mi objetivo son las Olimpiadas de Tokio 2020. Después, hasta que el cuerpo aguante.

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