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Gente Corriente

Jordi Sebastià: "Los filósofos entraban en las cuevas a pensar"

Cronista e historiador de Xiva de Morella, el tesoro que le descubrió el DNI de su abuelo, donde explora cuevas, sendas y vidas

Carme Escales

Jordi Sebastià, en la entrada de la Cova del Groc de Xiva de Morella.

Jordi Sebastià, en la entrada de la Cova del Groc de Xiva de Morella. / JULIO CARBÓ

Agosto reabre postigos de casas y caseríos de pequeños pueblos lejos de la ciudad. Los músicos en la plaza reúnen a oriundos y descendientes fieles a la fiesta mayor que vuelven a ventilar, limpiar y habitar los hogares por unos días, un año más. Xiva de Morella, un núcleo agregado de Morella, municipio de la comarca valenciana de Els Ports, tiene unos 25 habitantes durante el año y estos días –celebra su fiesta el 10 de agosto– puede superar los 400. Muchos llegan del Vallès, donde sus ancestros fueron a trabajar en el textil. El abuelo paterno de Jordi Sebastià (Terrassa, 1956) lo hizo. Pero su nieto supo de Xiva el día que leyó ese nombre en el DNI de su abuelo. ¿Por qué nadie antes le había hablado de aquel origen? Desvelar el misterio le desplegó un pasado y un afán.

-¿Qué descubrió sobre el silencio de Xiva?

-Cuando mi abuelo nació, en Xiva de Morella, su madre no lo podía amamantar y lo envió a una nodriza de otro pueblo para que lo hiciera. Entonces era algo muy normal, se solía hacer. Pero mi bisabuela ya no lo reclamó, dejó que se quedara con la otra mujer.

-¿Su abuelo le dijo que era por ello que no habían ido nunca ni hablaba de Xiva?

-No. Él decía que era un pueblo miserable, pobre, donde muere la carretera. Y, efectivamente, en el 1900 Xiva había sido un pueblo muy pobre, pero hoy es un lugar guapísimo, muy bien conservado, todo tradicional. Le dije a mi abuelo ¿Por qué no vamos a ver tu pueblo? Fuimos toda la familia y todos nos enamoramos de Xiva de Morella.

-¿Encontraron parientes?

-Ninguno. Pero una vecina de 90 años recordaba perfectamente la historia de mi abuelo. A partir de entonces, mantuvimos el contacto con el pueblo y pudimos comprar la casa donde había nacido mi abuelo. Yo paso muchas temporadas en Xiva.

-¿Y a qué se dedica allí?

-Soy muy inquieto. Siempre lo he sido. Ya de joven aprendí que vives tantas vidas como idiomas hablas –él, catalán, castellano, francés e inglés–, y cosas haces.

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-Usted pone vida en sus años y no al revés.

-Es que para mí lo importante en la vida es tener objetivos y ganas de hacer cosas. Yo tengo 61 años, como profesor me pude retirar antes, pero la sensación de jubilado no la tengo. Y me gusta volver al instituto en el que di clases. Soy ingeniero industrial y he tenido muchos trabajos, pero el mejor ha sido la docencia, por el contacto humano y por la satisfacción de ver cómo ayudas a los alumnos a conocerse a ellos mismos y a ganar confianza y autoestima.

-¿Cómo se enseña eso?

-Interesándote y valorando todo lo que hacen y haciéndoles ver que con muy poco esfuerzo mejoran poco a poco, cada uno desde su punto de partida.

-Volvamos a Xiva. ¿Qué más hace allí?

-Hace cuatro años terminé de arreglar el Espai Francesc Sebastià, un pequeño museo que abro a quien viene, de máquinas, inventos e investigaciones que hizo mi padre en el campo de las hilaturas. Tuvo bastante reconocimiento y fue enviado a Argentina a enseñar a indígenas sistemas de hilatura manual que, con la automatización y la electricidad no habían avanzado y él, ya jubilado, ideó cómo aumentar la productividad. 

-Ahora ha publicado el libro ‘Cavitats i Espeleologia als voltants de Xiva de Morella’, ¿Qué encuentra en las -cuevas que visita?

-Silencio y oscuridad absoluta, a veces solo oyes una gota de agua o el vuelo de un murciélago. El mundo subterráneo es un mundo aparte. Los filósofos entraban en ellas a pensar. Y no es extraño, se está muy tranquilo, yo puedo pasar horas dentro. En cada agujero que encuentro me meto.

-También escala montañas, recorre senderos, fue uno de los primeros en volar en ala delta en Catalunya, viaja, escribe y da charlas. Sus días dan muchísimo de sí.

-Sí, hago demasiadas cosas. La cultura, el paisaje, el patrimonio natural y cultural de Xiva de Morella tienen unas posibilidades enormes y nadie lo había escrito. Y son tan agradecidos sus vecinos. Ellos me cuentan las historias y vienen a mis charlas. Aprecian que alguien de fuera las valore.

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