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GENTE CORRIENTE

Nuria Figueras: "Están solos, necesitan cariño y a mí me gusta darlo"

Hace labor de acompañamiento en un piso de acogida de inmigrantes en Barcelona

Mauricio Bernal

Nuria Figueras: "Están solos, necesitan cariño y a mí me gusta darlo"

RICARD FADRIQUE

Fue cuando los problemas de salud la apartaron del trabajo que Nuria Figueras se planteó la posibilidad de hacer labor de voluntaria. Encerrada no se iba a quedar. Empezó en la Fundació Escó dando clases de idiomas a jóvenes provenientes de centros de menores y a mujeres en situación de vulnerabilidad, y luego se vinculó a otra fundación, la Fundació Benallar. También para dar clases, pero eso ha evolucionado: ahora también acompaña a los inmigrantes que la fundación atiende en un piso de acogida -en el Raval de Barcelona- mientras su situación legal se normaliza.

-Exactamente, ¿en qué consiste su labor?

-Pues mire, la fundación tiene tres pisos en función de lo avanzada que está la situación de los chicos. Yo hago acompañamiento en uno de ellos. El de los recién llegados, como si dijéramos.

-Y acompañar es…

-Un poco de todo: supervisar cómo está el piso. Si necesitan algo. Yo aquí vengo para estar con ellos. A hablar de lo que surge. Me intereso por su salud, por cómo está el tema de sus papeles. Una especie de soporte emocional. Eres su familia. Piense que están aquí solos. Necesitan cariño y a mí me gusta darlo.

-¿De qué países suelen venir?

-Ghana, Senegal, Costa de Marfil, Camerún, Gambia, Mali…

-Y de la pobreza. Y del desespero. De otro mundo.

-Por eso lo primero y lo más importante es entenderlos. Entender cómo piensan, cómo sienten, para poder llegar a ellos. Intento ponerme en su lugar. Llegan tristes, desestructurados, con las experiencias desagradables que han vivido durante el viaje a cuestas.

-¿Le cuentan sus viajes?

-No suelen hacerlo porque les resulta doloroso. Lo tienen aparcado.

-No llevan mucho tiempo aquí. Y el viaje ha sido duro. ¿Se abren con facilidad?

-No siempre. Hay unos que son más cerrados, a los que cuesta más llegar, pero por lo general terminan abriéndose. Luego se crea un vínculo muy estrecho. Sus alegrías son las mías, y sus tristezas también.

-¿Algo que recuerde especialmente?

-Un día me levanté con una noticia triste. La muerte de la madre de uno de mis chicos. Lloré porque sabía que su madre era su motor. Todo el tiempo me estaba diciendo que tenía que enviarle dinero a su madre, que su madre necesitaba medicinas, que su madre necesitaba arroz.

-Debe ser una experiencia que marca. Una cosa es leerlo en la prensa y otra cosa estar aquí, con ellos.

-A mí para empezar me ha servido para ver más allá de los prejuicios y estereotipos que tenía. Los tenía, no muy marcados pero los tenía. Al fin y al cabo entras en su realidad, en su persona. Te afecta y te duele, pero te hace sentir útil poder compartir con ellos. Y me he convertido en su voz.

-¿Qué quiere decir?

-Quiero decir que me preocupo por transmitir sus realidades en mi entorno. Por sensibilizar al respecto. Machaco mucho. Intento cambiar prejuicios, los estereotipos que mucha gente tiene sobre la inmigración, sobre los marroquís, sobre los negros.

-Tiene el privilegio de saber cómo es esa primera mirada que tienen sobre este país. Sobre esta cultura.

-Sí, claro.

-¿Y?

-Hay cosas que les chocan bastante, por ejemplo el trato que damos a los mayores. Tienen la impresión de que aquí los mayores molestan, de que no se les tiene mucho en cuenta, mientras que en sus países son centrales, se les considera y se les trata como una fuente de sabiduría.

-Es una experiencia con el Otro. Mucha gente aún pasa por la vida sin eso.

-Me siento afortunada. Para mí ha sido una oportunidad y un descubrimiento. Me gusta estar a su lado y acompañarlos sabiendo que están en un momento muy difícil de sus vidas. Darles complicidad, cariño, no sé, sentido del humor. Y por supuesto aprender de ellos.

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