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Cristina Sánchez: "En el swing animo a las chicas a llevar rol de líder"

Estudió Psicología para ayudar a las personas a sentirse bien. Es lo que logra enseñando swing

Carme Escales

Cristina Sánchez: "En el swing animo a las chicas a llevar rol de líder"

DANNY CAMINAL

La danza nunca le había llamado la atención, pero fue llegar a Cuba y ver bailar a la gente en los bares y en la calle de forma tan espontánea, que se acabó apuntando a un curso de salsa durante sus días de vacaciones en la isla. Cristina Sánchez (Barcelona, 1977) tenía entonces poco más de 20 años. Y ahora lo recuerda bien porque aquella sensación tan agradable de dejarse llevar por la música es lo que el baile del swing le ha permitido revivir, y vivir de ello, pues está al frente de la escuela y comunidad de baile www.poblenou.swingmaniacs.com.

¿Cómo pasó de la nada al todo en el baile?

Le propuse a mi pareja apuntarnos a una actividad juntos. Teníamos un amigo que había empezado a bailar swing, bueno, en realidad el swing es la música del 'lindy hop', que es el baile, pero casi todo el mundo también llama al baile swing. Él bailaba con el grupo de Swingmaniacs en Gràcia y allí empezamos. Nos gustó mucho, porque es un baile que te aporta mucho. Sin darte cuenta haces mucho ejercicio y tienen un componente sociabilizador muy grande, te diviertes y mejoras la coordinación y memoria.

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O sea, hubo un antes y un después del swing.

Sí, ahora cuando mis alumnos dicen que este baile les ha cambiado la vida me identifico con ellos, porque a mí me pasó igual.

Había estudiado Psicología Clínica.

Sí, me gustaba la idea de poder ayudar a las personas, pero al acabar la carrera me di cuenta de que tenía que destinar mucho tiempo, estudio y prácticas aún antes de ganarme la vida haciendo aquello. Como hablaba inglés y francés, entré a trabajar de recepcionista en un hotel. Me gustaba mucho y pronto me dieron un cargo.

La idea de abrir una escuela de swing, ¿Cómo llegó?

Después de haber estado bailando durante siete años en el grupo de Gràcia, en nuestro barrio, en el Poblenou, nos propusieron dar algunas clases a amigos y luego en una escuela y en tres meses tuvimos ya 70 alumnos, hoy tenemos 250.

¿Es consciente de que así también ayuda a las personas a sentirse mejor?

Muchísimo, y es de las cosas que más me satisfacen de este cambio de vida. La música es alegre y te invita a moverte y a sonreír. Yo siento que música y baile son absolutamente beneficiosos para todo el mundo, y necesarios. Bailar fomenta las relaciones, la gente queda al margen del baile y se hace mucha piña. Gente de 18 o 20 años y de 70. Tiene mucha parte terapéutica, se pierden prejuicios y se gana expresividad, también se pierde el miedo al contacto.

¿Se apuntan más parejas o en solitario?

EL 60% viene ya en pareja. Vienen más mujeres solas que hombres, pero ellos cada vez son más. Seguramente porque cuando nos ven bailar en una plaza, y ven a los hombres felices bailando, eso despierta las ganas de cualquiera y la vergüenza se acaba yendo. De todas formas se puede bailar llevando o dejándose llevar, sea un hombre o una mujer. Yo animo a las chicas a llevar el rol de líder. En el baile del swing, se da mucha libertad al rol del 'follower', llega un momento en que el follower puede sugerir tambien. El baile debe ser una conversación. Cada uno tiene cosas a expresar. Al menos así es como yo enseño swing.

¿Y les habla del origen de este baile?

Sí, de sus raíces afroamericanas y el balanceo que caracteriza el swing, el bouncing, es un movimiento en el que se marca el vínculo con el suelo, el contacto con la tierra. También de cuando, abolida la esclavitud, pese a la segregación que separaba a blancos y negros en diferentes salas de baile, en Nueva York hubo la primera sala donde entraban todos, el Savoy Ballroom, en Harlem. Y las bandas  de música eran dirigidas por negros y blancos bajo el mismo techo.

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