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Gente corriente

Asmaa Aouattah: "El duelo migratorio no se extingue nunca"

Vecina de Mataró, explica el choque cultural a través de elementos tan cotidianos como la fregona.

Gemma Tramullas

Asmaa Aouattah, licenciada en Filosofía y autora de LEtern retorn.

Asmaa Aouattah, licenciada en Filosofía y autora de LEtern retorn. / Anna Mas Talens

A bordo de la línea 3 del bus urbano de Mataró con destino a Rocafonda-El Palau suele sonar un coro de voces en catalán, castellano, wolof, mandinga, árabe o amazigh, que es la lengua materna de Asmaa Aouattah. Nacida en Alhucemas, en el Rif marroquí, se licenció en Filosofía en Fez y llegó a Catalunya hace 15 años. Es agente de igualdad y mediadora intercultural y ha publicado su primer libro de relatos. L’Etern retorn (Voliana Edicions) se inspira en el reto de vivir entre dos mundos al que se enfrentan las mujeres que reinician su vida lejos de su país. El primer relato transcurre en el barrio del Palau.

¿Qué es lo que más le chocó al llegar?
El concepto de bloques de pisos altos  donde se comparte el portal y el rellano con los vecinos, el no disponer de la azotea, la fiesta de olores que sube por el patio comunitario... ¡Ah! Y la fregona.

¿Qué pasa con la fregona?
Me pareció una manera de limpiar fría. En el Rif acostumbramos a limpiar con agua, jabón y escoba, y en la limpieza a fondo dejamos que el agua chorree y se escurra calle abajo.

¡Aquí llamaríamos a los bomberos!
De eso va el libro. Llegué con 33 años y dos hijos y mis orígenes me interpelan continuamente; siento que vivo entre dos mundos. Quería pronunciarme sobre los cambios en las vivencias cotidianas que compartimos muchas mujeres y quería hacerlo escribiendo en catalán. Lo que empezó como textos espontáneos que compartía en Facebook acabó en este libro de relatos. 

«El maleït dol migratori no ens deixa abraçar tot el que aquesta terra ens dona», escribe.
Llega un momento en que aceptas tu realidad y comienza una nueva etapa de tu vida, pero el duelo no se extingue nunca. Una imagen, una canción, un olor... pueden echar por tierra años de esfuerzo y te sientes como si hubieras emigrado ayer.

¿Su emigración es definitiva?
Mi marido ya vivía aquí y me insistía mucho para que viniera con los niños. Yo me resistía, pero en 2003 pedí una excedencia en mi trabajo –era profesora de francés en un instituto– y vine a probar. Me quedé pero no me he ido definitivamente.

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Pronto se implicó en grupos de mujeres.
En Marruecos ya participaba en el movimiento feminista y pensé que, si tenía una red social, mi adaptación sería más fácil.

¿Y lo fue?
Tener un círculo de gente afín y poder revivir costumbres facilita la adaptación. Entré en la vocalía de mujeres de la asociación de vecinos de Rocafonda y después cofundé Totes Plegades, un espacio de encuentro para mujeres nouvingudes. En paralelo, me integré en el movimiento amazigh de Catalunya.

En el Parlament de Catalunya hay dos diputadas de origen marroquí.
Najat y Saloua (que también es del Rif) son una muestra de que empieza a haber cambios positivos, pero la representación de los colectivos procedentes de otros países en todos los ámbitos de la sociedad aún es mínima. Hay cantidad de gente que viene con estudios y preparada para ejercer cualquier trabajo. No servimos solo para traducir y hacer mediación.

¿En qué fallamos?
Falta igualdad. Creer en el que viene de fuera, no verlo como un número sino como una persona con sentimientos, capacidad y criterio propio. Que alguien sea analfabeto tampoco quiere decir nada, porque puede enseñar su saber hacer. Si no tuviéramos que estar luchando siempre contra las trabas administrativas, el poco reconocimiento y la estigmatización podríamos centrar nuestros esfuerzos en tirar adelante este país, como cualquier ciudadano.

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