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Gente Corriente

Francisco Sánchez-Martín: "Hay un micromachismo silencioso y constante"

Con hombres como este, el feminismo se enriquece. Ha analizado el arquetipo del donjuán vinculándolo a enfermedades sexuales

Carme Escales

Francisco Sánchez-Martín: "Hay un micromachismo silencioso y constante"

JORDI COTRINA

Aparentemente, Francisco Sánchez-Martín, Paco, es un médico al uso, un especialista en urología. Diagnostica y trata patologías del aparato urinario y reproductor. Pero cuando se quita la bata su medicina es otra: escribe para cuidar su alma. Algunos de sus textos ayudarían a curar una sociedad como la nuestra que sale a la calle a clamar igualdad de género porque en las casas el silencio sigue tragando una contundente desigualdad –dicho finamente lo que es, de todos modos, machismo–. Recopiló en un libro más de cien biografías de escritoras. Lo regaló a sus hijas, Anna y Núria, con el deseo de que sus vidas como mujer no sufran censura.

–¿Su actitud ante lo femenino viene de su infancia? ¿Tal vez su madre la propició? Mi madre siempre me ha parecido una mujer que debió sufrir, como todas las de su generación, el destino cruel del entorno social y rural. Ella hubiera querido estudiar, pero tuvo que trabajar en el servicio doméstico. Quería progresar y se hizo planchadora.

–Antes de conocer a su mujer, ¿había imaginado cómo quería que fuese? Sí, desde muy pequeño sentí que no quería una mujer convencional, peleaba con niños de mi barrio porque ellos decían que era mejor una mujer que cocinara bien y yo la prefería con carrera. Quisiera ver un mundo de mujeres liberadas. Me gustan las mujeres libres, no modelos de frustración, con capacidad de elección, libres de verdad. Y la cultura es el camino, cultivarse, no dejarse llevar. Pensé que la historia de escritoras sería un referente para mis hijas. Una mujer sin recursos culturales y económicos es más vulnerable ante la sumisión.

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–Pero el acoso nos alcanza a todas... Cierto, y debemos ser intransigentes con cualquier abuso, también con las microagresiones. Hay un micromachismo silencioso y constante que todos podemos ver si estamos atentos. Yo, además, lo sé porque mis hijas me lo cuentan. La influencia machista es muy elevada. Yo mismo solo soy un aprendiz de feminista, como dice mi mujer. Soy de los que dice que no sabe comprar pescado. Sí soy solidario, cuando veo a mi mujer entrar en la cocina, no puedo quedarme mirando la tele, entro y busco algo que hacer, pero me falta mucho. Suelo reescuchar una entrevista a Vázquez Montalbán en la que explicaba que cuando se casó se repartió las tareas con su mujer. Eran los años 60. Él era un gran cocinero.

–Como urólogo –ejerce en la Fundació Puigvert–, ¿diría que el hombre machista lo es porque obedece más a los impulsos de su aparato reproductor que a su cerebro? He dedicado años a estudiar el arquetipo, el mito que entre todos hemos construido sobre la figura del donjuán, y lo que sí puedo decir, y de hecho preparo para el próximo año una ponencia para exponer ante compañeros urólogos, ginecólogos y andrólogos, es que la actitud del hombre conquistador, promiscuo, seductor, que disfruta sometiendo a una mujer, violándola o intimidándola, esconde a un hombre débil, que contrae enfermedades y, algo peor, las transmite. El machismo debe extinguirse como los dinosaurios.

–¿Por dónde empezamos? Por cambiar miradas y valorar roles importantes como nunca lo hemos hecho. Que alguien me explique por qué una persona que domina la gestión doméstica, las compras, proveedores y educación de los hijos no merece una titulación universitaria de ama de casa. Y en Gran Bretaña y Francia, países que han hecho tan grandes revoluciones, ¿por qué allí las mujeres pierden su apellido? La sociedad tiene todavía grandes deudas con la mujer. Queda un machismo implícito aún intocable.

–Al menos la maternidad hoy ya no depende de someterse más o menos a él. Sí, y creo que 6.000 años de haber mandado nosotros ya ha sido suficiente. Pero, por favor, no nos exterminéis del todo. 

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