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Gente corriente

Eduard Verdaguer: «Envuelto con celofán, el pan es un buen regalo»

La muerte de un hijo de 20 años en un accidente de moto le hizo reorientar su vida hacia la promoción del buen pan

Óscar Hernández

Eduard Verdaguer, de Panàtics,  en una panadería.

Eduard Verdaguer, de Panàtics,  en una panadería. / RICARD FADRIQUE


Un mal día todo cambia. De repente, Sin aviso previo. Con toda su crudeza. Así es la vida. A Eduard Verdaguer Aguilà (Barcelona, 1954) le pasó en el 2007. Fue una tragedia. Después se dedicó a su pasión, el pan, que germinó en el dolor y que sirve ahora para mantener y superar el recuerdo.

Un accidente de moto.

Fue en el 2007. Había comido con mi hijo Ernest, de 20 años. Por la tarde, estaba haciendo unas fotos y me llamaron del Hospital Clínic para decirme que mi hijo había tenido un accidente de moto en la rambla de Catalunya. Un coche le golpeó por detrás y salió disparado. Se golpeó contra un autobús. Fui corriendo al hospital, pero ya tenía el presentimiento. Cuando llegué, estaba muerto. 

Madre mía.

Me recibieron con una frialdad increíble. Me subieron en un ascensor. Yo preguntaba cómo estaba, pero nadie me contestaba. Y allí me encontré a mi mujer y a mi otro hijo, de 26 años. Y Ernest estaba muerto, cubierto con una sábana. Cuando, ya de noche, salimos y cogimos un taxi para volver a casa, nos abrazamos los tres. Por primera vez Ernest no estaba con nosotros.

Duro.

Lo peor fue que en el hospital nadie me dijo nada. Ni una palabra de consuelo. Ni de apoyo. Todos muy fríos.

Pero había que seguir adelante.

En esos momentos te replanteas muchas cosas. Valoras el presente y el futuro. Pensé que tenía que hacer algo para llenarme y cambiar mi rutina. Tenía una agencia de comunicación, pero quería hacer algo con lo que honrar a mi hijo. Soy hijo de panadero y pensé en crear una entidad que premie los hornos de pan tradicionales artesanos. Así nació Panàtics, fanáticos del pan. Y con ella la fundación Ernest Verdaguer, el nombre de mi hijo, que estamos apunto de legalizar, y que es la obra social de nuestra entidad.

¿Cómo se hace obra social con el pan?

Colaboramos con entidades que cubren necesidades sociales facilitándoles nuestros productos: pan, leche, aceite... Nunca dinero. Lo hacemos por ejemplo con la Fundació Pare Manel. También facilitamos la merienda en actos públicos de esas entidades.

¿No reparten el pan o las pastas que sobran cada día al cerrar las panaderías?

Si alguien organizara la recogida con vehículos seria un éxito absoluto y todos los panaderos colaborarían. Aunque muchos ya entregan sus productos a título particular a entidades benéficas si lo pasan a buscar.

También fomentan el consumo de pan.

Desde Panàtics organizamos charlas sobre el pan. También hemos creado rutas del buen pan en Barcelona, Madrid y València. Ydamos premios al mejor pan, como La Llesca d’Or y La Miga d’Or. Mucha gente no sabe qué son la masa madre o la larga fermentación, ni que esos panes son más saludables que los de producción industrial.

El pan de toda la vida.

Ahora es mejor que el de antes. Las harinas son mejores, Y la técnica. Y se nota. Cuando pruebas un buen pan es como una droga, te engancha.

Recomiende el mejor.

Para mí el de payés, pero en piezas grandes, de uno o dos kilos. Yo lo corto en casa con rodajas muy gruesas. Lo tomo con aceite y sal, o con tomate, o un poco tostado con ajo y aceite. Puede aguantar tres días sin congelar si lo mantienes en una bolsa de algodón, como las bolsas del pan de antes, nunca de plástico.

Más sugerencias.

Cuando me invitan a comer a casa de alguien yo no llevo vino. Llevo un buen pan. Y la gente lo agradece. Y si lo envuelves con celofán y le pones un lazo, mucho mejor.  Es un buen regalo.

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