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Miriam Salinas: "¡Alimenta tus emociones y reducirás tu hambre física!

Vivir la bulimia en primera persona la ha llevado a asesorar a las personas para que dietas y deporte sean vividos como salud y no obsesión

Carme Escales

Miriam Salina, que sufrió un trastorno bulímico, ahora enseña a comer saludablemente.

Miriam Salina, que sufrió un trastorno bulímico, ahora enseña a comer saludablemente. / JOAN CORTADELLAS

Compitiendo en piscinas de toda España y en Europa de los 10 a los 20 años, Miriam Salinas (Barcelona, 1978) aprendió a creer en la fuerza de la mente y de su físico. Así llegó a su primer campeonato europeo. Tenía 17 años. Pero hoy sabe que sus medallas obedecían más a la proyección que la sociedad hace sobre un deportista de élite que al deseo de aquella niña que se hizo mujer nadando. En ese cambio tonteó con la bulimia y en el paréntesis de su cura entendió que la fuerza de la mente sin conexión con el interior nos lleva a viajes que ni elegimos ni guiamos.

–¿Cómo describe el trastorno que vivió? Como en toda actitud compulsiva, intentas llenar un agujero interior, un vacío emocional con algo. Puedes hacerlo comprando lo que no necesitas, bebiendo alcohol o tomando drogas, llenando tu existencia con trabajo y actividades viviendo siempre en un no parar, o comiendo. Pero tu agujero interior nunca, con nada de eso, se llena.

–¿Cómo lo logró llenar finalmente usted? Con mucha presencia, cambiando el foco de mi atención. El cerebro es un Google, tú eliges qué enfocar. Yo aprendí a enfocarme a mí misma, a valorar cada emoción, lo que vivía, a valorarme por quién soy y no por mis logros. Tampoco le daba el verdadero valor a mis medallas. Venía de una autoexigencia muy bestia. Para una niña de diez años, levantarse cada día a las 5,30 horas y entrenar tres horas antes de ir a clase solo se premiaba en el podio. No me cuestioné nada hasta que el trastorno alimentario me hizo parar. Tras meses de tratamiento retomé la natación, pero ya no fue igual, no me dejaba llevar por lo que se esperaba de mí.

–¿Tomó entonces las riendas de su vida? Sí. Dejé la natación en mi mejor momento competitivo, pero fue porque mentalmente ya no quería estar ahí. Ya no me motivaba. Estudié Arquitectura Técnica. Los estudios me parecieron preciosos, pero vi que la realidad del trabajo no iba conmigo. En aquel contexto tampoco me sentía yo.

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–¿Qué le faltaba? Faltaban mujeres trabajando a mi lado. Siempre me iba a desayunar con las secretarias y comerciales que sí eran mujeres porque el resto del tiempo solo estaba con arquitectos, todos hombres. Y ahora sé que también echaba en falta hacer algo con mi cuerpo. Necesitaba conectar más conmigo misma, con quién era Miriam. Y me fui a Brasil un año, con mi pareja. Trabajé de monitora de inmersión y en un restaurante de comida ecológica. Y allí conecté.

–¿Con qué? Con la vida que quería llevar. Luego estuve en Asia y conocí la comida tailandesa. La guinda fueron tres años de teatro terapéutico en la Escuela Laboratorio de teatro experimental consciente de Jessica Walker en Barcelona. Trabajé la parte corporal conectada a lo que soy y lo que deseo.

–Y de ayudarse, a ayudar con físico, alimentos y psique (www.miriamsalinas.com). Ayudo a trabajar lo que considero las cuatro patas que sostienen la mesa del bienestar: nutrición, gestión de emociones y pensamientos, deporte y cocina saludable.

–Pero, ¿Nutrición y cocina saludable no son parte de una misma pata? Nutrición es lo que necesita nuestro cuerpo. Cocina saludable son herramientas para seguir dándose placer al comer sin ganar peso, para que el tránsito de comer mal a adelgazar y mantenerse no sea duro. Y, aunque no se necesite adelgazar, que comer sano no sea sinónimo de castigo.

–Volviendo al agujero, ¿Ese vacío interior es el responsable de los quilos de más? Hay muchas maneras de nutrirse, con el trabajo, con los amigos, con la pareja y familia, todo eso nutre las emociones. Comemos por ansiedad tratando de nutrir emociones con comida. ¡Alimenta tus emociones y reducirás tu hambre física! 

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