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Gente corriente

Sara Sarbosa: "Aún existe el concepto del patrón cachas y barbudo"

En el relato idealizado del medio marítimo, la mujer ha sido sirena o pirata. Ahora las obreras del mar piden la palabra.

Gemma Tramullas

Sara Sarbosa: "Aún existe el concepto del patrón cachas y barbudo"

DANNY CAMINAL

Hace siete años que trabaja en el puerto de Barcelona, concretamente en el muelle Evaristo Fernández, donde están los remolcadores que arrastran buques mercantes de hasta 400 metros de eslora. Sara Sarbosa Ribot (Barcelona, 1987) ha sido una de las profesionales de la marina invitadas a la primera mesa redonda del proyecto Dona’m la mar en el Museu Marítim, un ciclo que incorpora la voz de la mujer al relato marítimo. 

–Ni sirena ni pirata. Trabaja en un remolcador y recogiendo residuos en una gabarra. Por eso he querido hacerme la foto con el casco. Soy una currante del mar.

–¿Dice que es marinero o marinera? Marinero.

–¿Qué pone exactamente en su currículo? Patrón de altura y mecánico mayor naval de la marina mercante. Estoy de marinero en un remolcador y de patrón y jefe de máquinas en una gabarra. 

–El puerto sigue siendo un ámbito muy masculino. Pero cada vez hay más mujeres. En mi empresa hay tres mujeres más que están de marineros y mécanicos. Es fundamental que haya mujeres en los cargos importantes y hay muchas chicas estudiando para ser capitán o piloto de la marina mercante, pero también tiene que haberlas en trabajos de marinero y considero que aún hay pocas.

–¿Por qué? Las chicas jóvenes que quieren dedicarse a esto deberían tener más apoyo de su entorno y las empresas deberían acostumbrarse a ver a mujeres embarcadas. Hacemos exactamente el mismo trabajo que nuestros compañeros y cobramos igual. 

–¿Su presencia aún causa sorpresa? Puede que a alguien se le hayan roto los esquemas porque aún existe el concepto del patrón cachas y barbudo, pero al cabo de unos días de verte trabajar se acostumbran. No me considero pionera en este sector, pero mi granito de arena ha sido romper algunos estereotipos en el día a día.

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–¿Tiene algún familiar marinero? ¡Qué va, si mi familia es de Martinet de la Cerdanya! Estudiaba en el instituto Icària de Poblenou y empecé a navegar en plena edad del pavo gracias a una extraescolar. Tenía mis crisis adolescentes y salir a navegar era un desahogo. Cuando subo a un barco se me quitan todos los malos rollos. A los 18 años decidí que el mar era lo mío. 

–¿La falta de referentes femeninos en el sector nunca frenó su vocación marítima? He tenido momentos de duda. En la escuela de náutica un profesor nos dijo, con la mejor intención, que a las mujeres nos costaría encontrar trabajo, pero ninguna nos echamos atrás. Y trabajo hay.

–¿Le han cerrado puertas por ser mujer? No le diré que no, y es muy injusto, pero tampoco quiero darle importancia. Soy muy positiva; el no ya lo tengo y voy a por el sí. Cuando le pregunté a mi jefe por qué me había contratado me dijo: «Estabas tan motivada que no te podía decir que no». 

–Tenemos una idea romántica del mar en la que su profesión es casi invisible. Yo empecé en el mar por ese espíritu de aventura. Me enrolé en yates y veleros, he navegado mucho y he vivido temporales brutales. También he competido en regatas donde era la única mujer patrón. Al final esto se me hizo repetitivo y cada vez me atraía más la parte de las maniobras. Con un remolcador puedes hacer virguerías y mi objetivo es ser patrón de remolcador, que siempre han sido hombres.

–Seguro que lo consigue. Las cosas están cambiando muy rápido.De niña jugaba mucho a los playmobil, pero solo había dos personajes femeninos y eran los más sosos. Ahora hay mujeres piratas, atletas, mecánicos, veterinarias... ¡Tenemos que hacer lo que nos guste! 

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