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Gente corriente

Jaume Almirall: "Quería tener a Joana a mi lado para siempre"

Se enamoraron en 1947 y entre ellos se interpuso un océano y medio siglo de silencio. Su amor nunca se extinguió

Gemma Tramullas

Jaume Almirall: "Quería tener a Joana a mi lado para siempre"

FERRAN NADEU

A primera vista, Jaume Almirall (Barcelona, 1924) y Joana Barrós (Barcelona, 1925) tienen poco en común, aparte de una estatura considerable. Él es inquieto, sociable y de abierta carcajada; ella en cambio es más sosegada, observadora y dueña de una fina ironía. Sin embargo, comparten una historia de amor de película. Su relación arrancó en 1947 y, tras un paréntesis de más de medio siglo, acabó en boda cuando él tenía 79 años y ella 78. Emília Illamola ha recogido su historia en 'Cabrils, Sao Paulo, Barcelona. Un amor pendent' (Voliana Edicions). 

–¿Qué impresión tuvieron al conocerse?
–Jaume Almirall: Fue en septiembre de 1947, en una excursión de la Unió Excursionista de Catalunya (UEC). Aún conservo el retrato que le hice aquel día. Ella era  muy alta y tenía unas piernas preciosas. Vestía pantalón corto, que entonces era poco habitual. Era una mujer avanzada a su tiempo. 
–Joana Barrós: Él no estaba mal, aunque los había más guapos[sonríe]. Me gustó su manera de ser. Era, y es, una buena persona.

–Se enamoraron y se comprometieron.
–J.A.: Entonces todo el mundo quería irse de España porque no había ni comida y pensamos en emigrar juntos. Pero solo conseguí un contrato de trabajo para mí en Argentina y decidimos que, en cuanto yo me afianzara, haríamos los papeles para que ella viniera.

–Joana esperó tres años.
–J.B.: Demasiado tiempo... Lo pasé muy mal.
–J.A.: La vida del emigrante no es fácil. De Argentina pasé a Uruguay, donde viví dos años como ilegal, y desde allí era muy difícil arreglar los papeles.

–Cansada de esperar, Joana rompió el compromiso y dejó de escribir cartas.
–J.A.: Volví a Barcelona para convencerla, pero no arreglé nada. No tenía que haberme ido. Fue el error de mi vida.
–J.B.: Él dijo algo que me confirmó que todo había terminado. Con el tiempo el disgusto pasó y aquellas palabras se archivaron.

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–La vida siguió. Jaume se casó, se mudó a Brasil y  tuvo hijos; Joana nunca se casó.

–J.B.: Pasé una vida muy ocupada con el trabajo. Las personas somos vulgares, nuestras vidas no tienen tanta sustancia. Eso sí, fui una soltera convencida. No quería casarme si no era una entrega total. 

–¿Como la que sintió con Jaume?
–J.B.: Me había negado a casarme con él, pero en el fondo tenía la esperanza de que fuera que sí. Si no se hubiera vuelto a ir...

–Cincuenta años después, en el año 2000, Jaume quedó viudo y vino de visita a Catalunya.
–J.A.: Enseguida fui a buscarla, aunque dar con ella no fue fácil porque no recordaba su dirección. La encontré en unos archivos de la UEC llenos de polvo y corrí para allá.

–¿Qué se encontró?
–J.A.: La casita de Horta estaba igual, incluso el banquito donde 'festejàvem' seguía allí, pero no había nadie. Llamé a la puerta de la vecina: "¡Usted era el novio de Joana!", dijo al verme. Me hizo pasar, me contó que ella ya no vivía allí y la llamó por teléfono.

–¿Qué sintió al oír la voz de Jaume?
–J.B.: Le reconocí enseguida y sentí una curiosidad tierna: "¿Qué habría sido de él?". Vino a verme a casa y algo se removió por dentro. Volvió en 2001 y en 2002. 
–J.A.: No podía dejarla sola y tampoco podía estar viniendo cada año desde Brasil, así que le pedí que nos casáramos. Quería tener a Joana a mi lado para siempre.

–Se casaron el 26 de julio de 2003. 
–J.B.: Quizá siempre estuve enamorada de él. ¿Por qué nos enamoramos de una persona y no de otra? No lo sé, será el destino.
–J.A.: Joana tiene un temperamento muy dulce, nunca levanta la voz y te habla con la mirada. La lleno de besos cada día y le digo cosas bonitas en portugués, como 'meu bem' que significa "la que me hace bien".