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GENTE CORRIENTE

David Iglesias: «La transferencia de las emociones se aprende, no es inherente al género»

Enfermero del Hospital del Mar, premiado por la Societat Catalanobalear d'Infermeria como Jove Talent en el área de gestión

Carme Escales

David Iglesias: «La transferencia de las emociones se aprende, no es inherente al género»

RICARD FADRIQUE

David Iglesias (Barcelona, 1982) no sentía curiosidad por las enfermedades ni por cómo resolverlas, sino por la respuesta de las personas a los problemas de salud. Lo humano y emocional tomaba relieve por encima, o junto a, cualquier patología. En unas jornadas de puertas abiertas en escuelas de enfermería vio la luz de su camino profesional: acompañar y cuidar a la persona mientras otros se ocupan de curarla. La Societat Catalanobalear d’Infermeria acaba de premiar su ejemplar labor de gestión. El reconocimiento pone de relieve una profesión que, como el aire, que ventila y refresca, está en todas partes, aunque la mayoría no la ve. 

–¿Qué vio usted en la enfermería? Una palabra fue clave para mí: cuidar. En catalán, tenir cura, es aún más amplia y exacta. Cuidar abarca todas las esferas de la persona, y eso iba más allá de lo que yo sabía de la enfermería, que era básicamente una profesión de mujeres que administraban medicación y tomaban la tensión. 

–Sin embargo, ¿qué más es su profesión? Es muy transversal, está presente en centros de asistencia primaria, hospitales; empresas y escuelas. Nuestro rol es muy amplio, estamos en todas las etapas de un paciente. Somos muy polivalentes, la enfermería dejó atrás ser solo ayudante técnico. Ahora hacemos pruebas diagnósticas; colocamos catéteres; hay enfermeras de anestesia en el quirófano... No somos minimédicos, sino una enfermería profesionalizada que no olvida ni pierde sus orígenes.

–¿El cuidado de la persona? Sí. Cuando dejemos de entender qué significa cuidar, dejaremos de ser enfermeras. No debemos perder de vista nuestra misión, holística. Un paciente se curará o no, pero le acompañaremos en todo su proceso, en un continuo ir y venir de emociones.

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–Veo que feminiza el plural de la profesión. Sí. Yo soy enfermero, pero el colectivo sigue siendo mayoría de mujeres. En el argot social somos enfermeras, y yo muy orgulloso por ello. La transferencia de las emociones, cuando un paciente te necesita, no es inherente al género, eso se aprende, y no en la escuela de enfermería, sino trabajando, es inherente en la profesión. Yo solo tuve un profesor y era médico. A mí, la discriminación positiva por el hecho de ser un hombre en una profesión aún muy femenina, me ha abierto muchas puertas. 

–¿Cuáles fueron las primeras? Las de una residencia de gente mayor. Yo tenía 18 años, trabajaba de noche y estudiaba en la Escola Superior d’Infermeria del Mar-Parc de Salut Mar. Luego estuve cuatro años en el 061 y después entré en el Hospital del Mar, primero en consultas externas, luego en planta y después sentí que me motivaban mucho la gestión y el liderazgo. Hoy soy jefe de la unidad de enfermería en el ámbito de las neurociencias. 

–¿No añora el contacto con el paciente? Al principio fue como un destete, luego entiendes que es la hora de otra misión, y no descarto regresar a la asistencia en un futuro porque ese contacto con el paciente no se suple. Ahora me compensa saber que mi tarea diaria tiene repercusión en él, desde la innovación y la investigación impulsamos mejoras, y empujamos cambios. Es un privilegio imaginar y proponer.

–¿Qué sueños tiene para la enfermería? Que una enfermera o enfermero pueda dirigir un hospital y tengamos más presencia en el ámbito político, con ministros y consellers que lo sean, para influir en la mejora social desde políticas sanitarias. Y que se haga investigación desde y para la enfermería, y se visibilice más socialmente. 

¿Y a su premio qué significado le da? Adoro mi trabajo, soy muy feliz haciéndolo, y este premio –candidatura propuesta por compañeros y su jefa sin que él lo supiera–, me confirma que lo que siento se percibe. Es un doble premio para mí.

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