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GENTE CORRIENTE

Patricia Cancelo: «Quiero que la gente juegue con mis esculturas»

Es una de las pocas mujeres escultoras especializadas en hierro en Catalunya

Manuel Arenas

Patricia Cancelo: «Quiero que la gente juegue con mis esculturas»

JORDI COTRINA

Patricia Cancelo (Vigo, 1971) no esculpe hierro: esculpe la realidad. La observa, la filtra y la sintetiza en una superficie de tres dimensiones. En su taller de Barcelona, coge un barco sin vela y lo empieza a balancear: las obras de Cancelo respiran cuando les das oxígeno. Representa, dice, su indignación el pasado 1 de octubre al ver cómo ancianos eran agredidos: "Como el país, sin vela y tambaleándose". Con su nervio e ilusión particulares, la escultora explica su lucha constante por hacerse un hueco en un sector ampliamente masculinizado.

-¿Por qué el hierro?

-El año 2000 me ofrecieron una beca para un curso monográfico de cómo trabajar el hierro y desde el primer día me magnetizó. ¿Sabes a los de los coches de carreras, que les pone el caucho? Pues yo por la calle voy oliendo hierro: parezco una adicta. Te permite jugar con formas geométricas, concéntricas, con ángulos...ahora no puedo vivir sin él.

-¿Es común en el sector?

-Lo que no es común es que la mujer trabaje el hierro. Yo sólo conozco una personalmente y otra que me han hablado de ella.

-¿Cómo llega a la idea detrás de cada pieza?

-Parto de lo que veo en mi día a día: a través del arte transmito sentimientos. Primero cojo materiales pequeños y tengo una conversación en silencio con ellos hasta que algo se activa. Luego recreo la forma en el tamaño que quiero.

-¿Qué dificultades ha tenido?

-Muchísimas. Una es el machismo del sector: he visto cómo a compañeros les daban la oportunidad de hacer entrevistas de trabajo y a mí no. Me decían que los materiales eran muy pesados para mí, que se trabajaba a temperaturas muy altas...y ni siquiera podía demostrar lo que sabía hacer. Hoy, cuando voy a la ferretería a comprar materiales, me siguen tratando como si no supiera cómo funcionan y me tuvieran que proteger, algo que me da mucha rabia. Otra es que, por desgracia, las galerías siguen exigiendo exponer primero fuera del país para hacerte caso aquí.

-Su obra ha llegado hasta el Guggenheim

-Sí, conseguí que se vendiera en el punto de venta del museo. Pude concertar una entrevista con ellos y me planté en Bilbao con un carrito de la compra con mis obras. Les gustó y me hicieron un encargo para vender una colección de joyas, que eran mis esculturas en miniatura.

-¿Qué diferencia a su obra de las otras?

-La interacción: quiero que la gente juegue e interactúe con mis esculturas. No son estáticas: busco que tengan movimiento y que cada persona pueda recolocar y mover piezas para conformar su propia escultura. Con ciertos límites, claro, para que la obra no se deteriore, pero busco que la gente se haga suya la pieza hasta formar parte de ella. Así es como se empatiza con el artista.

-Le he escuchado decir que sus obras son como sus hijos.

-El arte es egoísta: si quiero sacar esto adelante, tengo que trabajar mucho y sola. No he tenido hijos y digo que mis piezas lo son porque son únicas: por ellas he llorado y en ellas invierto mi dinero, mi tiempo y mis ilusiones.

-¿Qué importancia le da a sus premios?

-Tanto el Sant Jordi (2017) como el Ciudad de Barcelona (2016), que me hicieron muchísima ilusión como reconocimiento a años de trabajo, me han abierto puertas y me han ayudado a tener visibilidad.

-¿Se puede vivir de la escultura?

-Yo no lo acabo de conseguir: he ido trampeando con otros trabajos muchos años. No es imposible pero sí muy difícil: hay meses que puedes cobrar 5.000 euros por una exposición, pero luego estás tres sin ingresar mientras sigues trabajando y comprando materiales que no son baratos.