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Gente Corriente

Bruno Valls: "De África me llevé la frase 'ça va aller', todo irá bien"

Fruto de sus viajes a África con Marionetes Nòmades, dirige una obra de títeres sobre la sumisión de la mujer.

Gemma Tramullas

Bruno Valls: "De África me llevé la frase 'ça va aller', todo irá bien"

LUAY ALBASHA

El títere de talla humana de la fotografía se llama Assata y su expresión concentra toda la resignación y la esperanza de generaciones de mujeres africanas destinadas a satisfacer matrimonios polígamos. La crítica de género mueve los hilos de Gri-Gri,  un espectáculo inspirado en las vivencias africanas de la compañía Marionetes Nòmades. Dirigida por Bruno Valls (Vilafranca, 1987), la obra  se estrena en el Festival de Titelles per Adults Ròmbic (viernes 6, a las 20 horas en el Ateneu Popular 9 Barris de Barcelona). 

–Marionetes Nòmades combina la creación artística con el trabajo social. Creamos la compañía en 2012 con la intención de llevar espectáculos, talleres y formación de títeres a lugares donde tienen un acceso limitado a este género. Hemos estado actuando en pueblos, escuelas, orfanatos y hospitales de Burkina Faso, Haití y Líbano. También hemos grabado dos cortometrajes sobre titiriteros de allí.

–¿Cómo recuerda su primer viaje a África? Raquel Batet, Pere Bigas, Elena Molina y yo recorrimos Burkina Faso durante mes y medio. Una de las experiencias más mágicas fue en Oury, un pueblo de casas de adobe y paja donde los niños nos seguían por la calle gritando "¡tubabu, tubabu!",  que significa hombre blanco. Allí vimos un festival animista en el que hombres con máscaras de madera bailaban y caían en estado de trance.

–¿Todas estas vivencias inspiran Gri-GriSí, y también la experiencia de Raquel, que trabajó como enfermera en Benín y conoció a mujeres de matrimonios polígamos. Todo lo que vivimos ha alimentado el espectáculo, incluso cuando yo caí enfermo de malaria y un chamán sacrificó una cabra que luego nos comimos. De hecho, gri-gri significa amuleto.

–¿Qué se trajo de África? La energía y la calidad de las relaciones humanas. Aquí tenemos apego a lo material, mientras que allí viven con muy poco y la esencia de la vida consiste en cuidar al que tienes cerca. Mientras estuve en el hospital con malaria cada día venía gente a preguntarme cómo estaba. De África me llevé una frase: "Ça va aller", todo irá bien.

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–¿Ha podido conservar esa actitud? Intento conservarla por dentro, aunque a mi alrededor el ritmo es frenético y ahora más por los nervios del estreno. En África también decían que ellos tienen el tiempo y nosotros, los relojes.  Yo me siento privilegiado por poder trabajar en la Casa-Taller de Marionetas de Pepe Otal. Es una burbuja en la que todos estamos inmersos en nuestro proceso pero nos alimentamos mutuamente. 

–Aquí han construido a las protagonistas de Gri-Gri: Néeré y Assata. Néeré es la esposa joven que se rebela al destino que le han impuesto y acude al chamán para que le dé un amuleto que la ayude a salir de la relación polígama. Assata es la mujer mayor, que vive el día a día de forma resignada pero tiene un punto protector con la mujer joven porque se ve reflejada en ella.

–¿Su crítica a la sumisión de la mujer se limita a África? No, es una realidad global que en este caso está ambientada en África porque la experiencia nos marcó, pero que también se vive aquí de otras maneras. Nosotros no queremos aleccionar a nadie, somos conscientes de nuestra situación privilegiada como blancos, pero también somos testigos de violencia contra las mujeres.

–Se ven pocos títeres para adultos. Los títeres sufren el estigma de ser considerados un género infantil. Nosotros hemos actuado durante los últimos seis años en los cinco continentes con un espectáculo familiar, El tesoro del pirata, pero en Gri-Gri hay mucha tensión y no es conveniente para menores de 12 o 14 años. 

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