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Pere Guerra: "Mi mayor ilusión sería descubrir un exoplaneta"

Fue un exitoso empresario del sol, pero ahora estudia el espacio y las estrellas desde el Observatori d'Albanyà.

Gemma Tramullas

Pere Guerra: "Mi mayor ilusión sería descubrir un exoplaneta"

ICONNA / GLÒRIA SÁNCHEZ

Pere Guerra (Roses, 1985) es la cuarta generación de una familia de empresarios del Empordà. Su bisabuelo y su abuelo se dedicaron al negocio del vino y posteriormente su padre transformó la empresa en una distribuidora de cerveza. A los 15 años, Pere le hizo una pregunta a su padre que confirmaba que había heredado el espíritu emprendedor: "Papá, tú has contaminado mucho. ¿Por qué no apuestas por la energía solar?". 

–¿Le dijo que su padre que contaminaba? Sí. Yo estudiaba bachillerato y en clase de tecnología nos habían enseñado la conversión de la energía solar fotovoltaica. Era la época de Al Gore y Una verdad incómoda; todo el mundo hablaba del protocolo de Kyoto. ¡Y mi padre había tenido 150 camiones!

–¿Y le escuchó? En 2003 montó la primera instalación industrial de energía solar del Estado, en Fornells de la Selva. 

–Fue un pionero. Años después creamos una empresa de placas solares que fue la pyme de más crecimiento en 2008. En España, 62.000 familias confiaron en el sector por el incentivo que daba el Estado para producir energía limpia. Pero al final aniquilaron la industria para dársela a los cuatro caciques de siempre.

–Muchas familias se arruinaron. Tuvimos que vender dos casas para salir adelante y me metí en las asociaciones de defensa del sector. Llegué a representar a 4.300 familias. Me sentía como Don Quijote peleándome contra molinos gigantes, que en mi caso eran multinacionales.

–Terminó sus estudios de ingeniería informática en Harvard. Primero no me aceptaron por  mis notas, pero volví a pedir el ingreso explicando mi trayectoria empresarial y entonces respondieron: "¿Podría confirmar que ha instalado más potencia solar fotovoltaica usted solo que todo el estado de Massachusetts?".

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–¿Era cierto? Sí. No sé si es más mérito mío o demérito del estado de Massachusetts, pero el caso es que me aceptaron. De niño tenía un telescopio y había visto la película Apolo XIII, que me condicionó para ser ingeniero. Para mí Harvard era Kennedy y el discurso del viaje a la luna. Allí hice un curso de astronomía, vi Saturno y seguí los lanzamientos de transbordadores espaciales. 

–Reconectó con su vocación infantil. Al volver de Estados Unidos restauré mi telescopio y buscando cielos oscuros acabé en el cámping Bassegoda Park de Albanyà. Lo lleva mi hermano, que cambió la iluminación para preservar el ecosistema y ahorrar energía. Albanyà está rodeado de una masa forestal que hace de muralla contra la contaminación lumínica. A menos de dos horas de Barcelona tenemos un oasis natural donde se puede ver la Vía Láctea.

–Desde aquí dirige el Observatori d’Albanyà (www.observatorialbanya.com). Abrimos en julio de 2017 y somos el primer parque internacional de cielo oscuro del Estado reconocido por la International Dark Skies Association. Queremos ser un centro de divulgación de la ciencia y la astronomía, lo que a mí me faltó de niño.

–Ofrecen un "bautizo astronómico". Es un viaje sensorial a través del espacio y del tiempo que hemos diseñado con el astrofotógrafo Juan Carlos Casado y con Pep Sala, el compositor de Boig per tu que, por cierto, está dedicada a la luna. Con su música de fondo, la gente ve imágenes en directo captadas por el telescopio, como los colores de las nebulosas, galaxias que están a 20 millones de años luz. 

–¿Qué busca usted en el firmamento? Mi mayor ilusión sería descubrir un planeta fuera del sistema solar y que, cuando yo ya no esté, digan: "Este exoplaneta lo descubrió Pere Guerra". 

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