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GENTE CORRIENTE

Sylvia Arthur: «Sí, soy una mujer británica, pero también soy negra»

Esta joven londinense conversa sobre Barcelona, una biblioteca en Ghana y la integración de las minorías en Europa

Gemma Tramullas

Sylvia Arthur: «Sí, soy una mujer británica, pero también soy negra»

FERRAN NADEU

Sylvia Arthur (Londres, 1977) nació en Gran Bretaña, adonde sus padres emigraron desde Ghana. Londinense de los pies a la cabeza, su actividad está marcada por esa doble identidad británica y negra y por un amor inmenso a los libros, que son sus armas para luchar contra los prejuicios. Este jueves, a las 19.00 horas, presentará en la biblioteca Vila de Gràcia de Barcelona su iniciativa de abrir dos bibliotecas en Acra, la capital de Ghana.  

–¿Por qué esta presentación en Barcelona? Barcelona tiene un lugar especial en mi corazón. En el 2014 hice una residencia artística en la Associació Jiwar y coincidió con la fiesta de los libros de Sant Jordi. ¡Jamás había experimentado algo igual! Me enamoré de la ciudad por su ambiente cultural.

–¿Cómo se puede apoyar su proyecto? En diciembre abrí una biblioteca en Acra y siempre me pedían libros infantiles que no tenía. El hijo de una amiga mía de Londres ha donado 300 libros y yo he comprado otros 1.000 y, como en el local actual no caben, he iniciado una campaña de micromecenazgo para reunir dinero y alquilar otro espacio. La dirección es: igg.me/at/libreriakids.

–¿Cómo se le ocurrió la idea? En el 2010 me mudé de Londres a Bruselas por trabajo. Allí me sentía muy sola y me refugié en la lectura. En cuatro años compré 1.300 libros, la mayoría de segunda mano y de mucha calidad. Como no me cabían en el piso los mandé a casa de mi madre, en Acra, y en cuanto tuve tiempo y dinero alquilé un local para ponerlos a disposición de la gente. Así fue como nació la biblioteca Libreria.

–La suya es la única biblioteca de la ciudad que tiene servicio de préstamo. En Acra hay muchas bibliotecas de referencia, donde puedes sentarte a leer pero no llevarte los libros a casa. Las bibliotecas dejaron de ofrecer el servicio de préstamo porque la gente no devolvía los libros.

–¿Y usted cómo evita que desaparezcan? Para llevarte libros de la Libreria hay que ser socio. La cuota es de 9 euros al mes y cuando coges un libro en préstamo dejas un depósito que se reembolsa cuando lo devuelves. 

–¿Cuál es la sección más popular? La de escritores africanos, que no se encuentran en la mayoría de bibliotecas porque los libros son muy viejos o son donaciones de poco interés. Coincidiendo con el referéndum del 1 de octubre también monté una pequeña sección sobre Catalunya.

–¿Ah sí? ¿Y qué libros tenía? Homage to Barcelona, de Colm Toibin; Homage to Catalonia, de George Orwell; What’s up with Catalonia?, de Liz Castro, y Ghosts of Spain, de Giles Tremlett.

–¿Por qué se sintió tan sola en Bruselas? Trabajaba asesorando a la Comisión Europea sobre la libre circulación de personas, pero nunca fui aceptada del todo por mi entorno; siempre fui la extraña, la distinta, por ser negra. Yo y mis amigos de la Europa del Este éramos los parias. Tampoco vi negros ni marroquís trabajando en bancos, por ejemplo. He reunido muchas de estas vivencias en el monólogo Obama and me (Obama y yo), que yo misma interpreto.

–¿En el Reino Unido la situación es mejor? La integración de las minorías está más avanzada. Yo allí soy una británica negra, mientras que en Francia solo podría ser francesa. Muchos escritores critican que en las librerías de Gran Bretaña haya una sección de autores británicos negros, pero a mí no me parece mal. Sí, soy una mujer británica, pero también soy negra, y eso forma parte de mi experiencia única; no veo el problema en reconocerlo. 

–Desde el verano pasado vive en Acra. Antes sentía que me faltaba una pieza del puzle de mi identidad, pero ahora me siento conectada con mi gente y en paz. En Ghana no siento la opresión que supone ser parte de una minoría en Europa.

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