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Gente corriente

Roser Ferrando: «Quería ver a mi familia unida, aunque fuera por una vez»

Los nazis mataron a su padre en el campo de Mauthausen-Gusen y esa ausencia marcó su vida.

Gemma Tramullas

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Nuria Puentes

Las 'stolpersteine' son unas piedras de hormigón en forma de adoquín que en su cara superior tienen una plancha de latón con los datos personales de víctimas del nazismo. El artista Gunter Demnig las coloca en el pavimento, frente al último domicilio conocido de los muertos y desaparecidos, como reconocimiento. Hay más de 60.000 'stolpersteine' en Europa y hoy se colocarán 23 en Sabadell, en un acto organizado por el Memorial Democràtic y el ayuntamiento. Una de las stolpersteine lleva el nombre de Emili, Miliu, Ferrando Rosell, el padre de Roser Ferrando.

–Esa foto con sus padres  y su hermano... No es real. Yo nací en 1937 y era un bebé  cuando mi padre se fue a la guerra. Pero  deseaba ver a mi familia unida, aunque solo fuera por una vez, y por eso hice este fotomontaje con cuatro fotos nuestras por separado y se lo  regalé a mi madre. 

–Usted quedó marcada por esa ausencia. Mi madre, que trabajaba de criada, se quedó sola conmigo y con mi hermano, que era epiléptico y murió con 30 años. Siempre veía llorar a mi madre. Mi infancia fue exageradamente triste. En casa no había dinero, ni comida. Pasaba muchas horas sola y todo me daba miedo. Tuve problemas de conducta, me sentía inferior a los demás, pero de mayor me he sentido muy querida.

–Su padre se alistó voluntario para defender la República en el frente de Aragón. Así aparece escrito en varios artículos, pero lo único que sé es que se exilió a Francia con los republicanos, porque recibíamos cartas de allí. Conservo dos, fechadas en 1939 en los campos de Saint-Cyprien y Le Barcarès.

–«Cuando vuelva a casa te contaré más cosas [...] No tardaré», escribe su padre.  Durante más de 20 años no supimos nada de él, hasta que en 1962 nos llegó una carta de un tal José Rodés desde París. Nos pedía unos papeles para que pudiéramos cobrar una indemnización del Estado alemán.

–Así fue como supieron que había muerto en Mauthausen-Gusen. Mi madre y yo no entendíamos nada, era como un sueño. Poco a poco supimos que lo apresaron durante la ocupación nazi de Francia y lo llevaron a Alemania.

–Nadie podía devolverle a su padre, ¿pero el dinero les ayudó? Pudimos pedir una hipoteca y comprarnos una casa para ir arreglándola poco a poco. Yo he tenido siete hijos y he trabajado cosiendo sin parar toda la vida. 

–Su padre entró en Mauthausen el 27 de enero de 1941 junto a 1.505 republicanos. A los presos los mataban a trabajar y cuando enfermaban los mandaban al campo vecino de Gusen, donde los quemaban. A él lo mataron en Gusen el 4 de julio de 1941.  ¿Cómo puede haber tanta maldad?

–Usted ha estado en Mauthausen-Gusen. Me daba un poco de reparo ir, pero quería ver el crematorio donde murió. Fui por primera vez en el 2000 y allí mismo leí una carta que le había escrito a mi padre.  

–¿Podría leer el primer párrafo? Claro: 'Estimat pare, jo mai no he parlat amb tu i he pensat, ni que fos tard, que podria parlar-te amb una carta, malgrat no saber la teva adreça. En tot cas, la carta guardaré i quan bé em sembli, amb veu alta, la llegiré per si tu, allà on siguis, la meva veu pots sentir'.

–¿Volverá a aquel lugar terrorífico? He estado tres veces, la última vez con cuatro hijas, y me gustaría volver con mis nietos. Es importante que los jóvenes lo vean.

Roser desarrolló una gran sensibilidad que ha canalizado escribiendo poesía. Así termina su poema titulado Mauthausen:' Que cap vent mai no s’endugui / de la memòria aquell record. / Fem-ne ressò a tot el món. / No fos cas que la llavor / d’aquella immensa massacre / volgués créixer un altre cop'.

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