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GENTE CORRIENTE

Guillem Riba Rossy: «Nunca sabrás si puedes hacer algo si no lo intentas»

Este joven barcelonés defiende el derecho de las personas con inteligencia límite a demostrar sus diversas capacidades

Gemma Tramullas

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CARLOS MONTAÑÉS

El cociente intelectual no define a las personas, pero determina las oportunidades que tendrán en la vida. La Associació Catalana d’Integració i Desenvolupament Humà (acidH) de Barcelona trabaja con personas que tienen un cociente intelectual justo por debajo de lo que se considera normal y déficits en la capacidad adaptativa que pueden pasar inadvertidos a simple vista. Guillem Riba (Barcelona, 1988) tiene inteligencia límite y entrar en la acidH le cambió la vida.
 
–¿Qué entiende usted por inteligencia? Todos tenemos habilidades propias y, tengamos o no discapacidad, tengo claro que somos inteligentes en diversas cosas.

–Si Trump pasara un test de inteligencia le saldría un cociente intelectual alto, y ya ve. Lo he pensado varias veces. ¿Cómo pueden ciertas personas llegar a ser líderes?

–¿Cuándo fue consciente de que las cosas le costaban más que a los demás? A los 4 años apenas me tenía en pie, pero los niños de mi clase eran más altos que yo y ya corrían. Me costaba seguir su ritmo.

–Iba más lento, pero logró sacarse la ESO. Los profesores hablaban rápido y si no lo entendías, te aguantabas. Fue una época estresante, pero pude acabar la ESO adaptada. Hacía casi lo mismo que todos, pero más fácil, y los exámenes eran orales. Mi padre, que es muy paciente, me ayudaba a estudiar.

–¿Qué tal la relación con los compañeros? Había el típico que te chinchaba y te arruinaba la vida, pero bueno... En la ESO coincidí con recién llegados que no sabían la lengua y eso me ayudó a no sentirme diferente. 

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–¿No pensó en abandonar los estudios? No. Siempre he pensado que si crees que puedes hacer una cosa, por muy complicada que sea, puedes acabar haciéndola.

–¿Cuál es su mejor capacidad? La constancia. Antes vivía en Igualada y estuve años yendo y viniendo a Barcelona en bus, primero para estudiar y luego para trabajar. Me levantaba a las cinco de la mañana y siempre llegaba de los primeros.

–Estudió un grado de cocina y luego auxiliar administrativo en la escuela que la asociación acidH tiene en el barrio de Gràcia. Quisiera darles las gracias. Si no fuera por ellos los estudios me hubieran costado más y no hubiera encontrado trabajo, ni piso. Cuando llegué era supertímido y no me atrevía a mirar a las personas a la cara. Apuntarme a teatro me ayudó mucho.

–¿De qué trabaja? De mozo en unos grandes almacenes. Me ha ido bien porque he conocido un mundo nuevo, pero no me veo haciendo esto toda la vida. Tengo discapacidad pero puedo hacer más de lo que estoy haciendo.

–¿Qué le gustaría hacer? Un día vi una persona con síndrome de Down en la caja de una panadería y esto me marcó. Yo también podría hacerlo, si tienen paciencia y me enseñan. Además, las matemáticas se me dan bien. 

–¿Qué efecto tiene que su currículum ponga que tiene un 38% de discapacidad? Nuestras oportunidades laborales son escasas. En según qué cosas me siento discriminado porque no me dejan demostrar si soy capaz de hacer algo o no. Hay empresas que piensan que por tener discapacidad no podrás hacer esto o lo otro, pero esa manera de pensar es del siglo pasado. Nunca sabrás si puedes hacer algo si no lo intentas. 

–Su objetivo es la plena independencia. Pasé por un hogar de entrenamiento de la asociación, donde te enseñan a hacer bien las tareas de casa, y ahora vivo en un  piso que también es de acidH. Mi objetivo es irme a vivir con mi pareja en unos años. Tendré que mejorar, porque soy un poco despistado y esto puede ser un problema en la vida diaria, pero lo conseguiremos.

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