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GENTE CORRIENTE

Carles Aguilar: «Los restos arqueológicos enmudecen fuera del mar»

Arqueólogo subacuático, restos de barcos hundidos en el fondo del mar o en lagos le ayudan a documentar la historia

Carme Escales

Carles Aguilar: «Los restos arqueológicos enmudecen fuera del mar»

ELISENDA PONS

Ni traje, ni corbata, ni teléfono móvil, ni maletín. El atuendo de trabajo de Carles Aguilar (Bacelona, 1974) es el neopreno, la botella y el regulador con profundímetro y manómetro, el aspirador subacuático, la cuadrícula para geoposicionar hallazgos y los cuchillos y palancas para apartar sedimentos. Su oficina es el fondo del mar, superficies bajo lagos o aguas freáticas, subterráneas. Se abre paso en el medio acuático en busca de pedazos de historia que el destino de ciertas embarcaciones ancló en las profundidades.

–¿Cuándo decidió que trabajaría en ello? Fue gracias a un profesor que me motivó muchísimo. Yo estudiaba Historia, me gustaba la paleografía archivística, y el profesor que impartía la asignatura de Arqueología despertó mi entusiasmo cuando dijo que ser arqueólogo es una actividad de 24 horas, una forma de vida. 

–Pero en su casa, en las calles de Barcelona donde vive, no está rodeado de restos... Los arqueólogos siempre observamos cualquier espacio, imaginando los residuos de la actividad humana y qué significarían para quien los estudiara en un futuro. Vemos toda la información que un resto podría dejar. Nos fijamos en cómo se rompen las cosas, cómo se desplaza una bola o algo que cae. 

–También dentro del agua. Sí. Tuve la suerte de estar estudiando en la Universitat de Barcelona, cuando se inició la asignatura de Arqueología Náutica y Subacuática, y me resultó muy atractiva, ofrecía tantísimas posibilidades, que quedé totalmente enamorado. La arqueología subacuática era un campo nuevo, muy abierto y con mucho quehacer.

–¿Cuál fue su primera expedición a un yacimiento bajo el agua? Justo sacarme el curso de buceo de una estrella, con la Federació Catalana d’Activitats Subaquàtiques que es imprescindible para poder bajar a un yacimiento, bajé al poblado neolítico de la Draga. Una parte está bajo el lago de Banyoles y otra a nivel freático. Por su antigüedad, 7.000 años, y su estado de conservación es algo en Europa prácticamente único.

–Hoy que hay más afición a las actividades subacuáticas lúdico-deportivas, ¿Se expolia mucho, conscientemente o no? Hubo muchísimo expolio entre submarinistas, pero a la vez son ellos quienes avisan de restos. Una ley de 1993 obliga a avisar de lo que se encuentra y no tocarlo. 

–¿Fotografiarlo sí? Sí, y geolocalizarlo también. La carta arqueológica creció de forma exponencial gracias a las notificaciones que se hicieron a partir de 1993. Pero lo más importante es que no se toque nada. Si sacas los restos de contexto, enmudecen. Como en la escena de un crimen, cada ubicación exacta es lo que proporciona la información de la investigación. Si mueves algo, las pistas se pierden. En el contexto de un hallazgo, los datos que aporta un ánfora son cualitativos. Si la sacas de allí, serán solamente cuantitativos. Hoy el expoliador ha entendido más ese valor y lo aprecia.

–¿A quién hay que avisar si se ve algo? Al Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya, al ayuntamiento del municipio; a los Mossos, a la Guardia Civil del Mar, al Museu d’Arqueologia de Catalunya o al Marítimo (foto), a algún museo de la zona.

–¿También encuentran basura?
–Desgraciadamente sí. Pensarán que bajo el agua no se ve. Deberían recapacitar. 

–¿Trabaja también sobre la tierra?
–Sí. Soy arqueólogo bajo el agua, sobre la tierra y en auditorios, donde difundo la importancia del patrimonio arqueológico. No encontramos tesoros, sino documentos históricos. Nuestro trabajo es lento y a veces muy frustrante, pero a mí me apasiona, las 24 horas del día.

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