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Emili Riera: «En este pesebre pervive nuestra identidad como pueblo»

Fue uno de los impulsores del pesebre viviente más antiguo de Catalunya, en Castell d'Aro

Emili Riera, uno de los impulsores del pesebre viviente más antiguo de Catalunya, en Castell d’Aro.

Emili Riera, uno de los impulsores del pesebre viviente más antiguo de Catalunya, en Castell d’Aro. / ICONA / JOAN CASTRO

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Manuel Arenas
Manuel Arenas

Periodista

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En Catalunya hay un pesebre viviente que esconde un pueblito como quien esconde un corazón: tras la escenificación navideña asoma una sociedad, la de Castell d’Aro (Baix Empordà), en la que vive Emili Riera (Castell d’Aro, 1943), uno de los impulsores del pesebre viviente más antiguo de Catalunya (1959), según confirma la Associació Coordinadora de Pessebres Vivents de Catalunya. Paseando con Riera -una mina de historias- por las callejas y plazoletas a uno le cuesta distinguir entre personas y figurantes, atrezo y realidad, al punto de que le llego a preguntar si el río que estamos cruzando es el del pueblo o el del pesebre, como si eso importara.

-Veo que el pesebre ocupa todo el pueblo.

-Prácticamente, sí (ríe). El circuito es de un kilómetro y medio: recorre el casco antiguo y el barrio de la Coma, singular por las casitas de los payeses que siempre hemos vivido aquí.

-Cuénteme los orígenes.

-El pesebre viviente se empezó a organizar el año 1959; ésta, la 2017-2018, es su 59ª edición. La tradición llegó al pueblo de la mano de un nuevo párroco, Gumersindu Vilagran. En su primer año en Castell d’Aro, el 1958, ya puso un nacimiento dentro de la iglesia. Fue al año siguiente cuando organizó el primer pesebre viviente dentro del núcleo medieval.

-¿Cuál fue su función en los inicios?

-En el 59 yo tenía 16 años y estaba en el seminario con otros jóvenes: los seminaristas éramos los que más obligación teníamos de colaborar con el mosén. A mí nunca me ha gustado dar la cara, así que desde aquel año me encargué durante mucho tiempo de la organización: luces, megafonía, venta de entradas…todos teníamos un rol.

-¿Cómo saben que es el pesebre más antiguo de Catalunya?

-El rastro que tenemos es una noticia de ‘Los Sitios de Gerona’, versión franquista del ‘Diari de Girona’, que en el 1959 hablaba de nuestro pesebre. Lo tenemos certificado ante notario. Aquel año, Vilagran copió el modelo del pesebre viviente realizado por Esteve Albert en el Comú d’Escaldes-Engordany (Principat d’Andorra) el año 1955.

-¿Alguna anécdota del franquismo?

-En el 67, dijimos: “¿Por qué no incluimos las cuatro barras [de la bandera de Catalunya] en el programa del pesebre?”. Hicimos una maqueta, pero convocaron un pleno y sólo recibimos apoyo de un concejal: al día siguiente tuvimos que ir a la imprenta para que quitaran las cuatro barras, porque…si algo bueno tenía aquella época es que, como dejaban hacer pocas cosas, las que dejaban, como el pesebre, las hacías con mucho entusiasmo.

-¿Notan la presencia de turistas los días de pesebre?

-La notamos porque somos un pueblo de unos 1.100 habitantes. A nivel de tráfico todo queda colapsado: hay días que vienen cuatro o cinco autobuses con abuelos de excursión.

-¿Cómo se organizan? 

-Hay una asociación con una junta que se encarga de la gestión. Todo el pueblo se presta de manera altruista: hay quien cede su porche, quien deja sus campos y quien cose la ropa del nieto. El Ayuntamiento sólo colabora en tareas de mantenimiento y la iglesia prácticamente ha cerrado: ahora el pesebre es un movimiento civil, tanto que participan personas de todas las religiones, incluso ateas.

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-¿Qué significado tiene el pesebre para el pueblo?

-En este pesebre pervive nuestra identidad como pueblo: ahora que la esencia de los pueblos está desapareciendo, estas iniciativas ayudan a preservar cierto carácter y sentimiento de colectividad. La tradición ha echado raíces y está en el alma de la gente: unos se retiran por la edad pero siempre llega más gente nueva.