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GENTE CORRIENTE

Olga Ivanova: «Hay que olvidar los horarios y guiarse por los resultados»

Fundó y dirige la Global Business School, escuela de negocios en Barcelona con alumnos de 75 países

Carme Escales

Olga Ivanova: «Hay que olvidar los horarios y guiarse por los resultados»

JORDI COTRINA

Tiene 32 años. Pertenece a la última generación de niños que vivieron lo que fue la Unión Soviética. Y lo agradece. Siente que la moderación comunista fue su primera escuela como ciudadana concienciada por el valor de las cosas. Y por el bien común. Tenía 13 años cuando sus padres la enviaron interna a una escuela de chicas en Battle (Gran Bretaña). Su padre, ingeniero petrolífero, quería que aprendiera bien inglés. Y Olga Ivanova (Tyumen, Siberia, 1985) lo hizo. Sus amigas en la Universidad de Moscú, donde luego estudió Relaciones Públicas, la animaron a venir un verano a Barcelona. Y se enamoró de la ciudad donde hoy vive y trabaja.

–¿Qué la sedujo más de esta ciudad?
–El estilo de vida. Es una ciudad mágica. Cuando vine la primera vez, recuerdo que paseando por el Gòtic una gente vestida de blanco nos invitó a entrar en el patio de un palacio. Pensamos que era una secta, pero eran amigos que hacían una obra de teatro  y salían a la calle en busca de público. Y en el parque de la Ciutadella la gente tocaba instrumentos. Todo eso me enamoró.

–¿Cómo pasó de las relaciones públicas a fundar una escuela de negocios?
–Mi interés por la comunicación de la empresa con sus inversores como herramienta para levantar su valor en el mercado me llevó a hacer un máster de economía y finanzas de empresa en la UPF. Investigué qué hacían las escuelas de negocios del mundo, vi que todo se centraba en el dinero y no en el impacto social. Se habla mucho de innovación, pero ¿cómo haces que los graduados en negocios sean más innovadores?

–¿Cómo?
–Imaginas situaciones difíciles y resuelves con ideas. Te espabilas cuanto más difíciles son las situaciones. Cada persona y empresa puede contribuir socialmente a cambios. Yo decidí hacer mi doctorado en Educación (UAB) para saber cómo despertar las competencias de innovación, creatividad y emprendeduría de los alumnos. Y creé mi propia metodología. Como no encontré una escuela para aplicarla, creé yo la mía.

–No tenía ni 30 años. Y ahora tiene la escuela y un bebé de 8 meses ¿Cómo podrán sus alumnas, un 54% de ellas mujeres, vencer la brecha salarial si optan por ser madres?
–Flexibilizando el mercado laboral y cambiando la mentalidad de empresas y personas. Olvidar horarios y guiarse por resultados, organizarse según la mejor productividad. Y tratar al trabajador como partner  estratégico, que cada mujer pueda mostrar su potencial sin horarios de presión.

–En el mundo de los negocios ¿usted no ha encontrado barreras por ser mujer?
–No. En mi opinión, en países desarrollados las mujeres con formación y virtud empresarial tienen hoy y hace diez años las mismas oportunidades que los hombres. Otra cosa es que a ellas las elijan o no.

–¿En Rusia lo hacen?
–Allí existe la opinión de que la mujer alcanza el éxito de verdad solo cuando puede permitirse no trabajar y ser mantenida por el marido. Hay mujeres con formación excelente que dejan el trabajo porque las llenan más la familia y las aficiones. Depende de lo que la mujer quiera lograr. Tener una empresa u ocupar un puesto alto es muy sacrificado, y no muchos hombres o mujeres están dispuestos a renunciar por ello a su tranquilidad, estilo de vida o familia.

–La Global Business School Barcelona es la primera en España reconocida por Microsoft por su gran implementación digital. Y el inglés es su única lengua. ¿Cuántos alumnos se quedan luego en Barcelona?
–No más del 15%. Nuestros alumnos no hablan castellano ni catalán, solo su lengua nativa, por lo que les cuesta encontrar empleo aquí. El 75% lo encuentran dentro de los tres meses después de acabar el master en algún otro país. El 31% han intentado o están en el proceso de crear su negocio.

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