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GENTE CORRIENTE

Elena Ruth: «Yo sabía lo que es no ser vista ni escuchada»

Es mediadora y guía intérprete de personas sordociegas en parte porque en el pasado llegó a sentirse igual de aislada que ellas

Mauricio Bernal

Elena Ruth: «Yo sabía lo que es no ser vista ni escuchada»

JOAN PUIG

Le depara el trabajo a Elena Ruth unos momentos con gran carga significativa:

–Sí, cuando Ahmed quiere pedir pizza, por ejemplo.

Por ejemplo cuando Ahmed quiere pedir pizza. Entonces ella coge el teléfono y llama, porque Ahmed no se comunica verbalmente y necesita a alguien que lo haga por él.

–Llamo, y cuando llega el pizzero le hago accesible a Ahmed toda la información a la que no tiene acceso.

Lo cual, en la práctica, significa lo siguiente:

–Le digo al pizzero: «Ahmed no te está escuchando ni te está viendo. Yo soy su mediadora». Luego digo: «Como él es así, se comunica con el tacto. Él va a necesitar tocarte la mano, el brazo, la cabeza, para poder reconocerte, para hacerse una imagen de quién le trae la pizza y a quién se la está pagando».

–¿Y qué dice el pizzero? Normalmente tienen buena disposición.

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Elena Ruth es mediadora y guía intérprete de personas sordociegas y trabaja al servicio de la Associació Catalana Pro Persones amb Sordceguesa (Apsocecat) en un proyecto pionero: el programa de vida independiente para sordociegos. Hacerlo implicó dejar su piso de la Barceloneta e instalarse en el mismo edificio de La Marina donde Ahmed Sliti y Òscar Gordo –sordociegos– viven desde hace unos años su vida autónoma. Elena es su mediadora. Los visita cada mañana y cada noche. Empieza y termina el día con ellos.

–Vamos al principio. Explíqueme por qué se dedica a esto. ¿Qué estudió? Un grado superior de interpretación de lengua de signos. ¿Me pregunta por qué? Por lo siguiente: aprender a hablar con sordos, esa era la idea. Había conocido a alguna persona sorda y esto de hablar con las manos me parecía alucinante, ser escuchada donde nadie te escucha, ser vista donde nadie te ve, el poder comunicar en un mundo donde la comunicación no es evidente.

–¿Y...? ¿Por qué…? ¿La verdad? Yo creo que porque yo vengo de un pasado de no ser vista ni escuchada.

–Ah. ¿Quiere hablar de ello? Por qué no. Yo vengo de una familia desestructurada con violencia de género de por medio. Yo viví en la calle, literalmente, y sé lo que es no ser visto, no ser escuchado. De hecho, yo vine a este país no solo obligada por el corralito. Vine para pasar página.

–No hemos dicho de dónde es. Argentina. Buenos Aires.

–Me da la impresión de que no pensaba mucho en lo que iba a hacer después. Las salidas laborales y esas cosas. Es verdad. Y me encontré con un mundo que me impactó mucho, un mundo de personas cuya percepción del mundo es inimaginable. Me impactó tanto que dije: «Yo tengo que estar acá, tengo que ayudarlos, no sé cómo pero tengo que hacerlo».

–¿Y qué hizo? Hice el curso de mediadora. Primero en la asociación y después en Fesoca, la Federació de Persones Sordes de Catalunya.

–Se puede decir que cambió de vida por este proyecto. ¿No fue difícil? Pues mire, yo pensé: «No tengo hijos, ni pareja…» Y sobre todo: me parecía una experiencia apasionante, única. No todos los días surge la ocasión de vivir algo así.

–Debe tener una relación muy estrecha con ellos. Con Òscar y Ahmed. Sí, ciertamente hay momentos emocionales profundos, momentos en los que tienes que animar, que consolar… Se comparte mucha intimidad. Pero forman parte de tu labor profesional.