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Gente corriente

José Antonio Luengo: «La educación necesita un baño de ternura y cariño»

Este psicólogo participa en un exitoso programa de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid para la reducción del acoso escolar

Juan Fernández

José Antonio Luengo: «La educación necesita un baño de ternura y cariño»

JOSÉ LUIS ROCA

En la lucha contra el 'bullying', cualquier avance suscita la atención de toda la comunidad educativa. La semana pasada, la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid anunció que había logrado reducir en casi un 40% los casos de acoso en sus centros durante el último curso. José Antonio Luengo (Madrid, 1957) forma parte del programa preventivo implantado hace dos años por el Gobierno autonómico para abordar este problema con una nueva perspectiva y, de momento, al parecer con acierto. 

–¿En qué consiste su trabajo? En esta unidad cumplimos dos funciones: una, de apagafuegos, consiste en atender las situaciones de 'bullying' tan pronto se dan. Tenemos un teléfono al que llaman directamente los centros cuando detectan algo raro y acudimos rápido a hablar con los menores y los profesores. La otra labor, la preventiva, es como una lluvia fina, y quizá sea la que explique que el año pasado solo hubiera 111 casos de acoso en Madrid frente a los 179 del curso anterior.

–¿Cómo es esa lluvia fina? Consiste en prevenir, concienciar a profes y alumnos, y aplicar nuevos sistemas de observación. En el curso pasado, 160.000 chavales participaron en un programa sociométrico que nos permitió trazar un mapa emocional de cada aula. Cuando veinte chicos te dicen que no les mola jugar con Andrés y luego hablas con Andrés y te confiesa que se siente amargado, ya tienes un riesgo identificado.

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–¿El problema del 'bullying' no se estaba atendiendo correctamente? Se pueden hacer más cosas de las que se hacían. Una es implicar a los menores en la prevención. Hemos creado grupos de ayudantes en los centros para que sean los propios chicos los que orienten a sus compañeros. Es espectacular. Si yo le digo a un quinceañero «ojo, con las redes sociales», pasará de mí. Si se lo dice uno de 6º de la ESO, le hará caso. Se trata de cambiar la mirada y fijarse en ellos, no solo en el programa lectivo que hay que impartir. 

–¿Qué es cambiar la mirada? Si un profesor dedica 10 minutos de su jornada a observar el patio, fijarse en si hay un alumno que no se relaciona con nadie y averiguar qué se dice de él en los pasillos, cambiará la perspectiva que tiene de su clase y podrá prevenir un posible caso de acoso. 

–A veces se dice que la escuela enseña y el hogar educa. Eso es muy simplificador. El profesor no solo está para transmitir conocimientos, también ha de promover patrones de comportamiento y modelos de convivencia. Un día hablaba con un grupo de chicos sobre la necesidad de ser valientes ante el acoso, y me contestaron: «Los profes también deberian ser más valientes». Les pregunté qué era para ellos un profe valiente y me dijeron: «El que entra a clase sonriendo y se interesa por nosotros».

–¿Qué conclusión sacó? Que la educación necesita un baño de ternura y cariño, y que no es incompatible con la disciplina y el esfuerzo que se exige a los chicos. Pero ese baño de sensibilidad es urgente. Los menores deben sentir que el centro es un espacio seguro y que tienen profesores que les comprenden, les miran a la cara y se acercan a sus necesidades.

–¿Qué responde a quienes reclaman mayor autoridad para el docente? La autoridad no se consigue con el cuello alto y el usted, sino con afecto, buenos modales y mostrando interés hacia los chavales. La adolescencia es una edad muy difícil, lo que pasa es que luego se nos olvida. No te gustas, te frustras, tus padres te dan la paliza, nadie te entiende. Si encima tu grupo te dice que no molas, eso no hay quien lo aguante. El profesor debe ser sensible y tener los ojos bien abiertos para verlo a tiempo.

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